Saturday, April 15, 2006

Perú, del ombligo a la región


Hay quienes definen al Perú como un país ombliguista. Quizá sea por eso que durante la campaña el tema regional no tuvo mayor relevancia. Ni siquiera se debatió sobre el rol del Parlamento Andino, a pesar de que esta fue la primera vez que fue el pueblo el que eligió a sus 15 representantes.
Solamente el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos estuvo presente en el debate. Pero no porque los candidatos optaran pronunciarse al respecto, sino porque fue el presidente Toledo quien, obstinado en firmarlo antes de dejar su cargo, lo imponía en la agenda. Incómodo, el nacionalista asegura que “en estas condiciones” no lo firmará. Flores, decidida, habla de la necesidad imperiosa de abrir nuevos mercados.
Lo cierto es que la región sí mira al Perú, expectante sobre todo del fenómeno Humala. Su presencia en la asunción de Evo Morales y el apoyo explicito de Chávez - que le valió un conflicto diplomático con la gestión Toledo – hacen pensar que él sería una nueva figura en la ola de gobiernos de centro-izquierda latinoamericanos.
Sin embargo varios signos muestran que Humala no es necesariamente un personaje de izquierda y menos que en su proyecto político un eje central sea la integración, lo que lo podría convertir en lo que Lucio Gutiérrez fue para Ecuador. Su beligerancia para con Chile (anunciando un incremento en el presupuesto militar) es lo que le permitió captar el fuerte sentimiento antichileno que se respira en el país y es muestra clara de que la unión no es su prioridad.
Por su parte, la derecha que encarna Flores sería un obstáculo en el proceso regional hegemonizado por Caracas. Lo cual no implica sin embargo que pueda ser ella la figura que Estados Unidos necesita como contrapeso. Todo indicaría que su política internacional estaría marcada por el libre mercado, pero sin excentricidades.


10 - 4 - 06 Para, en teoría, El Tribuno de Salta

El temor a la rabia

Para discutir contra la rabia no resulta conveniente hablar desde la razón; la estrategia, al menos en el Perú, vuelve a ser el miedo. De cara a las elecciones presidenciales del próximo 9 de abril, los factores emocionales se imponen sobre las propuestas y los programas, y ni la derecha de Lourdes Flores Nano de Unidad Nacional (UN), ni la socialdemocracia tipo Tony Blair del ex presidente Alan García (APRA), se ven preocupados de que el temor sea tan irracional como el mal que dicen querer extirpar. Sus armas hasta el día de la fecha - y nada indica que algo vaya a cambiar-, son el alarmismo, el bombardeo mediático y una campaña sucia contra el fenómeno del ex teniente coronel Ollanta Humala Tasso (Unión por el Perú).
Frente a la anti-política que arrasa, frente al ascenso sostenido de quien promete patear el tablero, lo único que le queda a la asustada vieja elite política es recordar con pánico al autoritarismo de la década del 90, levantar las banderas de la democracia y alertar sobre una futura inestabilidad económica. Los medios de comunicación, como es habitual, son el elemento clave.
Sin embargo, el nacionalismo de Humala sigue creciendo, se confirma la caída al segundo lugar de Flores y el estancamiento de García. Sucede que en un sistema político que tiene como paradigma la exclusión, el mestizo aparece como única opción ante ese 48 por ciento que vive con menos de 2 dólares al día, según el Banco Mundial. Es justamente la “identificación étnica” con unos 27 millones de población rural e indígena, su principal capital político.
Así lo explicó Carlos Bruce en su columna del diario Perú 21: “Una mayoría de votantes de Humala procede de ese contingente de peruanos para quienes la modernidad es sinónimo de abandono y desesperanza. Es un vehiculo que pasa sin detenerse, arrojándoles algunas cáscaras de fruta pelada por la ventana, del cual pronto no verán más que el polvo. Naturalmente, lo que sienten es ganas de tirarle piedras. Y eso es seguramente lo que harán este 9 de abril: utilizar sus votos como una suerte de intifada contra un sistema político al que culpan, no sin razón, de su triste suerte”.

Del regaeton, el neoliberalismo y los militares

Quien viene a Lima, sobre todo el viajero distraído, puede pasar por alto el clima electoral. A tan solo unas semanas del domingo definitorio, las calles no se visten de euforia, ni se inundan de discusiones y debates. Es que aquí la política se escapó de la sociedad civil y hoy sólo camina por los claustros cercanos al poder. Los espacios públicos ya no son escenarios de expresiones políticas, el control social es mínimo y las autoridades cuentan con un gran margen de maniobra.
El resultado de esta escisión es el triunfo de las formalidades y los escándalos. Los candidatos están unidos por promesas electorales y separados por frivolidades; sus perfiles políticos ocultos tras generalismos programáticos y bailecitos de regaeton.
En el fondo, la gente sabe. La coqueta Lourdes sigue siendo, aun con sus promesas de protagonismo estatal, la representante más fiel del modelo neoliberal. Alan García el que, queriendo ser portavoz de la democracia y la razón, lo es finalmente de la vieja política. Y Humala otra vez el misterio, la apuesta, el riesgo, quizá la izquierda, quizá no.
Mientras tanto, las encuestadoras están desorientadas. Con más de 20 partidos inscriptos, los resultados cambian semana a semana y la experiencia de los últimos 16 años les ha enseñado a confiar sólo en los resultados finales. Afianzando esta idea, pintadas callejeras denuncian: “No nos encuestan”

Los de afuera no son de palo, un poco de historia

Con el desmoronamiento de la izquierda desde finales de los ochenta, todo un electorado quedó desprovisto de partido y de proyecto. Son esos sectores, junto a la oligarquía, los que apoyaron la llegada de Fujimori en los 90. No le hizo falta tradición ni pasado político, fue suficiente la capacidad de entender ese vacío para canalizarlo con discursos antisistema. Después, como en Argentina, vino la sorpresa.
La aparición de Toledo en la escena pública en 2001 presenta rasgos similares. Este cholo con aires de Pachacutec, logró renovar las esperanzas de nuevos tiempos. Hoy, a pesar de un crecimiento sostenido del PBI, de haber avanzado en megaproyectos como el gasoducto de Camisea y las rutas interoceánicas que unirán el atlántico con el pacifico, se retira con un 13 por ciento de imagen positiva. Algunos culpan a sus asesores de marketing, otros recuerdan los apenas cinco puntos en que se redujo la pobreza y la casi nula distribución de la riqueza.
Hoy, el mundo político, inmerso en un sismo de intrigas, dudas y desconcierto, ve en Humala un nuevo ejemplo de este fenómeno outsider. Y si bien presenta distancias considerables con Fujimori y Toledo (él mismo se levantó contra el primero en 2001 y su hermano Antauro contra el segundo en 2004), este militar, “nacionalista, indigenista y progresista” como él mismo se define, hace temblar al empresariado. Las últimas encuestas muestran que en el sector A de la población, el 78% vota a Lourdes mientras sólo un 1% lo hace por la UPP. Aun cuando para algunos esa sensación es infundada, hoy Humala representa para el establishment un dejavu: intranquilidad y desconcierto, al menos por un rato.


Recuadro:


Entrevista a Santiago Pedraglio, sociólogo y analista político

“Humala no es de izquierda”

Las últimas encuestas dan como ganador a Humala. Significaría un triunfo más de la centro- izquierda en la región?
-No es tan fácil decir que Humala sea un hombre de izquierda, es un nacionalista. Creo que es una diferencia difícil pero valida en este caso. Él no viene de una tradición nacionalista civil de partido, como Tabaré Vázquez o Kirchner, ni tampoco de una tradición sindical como Evo Morales. Es un nacionalismo militar con un discurso antipartido, anti la vieja elite política, más similar en algún punto a Chávez, pero más cauto. Un nacionalismo que supo calar en los sectores no beneficiados con el crecimiento de la economía y que sostiene principalmente el fortalecimiento del Estado, el control del capital extranjero y una critica por la forma desigual de desarrollo.

Qué se vota al votar por él?
-Nada nuevo, es un voto de frustración canalizado antiguamente por la izquierda ahora pulverizada. Ese sector busca representación desde Fujimori en un outsider, en un candidato antisistema. Pero no hay que entender antisistema, como renovador. Esta corriente tiene rasgos profundamente conservadores en su vínculo con la autoridad y en el tema de DDHH. Hay toda un área que no tiene nada de democrática, nada de izquierda renovadora. Su manejo del poder puede ser tradicional, incluso es probable que mantenga el manejo macroeconómico y sólo se meta en cuestiones como la reforma tributaria y la regulación estatal, por ejemplo en política de hidrocarburos.

- Respondería a la política regional de Chávez o podría convertirse en lo que Lucio Gutiérrez fue para el Ecuador?
- Creo que es un riesgo, no lo descartaría. Aquí, él no esta aliado con ningún partido de izquierda y la derecha va a querer cooptarlo. Podría insertarse en la ola regional, pero a su manera. Puede acercase a Chávez, pero por las características del Perú, sin su protagonismo.

Toledo dijo que el TLC se firma sí o sí. En qué instancia están las negociaciones?
Los gringos ya llegaron a un acuerdo con el Perú, pero la paradoja es que su propio Congreso no lo va a aprobar. Ellos están en año electoral y Bush tiene un reconocimiento del 37%. La estrategia peruana es que el Perú lo firme, luego ellos lo rechacen y después se negocie una ampliación del ATPDEA (un acuerdo con EEUU que permite comerciar ciertos productos sin aranceles).

- Qué política adoptaría cada uno de los candidatos en relación al TLC?
- Todos van a tener una presión fortísima por parte del sector textil y el agro exportador en crecimiento. Lourdes y el APRA firman, quizá García haga algún cambio. Humala va a tener un gran problema, el TLC puede convertirse en un factor decisivo en términos políticos. Va a tener que definirse entre un empresariado muy activo y aquellos, como Chávez, que luego le pasaran la factura. El hoy dice no en las actuales condiciones, y en ese caso tendrá que inclinarse al MERCOSUR, que no es fácil y no tiene ningún beneficio inmediato.



22 - 03 - 06 Para la Revista Caras y Caretas

Entrevista a Ollanta Humala luego del acto de Morales en Tiwanaku el sábado 21-1-06



- Ollanta será para Peru un Evo Morales?

- Con todo el respeto, cada líder le imprime su propia dinámica y su propia personalidad; yo sólo quiero ser Ollanta Humala. Pero sí encuentro que hay ahora una gran oportunidad para latinoamerica para poder reconstruir una agenda politica que realmente ataque los temas puntuales como pobreza, salud, educación, deuda externa. Todos temas que son transnacionales, que desbordan las fronteras de los estados nacionales e involucran a toda la region. Por otro lado, hay que construir lazos de amistad genuinos, no sólo para cumplir agendas gubernamentales.

- Usted ya tiene una amistad con Evo Morales…

Yo creo q si. Ya el año pasado vine a Bolivia invitado por él al aniversario del Mas.

- ¿En un momento se habló de una integración entre Peru y Bolivia en base a un proyecto suyo, podría explicarnos cómo es eso?

- Yo he venido haciendo una tesis doctoral sobre un proyecto de integracion Peru-Bolivia y a largo plazo ese es el objetivo.

- Usted tendría una línea cercana al eje La Habana – Caracas – La Paz?

- Me voy a sentir muy cercano a todos los gobiernos nacionalistas, patriotas, indigenistas y progresistas.

- Y usted como militar qué opina del socialismo?

- Creo que es un proceso que se está dando en el mundo ante el colapso del modelo neoliberal que no ha traido los beneficios que prometió y sencillamente ya está agotado.

- Como serían las relaciones con el gobierno de Nestor Kirchner?

- Yo creo que van a ser muy buenas. El presidente de Argentina está haciendo un gran trabajo y siento mucho respeto por su obra. Sin embargo, todavía no he entablado relaciones personales; me gustaría pronto tomar contacto con él.

- Qué opina del triunfo de Michelle Bachelet en Chile?

- Mucho respeto para la señora Bachelet que es la presidenta de Chile. Le he enviado mis saludos y espero que de llegar a gobierno podamos trabajar una agenda real de buena vecindad con mucha transparencia.

- Qué juicio hace de la gestión del presidente Lagos?

Es una persona decente que ha trabajado mucho por Chile, y en todo caso será el pueblo chileno el que opine ya que fueron ellos los que se han visto beneficiados o perjudicados.

- Cual es su opinión de George Bush?

- (risas) Yo creo que más alla de Bush hay que diferenciar la politica de un gobierno que no esta dando el ejemplo moral en el mundo. El pueblo norteamericano, como los latinoamericanos, aspira a la paz, a la justicia y a un mundo que sea ecologica, politica y socialmente vivible. En este caso, el señor Bush se distancia de todo esto. Sin embargo, es un tema que involucra al mundo, pero el que tiene el deber de responder politicamente es su pueblo.

Evo: “Estoy capacitado para ser presidente de Bolivia”

En esta larga y exclusiva entrevista, el líder cocalero Evo Morales, dice su verdad sobre el petróleo y los organismos internacionales de crédito. Así perfila su política en caso de llegar al gobierno
Se trata del enemigo número uno de la embajada estadounidense en territorio boliviano. Desde Washington afirman, entre otras cosas, que es un narcotraficante y denuncian una alianza con la guerrilla FARC de Colombia. El presidente “reformista-neoliberal” Carlos Mesa lo responsabiliza del caos en el que está hundido el país. Sin ir más lejos, en el discurso en el que anunciaba su renuncia lo nombró, junto al lider del Fejuve (Federación de Juntas Vecinales) Abel Mamani, una treintena de veces.
Evo Morales nació en Oruro, pero saltó al mundo político como representante de los cocaleros de la zona del Chapare cochabambino. Hoy no sólo es el líder del MAS (Movimiento al Socialismo), el partido nacional opositor más importante, sino que es un referente de las organizaciones populares a nivel internacional.
En esta charla se define políticamente. Reivindica la agenda de Octubre, aquella que sintetiza las aspiraciones del campo popular luego de la renuncia del “Gringo” Gonzalo Sánchez de Lozada y reconoce como referente al Presidente venezolano Hugo Chávez.


¿Cuál considera usted que debería ser la política en hidrocarburos?
Eso lo debe discutir la asamblea constituyente. El referéndum sobre hidrocarburos del año pasado dio su veredicto. Hay que expropiar la propiedad de los hidrocarburos.
¿Expropiar, o sea romper el contrato con las privatizadas?
No, ¿qué es recuperar la propiedad?, es nacionalizar de derecho. Si estas hablando de recuperar estas nacionalizando.
¿Y cómo sería la relación con las privatizadas?
Necesitamos socios, pero no dueños. Decir en este momento que queremos expropiar, confiscar, expulsar no tiene sentido. Si Cuba tiene un contrato con Repsol, claro en mejores condiciones para el estado, no para la transnacional. Pero aquí los gobiernos corruptos negociaron mal. Queremos nuevos modelos de contratos, de producción compartida. ¿Qué significa eso? Que la hectárea de tierra es mía, y tu no tienes tierra. Pero necesitas producirla, yo te doy un alquiler y ahí tu produces y la ganancia se divide en partes iguales, pero la tierra sigue siendo mía. Es el nuevo modelo de contrato compartido.
En la actualidad las empresas privatizadas son absolutas dueñas de los recursos energéticos.
Absolutamente. En el tema regalías, también un 50 y un 50 por ciento. Nosotros reconocemos que han invertido, pero también han invertido la plata de los trabajadores. Ellos deben recuperar los costos de la producción y tiene que haber regalías igualitarias. Es un pasito, de a poco vamos recuperando. Ahora imagínese, China ha propuesto pagar 51 por ciento de regalías, de ganancia para Bolivia y 49 por ciento para ellos, mientras que las transnacionales del imperio sólo pagan 18 por ciento. Con eso hay que pagar impuestos y transportes, entonces sólo queda líquido para Bolivia un 12 por ciento, pero no quieren que entren las empresas chinas.
¿Quiénes no quieren?
El gobierno. Jaime Barrenechea, el presidente de Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos, ha devuelto boletas de garantía que han puesto para invertir. Si aceptan no es negocios para los corruptos del gobierno. Jaime Barrenechea es del Movimiento de Izquierda Revolucionario (MIR) de Jaime Paz Zamora, y ellos no quieren perder la mamadera, cuidan sus negocios.
Usted se aliaría con las empresas y el gobierno chino...
Si yo fuera gobierno, dentro de la llamada PetroAmérica, que es una red en base de las empresas estatales, mi primer socio sería China para ponerle freno a la soberbia del Imperio. Ellos no son buenos, son socios.
¿Y con la coca que haría?
¿Me estas hablando de la hoja de coca, o de la cocaína?
De la hoja de coca.
Su consumo no puede penalizarse. Hay que racionalizar la producción y empezar una campaña de valorización, industrialización y exportación. En el norte argentino es legal el consumo, pero ilegal la exportación. ¿Cómo es eso?
¿Cuándo considera que se concretará la asamblea constituyente?
En lo político es lo prioritario.
Si, pero es lo prioritario hace catorce meses, desde que asumió Carlos Mesa...
Si, es que por querer caerle bien a todos, fue perdiendo a todos, está perdiendo a Bolivia. Acá hay una posición desde Octubre y un compromiso incumplido por parte de este gobierno de transición, que plantea claramente cambiar el modelo económico.
¿Entonces, Mesa sigue siendo o no el principal enemigo?
Sigue siendo, no del Mas, sino de los pobres de Bolivia.
¿Tiene la estructura hoy para ser presidente?
Eso sobra, estamos preparados para llevar adelante un país, no para robar ni para matar.
¿Entonces, se siente capacitado, hoy para presidir el país?
Así es.
¿En el 2007 va a ser candidato?
Eso depende de los movimientos sociales, no de mi.
¿Usted se reconoce marxista?
¿Qué es marxismo? Yo vengo de las comunidades campesinas, del pueblo, no de las universidades o de los centros de capacitación. Puedo hablar de marxismo, pero ¿qué importancia tiene? No se trata de importar políticas, ideologías, programas. El pueblo sabe. Nuestras organizaciones son sabias para resolver sus problemas, de hecho son el reservorio de conocimientos hasta científicos en defensa de la vida, de la humanidad. No me hablen de marxismo, leninismo, trotskismo, perdemos tiempo. Acá se trata de entender y vivir nuestros problemas, para luego plantear soluciones.
¿Cree en el antagonismo Capital-Trabajo?
Estamos combatiendo al capitalismo tan salvaje, tan inhumano. Ya no necesitamos levantar armas contra el imperio, es el imperio el que levanta armas contra los pueblos. Es el caso de Iraq. El gobierno de Chávez, en base a la conciencia del pueblo, a la constitución y a las elecciones derrota al Imperio.
Si usted gobernara, ¿Qué haría con el Fondo Monetario Internacional (FMI) y la deuda externa Boliviana?
Yo no sé si hay “deuda boliviana”. La mayoría del pueblo no tiene nada que ver. Discutamos con quienes se sientan los acreedores, porque nosotros somos acreedores, más que deudores. Cuando será que el FMI o el Banco Mundial (BM) resarcirá los daños que ha hecho no solamente a Bolivia sino en toda Latinoamérica. ¿Cuándo han vivido los pueblos indígenas con ayuda externa, con cooperación? Esto sólo ha traído dependencia, es una ayuda con condición de saquear nuestros recursos naturales.
¿Entonces rompería relaciones tanto con el FMI como con el BM?
No se trata de romper. Tenemos ética, moral, autoridad como para hablar de igual a igual con ellos. Discutir políticas para que no se sigan imponiendo aquellas que sólo reparten hambre y miseria.
Usted sabe que la correlación de fuerzas es desigual y que, históricamente, los intercambios siempre fueron en detrimento del pueblo.
A ver, Cuba no tiene petróleo ni minerales ¿se ha muerto frente al bloqueo económico?
¿No le teme a un bloqueo?
¿Por qué le vamos a tener miedo? Tenemos relaciones con Argentina, Brasil, Venezuela. Hay petróleo, recursos naturales y somos apenas nueve millones de habitantes. No es un problema de riquezas, de recursos, el problema es de distribución.
¿En qué movimientos internacionales se siente reflejado?
Con todos los movimientos antiglobalización.
¿Y que estén en el ejecutivo?
Con Hugo Chávez, Luiz Inacio Lula Da Silva, Fidel Castro.
¿Cuál es su principal referente, Lula o Chávez?
Chávez.
¿Y con Chile?
La relación es con los pueblos indígenas. Ahora tenemos el primer candidato indígena a la candidato a la presidencia. Mantenemos buenas relaciones con los movimientos sociales, pero no con el gobierno socialista a favor del imperialismo.
Si usted llegara al gobierno, ¿cómo serían las relaciones con la gestión Bush?
Es importante que sean bilaterales, de respeto mutuo y de complementariedad. No vamos a romper, el movimiento indígena no es excluyente, es incluyente. Pero tampoco aceptamos el racismo, el sometimiento.
¿Cuál es su postura frente a los hechos ocurridos el año pasado en Ayo Ayo, en donde se impuso la ley aymara y lincharon al alcalde acusándolo de corrupción?
Cuando hay abuso de su poder, es sabido que el pueblo puede levantarse. Nosotros tenemos el caso de un alcalde del MAS que con su abogado robaron al pueblo. El movimiento campesino dijo: “Basta, ni Evo lo va a defender. Nos han robado. Nosotros lo pusimos, nosotros lo vamos a sacar”. Y lo sacaron de la alcaldía, se tuvo que escapar. Nosotros no vamos a defender corruptos. Ese es el poder del pueblo. Ya ha acabado la paciencia.
Al recorrer Bolivia, me sorprendió la ausencia estatal: la presencia- ausencia simbólica de las fuerzas represivas, rutas donde el estado no se hace presente, una vaga conciencia cívica por parte de la población. Esto con relación a la Argentina, donde hay muchos movimientos que postulan como un avance del campo popular la desaparición del Estado. ¿A usted, esta ausencia estatal lo incentiva o lo preocupa?
Nos preocupa muchísimo. Yo vengo de un ayllu que, a pequeña escala, es un estado donde se vive con solidaridad, reciprocidad, donde no hay propiedad privada, todo es comunal y se reparten de manera igualitaria las riquezas. Allí no hay estado, donde yo nací recién el anteaño pasado ha llegado la energía eléctrica. Hay escuelas donde actualmente no hay energía eléctrica ni caminos, es por eso que los niños deben ir a pie. Es el estado colonial, no le interesa la vida del pueblo, sólo se preocupa en como saquear y robar sus recursos. Es por eso que tiene que cambiar, y nosotros mismos, los dueños absolutos de esta noble tierra debemos ser los actores de este giro.
¿Se imagina a Bolivia por fuera del movimiento Latinoamericano, o considera que cualquier proceso que se de en Bolivia depende de su contexto inmediato?
Estamos en la Patria Grande, que es la unidad Latinoamericana.
¿Que incluye a que región?
A toda Latinoamérica, incluido el Caribe. Felizmente nace la Comunidad Sudamericana de Naciones. Ese proceso debe avanzar, pero no me extrañaría que surja un Israel en Latinoamérica. Un país con políticas intervensionistas a favor del Imperio.
¿Colombia?
(risas) Ya ves, pero finalmente los pueblos se levantan y se organizan para resistir este tipo de políticas. La Comunidad Latinoamérica debe crearse en el marco de principios de justicia, de equidad. Donde se busquen mejores condicione de vida para el hombre y se debata como convivir en armonía con la naturaleza.
Sobre las diferentes cosmovisiones, la andina y la occidental y la aparente contradicción insalvable. ¿Como imagina la convivencia con los demás países, tomando por caso Argentina y Uruguay donde no prevalecen esas concepciones?
El movimiento campesino no es excluyente, es incluyente. Un ejemplo: En enero de 2004 dos profesores quechuas me invitaron a su casamiento. El padrino era italiano, así como vos... La familia y los novios se sentían honrados que tenían un estatus porque el padrino de la ciudad era un blancoide. Cuando un blancoide va a hacer trabajo de provincia, las comunidades hacen filas para hacer su compadre, pero cuando yo entro del campo a la ciudad nadie me hace bautismos ni compadres. Te puedo dar muchos ejemplos del altiplano, del Valle y del Oriente donde he vivido. No desconfíen que nosotros vamos a excluir. Con el cambio no buscamos pasar de victimas a victimarios. Para unir Bolivia buscamos la unidad dentro de la diversidad, y no sólo diversidad socio-cultural, sino también económica.

22 - 03 - 2005 Para la Agencia Periodistica del Mercosur (APM) - www.prensamercosur.com.ar

La atolondrada Paz

Gatopardo nos pidió una crónica de La Paz y a eso nos abocamos. Pero le advertimos, querido lector, no pretenda orden, racionalidad ni lógica. Todo eso, justamente, es lo que un buen retrato de esta ciudad no debe tener. Buena suerte.



Se encontraba en cuclillas; su espalda se mantenía recta. De su sombrero –eterno equilibrista– caían dos coquetas y largas trenzas; su pollera –su falda– rozaba el piso, pero no tapaba los moños de sus zapatos. Tranquila, indiscreta, enfrentaba al micro que la toreaba y defecaba en una alcantarilla sin que le importara que por culpa de su sistema digestivo la ciudad sufriera otro embotellamiento.
La Paz es así de insólita; insólita e impactante. Imágenes como esta se suceden una tras otra y hacen de este lugar un eterno espectáculo. Es una anfitriona amable que no se guarda sus escenas, y se divierte jugando con lo absurdo y la locura hasta la desesperación.
Para los atentos llegar a La Paz es indicio de su rareza: el peaje, el Alto, las bocinas, las trancaderas, los gritos, los olores, el bosque y finalmente una impactante olla vista desde arriba. Por el día pretende pasar desapercibida intentando mimetizarse con los cerros que la constituyen y la retienen. Con sus calles ondulantes y estrechas, esta ciudad insiste en disfrazarse de pueblito, en mezclarse con su entorno logrando así que el asfalto no se imponga. En la noche y bajo la atenta vigilancia de su padre mayor, el nevado Illimani, sus casas convertidas en pequeñas luces se confunden con las estrellas hasta quebrar el horizonte. Esta simbiosis se explica no sólo por el respeto de sus habitantes hacia la naturaleza; se respira por estos pagos – a pesar del escaso oxigeno – una necesidad por ser parte de ella. La ecuación es simple: cultura y geografía acá son lo mismo; o al menos son indivisibles.
Y efectivamente lo son. El frío, la altura (3640 msnm) y la lluvia permanente son el único contexto posible para tantas mejillas infladas por la coca, las gargantas sedientas de alcohol puro y las enaguas de las polleras que, aún bajo halos de suciedad y fuertes aromas, hacen de las cholitas princesas coquetas y culonas.
Cualquier viajero sabe que el contacto con el Otro es siempre un descubrimiento imprevisible, en el que se pone en juego la capacidad de comprender la lógica de lo ajeno. Ya nos habían advertido, “esta ciudad no se entiende, se vive”; pero nosotros, por tercos, por tozudos, evadimos el consejo. Fracasamos. La única manera de aprender es dejarse llevar por las impresiones y simplemente aceptarlas.

Los hermanos Mamani


– Un almuerzo, por favor. Pero en vez de papa… ¿la carne puede venir con más arroz?
El mozo asintió y se fue. Convencidos del sano funcionamiento de la comunicación, nos dignamos a esperar el plato. Otra vez papa y arroz. Pensamos que habíamos roto un código, al parecer el menú era de una armonía inquebrantable. Sin embargo, la explicación era mucho más simple: “El cocinero no comprende”.
Con 62 por ciento de población indígena, según el Banco Mundial, este país y esta ciudad, guste o no, late a su propio ritmo. La tensión se siente en cada rincón y en cada palabra; para la mayoría su lengua materna no fue el castellano, sino el aymara, el quechua o el guaraní.
En el siglo XVI la invasión indígena se evitaba con el aislamiento. Según aseguran los guías turísticos a los curiosos, el río Choqueyapu –que actualmente duerme bajo la avenida principal: el Prado– dividía la ciudad en dos y la única unión era un puente con paso restringido. El paso del tiempo, una revolución e inmigraciones de por medio, hicieron que indígenas y blancos se miraran a la cara. Esto no logró, sin embargo, romper con el racismo, la marginalidad y la opresión.
“Hemos guardado un silencio bastante parecido a la estupidez”, denuncia una placa en el corazón de la Plaza Murillo, frente al Congreso y al Palacio Quemado. Esta conciencia que mostraron los criollos en los años de la independencia hoy puede ser parte de una nueva historia; la “refundación de Bolivia”.
Porque con el ascenso de Evo Morales está comenzando –según confían, según desean, según esperan– una nueva era. Pachakutic es la palabra en quechua que representa un giro en la tierra en la cosmovisión andina, un cambio de sol. Por estos días, 500 años después del inicio del mundo al revés (Pachakamac), las cosas están cambiando y hay euforia distinta. Ya no está llena de rabia.
Néstor Mamani, uno de los tantos Mamani, ya que este apellido es imperialista en la guía telefónica, nos explicaba de donde sale esta esperanza. “Evo es de nuestra raza”, aseguraba orgulloso mostrando su carnet de afiliado al Movimiento al Socialismo (MAS). Sobre su frente, sin embargo, se posaba una enorme estrella con la insignia Podemos; era un gorrito de la campaña de “Tuto” Quiroga, el empresario candidato a presidente por la derecha.
A algunos sin embargo este cambio de sol no les hace ninguna gracia. Dante vive en Sopocachi, uno de los barrios exclusivos de La Paz. Es rubio y de ojos celestes, pero petiso y medio panzón. “No me gustan los cholos que no son campesinos ni urbanos. Arruinan la ciudad con su ignorancia y su negligencia”, nos contó. Miramos alrededor y cholos eran todos: “¿A quién te referís?”. Señaló un minibús, dos eran los acusados. El conductor, que irreverente y a los bocinazos, zigzagueaba por las calles; y el niño colgado de la puerta que repetía por enésima vez los ininteligibles destinos del colectivo. En fin, podría haber sido cualquiera.
Por ejemplo, alguna de las cholas que hacen de cada vereda su comedor, inundando así de olores a la ciudad. Plato no hace falta, una bolsita de plástico conduce por las calles cualquier tipo de alimento: sopa, fideos, pollo a la broaster. Los años han dejado además, la inalterable enseñanza de suplir necesidades, y hoy los tenedores no reemplazan el mágico manejo de los dedos.

Este loco, loco capitalismo

En La Paz no hay ningún McDonald´s y la campaña de marketing de la minifalda no ha surtido efecto. El cálculo racional recomendado para el buen funcionamiento del mercado acá no anda. La venta en negro - informal, callejera, sin ningún tipo de boleta ni impuesto -, el regateo, y los cambios constantes de precios, hacen que cualquier pequeño inversor no tenga una tarea fácil. Aquí anidan la incertidumbre, lo imprevisible y una supuesta irracionalidad que convierten a Bolivia en un capitalismo distinto, quizás mucho más mortal.
Algunos datos: según dijo Emir Sader, director del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (Clacso), a la revista argentina Caras y Caretas, “después de dos décadas de promesas neoliberales, en Bolivia se triplicó el desempleo. Desde que se aplicaron los planes de estabilización monetaria, la mortalidad infantil creció hasta alcanzar una 60 por mil cuando el promedio en América es de 28 por mil”. Pero eso no es todo, la pobreza supera 64 por ciento de la población total y el índice de analfabetismo es de 20 por ciento, según aseguran en el Instituto Nacional de Estadísticas (INE).
Muchos perciben esta miseria como más digna, incluso hay quienes afirman que “no es pobreza sino tradición”. Pero si bien es cierto que la opción por lo precario, la simpleza y una higiene distinta no se corresponde directamente con la falta, no dejan de impactar la cantidad de ancianos que sobre las veredas, desahuciados, apenas pueden moverse para inclinarse sobre uno y balbucear una súplica, para pedir un pedazo de pan o una moneda.
O los niños que ruegan lustrar cualquier tipo de calzado por 50 centavos bolivianos (o 0.06 centavos de dólar). Marco Aurelio es uno de ellos. Cubierto por un pasamontañas que apenas deja entrever sus ojos negros, este joven de 18 años no reconoce lo impactante de su atuendo. Se sorprendía de nuestra sorpresa, ¿acaso no hay lustrabotas en Argentina?, preguntó. Tan naturalizado está su ocultamiento, como el mal que le produce a sus pulmones la pasta con la que trabaja.
La desigualdad, no podía ser de otra manera, es asombrosa. La ciudad se separa, como lo hace el mundo, entre norte y sur, arriba y abajo. Pero, de nuevo una paradoja, acá es al revés. Para los paceños la consigna debería ser “el norte también existe”; allí es donde sobreviven las clases populares.
Otra vez a contramano, los ricos eligen para su tranquilidad las zonas más inundables, y eso es mucho decir en una ciudad en donde el desnivel es de más de mil metros. Como recompensa, sus habitantes gozan diariamente del silencio de sus calles donde sólo circulan 4x4 con vidrios polarizados. Las casas ya no son de adobe; por el contrario, son los grandes edificios vidriados y de más de 20 pisos junto a las sofisticadas casonas lo distintivo del lugar. La estética también es otra. Cada noche, perfumados y coquetos, los vecinos se reúnen para verse y mostrarse en los boliches bailables y los restaurantes de moda.
En este ostentoso y bajo sur viven Dante, David Greenlee –el amo y señor de la segunda embajada estadounidense más grande de América– y por estos días, también, Evo Morales. Resulta difícil describir la residencia presidencial. Fea, nos parece una buena forma. Para colmo, sin explicación ni lógica alguna, a su frente, la escultura de un ignoto chino, con su túnica y sus largos bigotes, aconseja en castellano y mandarín las artes del buen gobierno.
Miguel es ingeniero y se preocupó en aclararnos que no es racista, y se justificaba satisfecho: “Tengo una chola que limpia mi casa hace más de 20 años”. Sin embargo, estaba indignado con la idea de que “un trompetista y un trotskista” lo dirijan. Su temor no es alocado, en San Miguel –un barrio más parecido a Beverly Hills que al altiplano boliviano– las pintadas no son nada amistosas: “Próxima propiedad social. Somos MAS”, anuncian.

El final del laberinto

El domingo 22 de enero fue la asunción formal de Evo en el Congreso. A tan sólo unos metros, en la histórica Plaza de los Héroes, emborrachada por los festejos, una pancarta amarilla disfrazada de señal de tránsito recordaba: “Prohibido girar a la derecha, estamos vigilando”.
En el sentir popular, las fidelidades no son eternas. Años de traiciones hicieron de Bolivia una Nación atenta. Fernando no pasa de los 30 años. Como buen taxista, desconfía y habla mucho. “Yo lo voté, pero si no cumple, lo botamos”, confesaba. Tan sólo una letra separa dos posibles destinos. El futuro de este país y de esta ciudad, aún cuando en teoría existe una legitimidad inédita, es indescifrable.
En enero se inaugura el tradicional mercado de Alasita. Como en un cuento borgeano, sus pasillos son partes de un infinito laberinto de toldos descoloridos y desalineados. Muchedumbres como hormigas dando vueltas de manera interminable consumen a su paso todo lo que encuentran. Y encuentran, efectivamente, de todo: desde los tantos puestos de api de Oruro –una clásica bebida densa, púrpura y humeante– hasta un parque de diversiones, pasando por joyerías, florerías, bazares, puestos de ropa y cualquier tipo de comida. Pero esta feria, además de escupir en la cara del visitante la idiosincrasia local, se diferencia de todos los otros mercados por sus sueños. Pasaportes, pagos de hipoteca, casas, euros, diplomas, autos y televisores, todos en miniatura, se compran y venden como tarjetas navideñas a fin de año. El saber popular asegura que quemando las réplicas, el destino se encargará de dar materia a esas ilusiones.
Al entrar en Alasita (como en La Paz) uno se entera que el final será imprevisible. Y ahora, en tiempos en que todo cambia de forma, de música, de actitud es probable que se destape su destino para que, finalmente, este laberinto de ambiciones, deseos y esperanzas, se haga realidad.



10 - 03- 06 Para, en teoría, de vuelta, la Revista colombiana Gatopardo

Tiempos de Paz

El fin de semana en el que Evo Morales se paseó por todas las cadenas del mundo, La Paz fue adrenalina, empujones, rateros, viajeros progresistas en busca de la gran anécdota, minibuses más atolondrados que nunca y mucho, mucho olor a transpiración. Como ajenos, dos periodistas argentinos se metieren de lleno en la idiosincrasia del lugar para Gatopardo. Aquí su relato.



Tiempos de Paz

Viernes 20 de Enero de 2006. De noche. La Paz dormía escondida entre los cerros que la constituyen y la retienen; humilde, decidió fundirse, una vez más, en su naturaleza. Sus casas convertidas ya en pequeñas luces, se confundían con las estrellas hasta quebrar el horizonte. Su sueño, sin embargo, estaba entrecortado. Sabía que sería escenario de un proceso histórico. Al fin, decidió terminar con la espera, y horas antes del amanecer, levantó a su gente y enfrentó su destino: el final de la larga noche de los 500 años. Aun sin la luz del día, esa olla comenzaba a hervir de olores, de palabras revolucionadas, de ansias de justicia, de reafirmación y de esperanza. Las calles comenzaban a poblarse y las miradas apuntaban todas hacia un mismo sitio, las ruinas del antiguo imperio Tiwanacota donde Evo Morales pediría permiso ante los pueblos originarios, sus dioses y el mundo, para conducir a la Nación.
Cada plaza y cada esquina, a toda hora, fueron espontáneos puntos de encuentro y de partida. El clima era vertiginoso y alocado. Entre rumores superpuestos, incertezas, falsas especulaciones y precios de pasajes que llegaban a triplicar su valor original, se encolumnaban tras una enorme caravana todo tipo de medios de transporte. Se iniciaba así la larga marcha de los 70 kilómetros. Al llegar, la multitud se encontró con Bolivia y con el mundo. El traslado de todo el país hacia la ciudad más antigua del continente expresaba el sismo cultural que implica la asunción del primer presidente indígena de Bolivia.
Llovía poco, sólo una molesta garúa. Pero poco inquietaba. Algunos precavidos cubrían sus sombreros con bolsas de plástico y otros previsores salían a la venta de pilotos por un peso boliviano (1/8 de dólar). La ansiedad superaba la amenaza de un cielo ennegrecido y temblorosos truenos. La concentración de gente aumentaba junto a los numerosos ritmos musicales y bailes típicos. Tras años de opresión, marginalidad, e incluso aniquilamiento, el indígena y su tradición eran los protagonistas de la fiesta. Y como anfitrión amable, abrió las puertas a todo aquel que creyera en un proyecto latinoamericano inclusivo. Las fronteras raciales, nacionales, ideológicas y culturales, quedaron arrasadas por la sensación de cambio, por el deseo de unidad desde lo múltiple.
De pronto, el silencio. La dispersión y el desorden se canalizaron hacia un único punto. Arriba, sobre el cerro, Evo (aquí nadie lo llama por su apellido) mostró sus orígenes. Abandonó su chaleco y se vistió de símbolos y costumbres: el “chuku", una gorra cuadrada con cuatro puntas en representación del Tawantinsuyu, el “plataunku", la túnica cuadrada tejida en alpaca color morado con la simbología andina y amazónica y un báculo elaborado en basalto negro y oro. Custodiado por una columna de Jilakatas y Mama T´allas, el presidente electo bajó a la puerta del sol, y repentinamente cesó la lluvia.
“Hoy empieza una nueva era para los pueblos originarios del mundo, una nueva vida en la que buscamos igualdad y justicia, un nuevo milenio”, afirmó conmovido frente a las cámaras, todos los presentes y los más de mil periodistas de todo el mundo. Entre “jallallas” (viva) a los próceres aymaras Bartolina Sisa y Tupac Katari, e improperios a los yanquis, la euforia renovada volvía a casa. Pero volvía distinta, esta vez no estaba llena de furia. Llegar a la Paz , aunque sorpresivo, es siempre lo mismo: el peaje, el Alto, las bocinas, las trancaderas, los gritos, los minibuses, los aromas, el bosque y finalmente la ciudad vista desde arriba. Pero por esos días la cosa era distinta. Desde la ventanilla del micro, las mismas imágenes tenían otro significado, todo estaba cambiando de color, de música y de actitud. Esa no era La Paz de hace tres años, pero ¿cuál era?, ¿estaba pariendo una nueva época, un nuevo cambio de sol?, ¿qué rol tendría ahí el indígena? ¿y la hoja de coca?. Capitalismo, pobreza, socialismo... ¿era este un cambio revolucionario?

Algunas respuestas

“Hemos guardado un silencio bastante parecido a la estupidez”, denuncia una placa en el corazón de la Plaza Murillo, frente al Congreso y al Palacio Quemado. Esta conciencia que mostraron los criollos en los años de la independencia, hoy puede ser parte de una nueva historia; la “Refundación de Bolivia”. Según el director del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (Clacso), Emir Sader, “después de dos décadas de promesas neoliberales, en Bolivia se triplicó el desempleo. Desde que se aplicaron los planes de estabilización monetaria, la mortalidad infantil creció hasta alcanzar una 60 por mil cuando el promedio en América es de 28 por mil”. Pero eso no es todo, la pobreza supera el 60 % y el índice de analfabetismo es del 22%.
Por todo esto y por el 62% de población indígena que tiene según el Banco Mundial, este país y esta ciudad, guste o no, late a su propio ritmo. La tensión se siente en cada rincón y en cada palabra, es que para la mayoría su lengua materna no fue el castellano, sino el aymara, el quechua o el guaraní. Es que aquí, no hay ningún McDonald´s y la campaña de marketing de la muy occidental minifalda no ha surtido efecto. En Bolivia la lucha es siempre por los recursos naturales, por la tierra, por la pacha.
El cálculo racional recomendado para el buen funcionamiento del mercado acá no anda. La venta en negro - informal, callejera, sin ningún tipo de boleta ni impuesto -, el regateo, y los cambios constantes de precios, hacen que cualquier pequeño inversor no tenga una tarea fácil. Aquí anidan la incertidumbre, lo imprevisible y una supuesta irracionalidad que convierten a Bolivia en un capitalismo distinto, quizás mucho más mortal.
Muchos perciben esta miseria como más digna, incluso hay quienes afirman que “no es pobreza sino tradición”. Pero si bien es cierto que la opción por lo precario, la simpleza y una higiene distinta no se corresponde directamente con la falta, no dejan de impactar la cantidad de ancianos que sobre las veredas, desahuciados, apenas pueden moverse para inclinarse sobre uno y balbucear una súplica, para pedir un pedazo de pan o una moneda.
O los niños que ruegan lustrar cualquier tipo de calzado por 50 centavos bolivianos (0.06 centavos de dólar). Marco Aurelio es uno de ellos. Cubierto por un pasamontañas que apenas deja entrever sus ojos negros, este joven de 18 años no reconoce lo impactante de su atuendo. Se sorprendía de nuestra sorpresa, ¿acaso no hay lustrabotas en Argentina?, preguntó. Tan naturalizado está su ocultamiento, como el mal que le produce a sus pulmones la pasta con la que trabaja.
La desigualdad, no podía ser de otra manera, es asombrosa. La ciudad se separa, como lo hace el mundo, entre norte y sur, arriba y abajo. Pero, de nuevo una paradoja, acá es al revés. Para los paceños la consigna debería ser “el norte también existe”; allí es donde sobreviven las clases populares. Los ricos eligen para su tranquilidad las zonas más inundables, y eso es mucho decir en una ciudad en donde el desnivel es de más de mil metros. Como recompensa, sus habitantes gozan diariamente del silencio de sus calles donde sólo circulan 4x4 con vidrios polarizados. Las casas ya no son de adobe; por el contrario, son los grandes edificios vidriados y de más de 20 pisos junto a las sofisticadas casonas lo distintivo del lugar. La estética también es otra. Cada noche, perfumados, los vecinos se reúnen para verse y mostrarse en los boliches bailables y los restaurantes de moda.
Miguel es ingeniero. Se preocupó en aclararnos que no es racista, y se justificaba satisfecho: “Tengo una chola que limpia mi casa hace más de 20 años”. Sin embargo, estaba indignado con la idea de que “un trompetista y un trotskista” lo dirijan. Su temor no es alocado, en San Miguel –un barrio más parecido a Beverly Hills que al altiplano boliviano– las pintadas no son nada amistosas: “Próxima propiedad social. Somos MAS”, anuncian.
Dante vive en Sopocachi, otro de los barrios de este exclusivo sur. Es rubio y de ojos celestes, pero petiso y medio panzón. “No me gustan los cholos que no son campesinos ni urbanos. Arruinan la ciudad con su ignorancia y su negligencia”, nos contó. Miramos alrededor y cholos eran todos: “¿A quién te referís?”. Señaló un minibús, dos eran los acusados. El conductor, que irreverente y a los bocinazos, zigzagueaba por las calles; y el niño colgado de la puerta que repetía por enésima vez los ininteligibles destinos del colectivo. En fin, podría haber sido cualquiera.
Por ejemplo, alguna de las cholas que hacen de cada vereda su comedor, inundando así de olores a la ciudad. Plato no hace falta, una bolsita de plástico conduce por las calles cualquier tipo de alimento: sopa, fideos, pollo a la broaster. Los años han dejado además, la inalterable enseñanza de suplir necesidades, y hoy los tenedores no reemplazan el mágico manejo de los dedos.
O una señora en cuclillas, pero con su espalda recta, de cuyo sombrero – eterno equilibrista – caían dos largas trenzas. Su pollera rozaba el piso, pero no tapaba los moños de sus zapatos. Tranquila, indiscreta, con su mejilla inflada por la coca, enfrentaba al micro que la toreaba. Ella defecaba en una alcantarilla y no le importaba que La Paz sufriera otro embotellamiento.
Es que esta ciudad es así de insólita; insólita e impactante. Imágenes como esta se suceden una tras otra y hacen de este lugar un eterno espectáculo. Es una anfitriona amable que no se guarda sus escenas, y se divierte jugando con lo absurdo y la locura hasta la desesperación. El frío, la altura (3640 msnm) y la lluvia permanente son el único contexto posible para tantas mejillas infladas por la coca, las gargantas sedientas de alcohol puro y las enaguas de las polleras que, aún bajo halos de suciedad y fuertes aromas, hacen de las cholitas princesas coquetas y culonas.
En el siglo XVI la invasión indígena se evitaba con el aislamiento. Según aseguran los guías turísticos a los curiosos, el río Choqueyapu –que actualmente duerme bajo la avenida principal: el Prado– dividía la ciudad en dos y la única unión era un puente con paso restringido. El paso del tiempo, una revolución e inmigraciones de por medio, hicieron que indígenas y blancos se miraran a la cara. Esto no logró, sin embargo, romper con el racismo, la marginalidad y la opresión.
La Paz eufórica

Ese domingo fue la asunción formal de Morales en el Congreso. El 53,7% de los votos (el triunfo electoral más resonante de los últimos treinta años), había dado una legitimidad inédita y abría paso a una “nueva historia” en la que esa irreversible ingobernabilidad que tumbó dos presidentes en tres años (Gonzalo Sánchez de Lozada en 2003 y Carlos Mesa en 2005) podía ser superada. Con esta nueva hegemonía, pasado y presente se sentaban en la misma mesa, y el rechazo a los años de colonialismo tenía su traducción política en los modelos neoliberales actuales. El centro de la ciudad, cubierto de Wilpalas y banderas bolivianas, recibió nuevamente a la multitud.
El discurso que Evo daría en el Congreso era una prueba de fuego. Un desafío para quienes desconfiaban de los rituales institucionales y los riesgos de la diplomacia. Pero Evo no decepcionó. Y los temerosos respondieron con aplausos cada declaración cargada de humor, valentía y pulsión. El espectáculo excedía los límites del escenario, era más grande que Chávez, Lula, Kirchner e incluso que la imagen del entusiasmado novato desde el balcón presidencial. Todo era adrenalina, empujones, rateros, viajeros progresistas en busca de la gran anécdota, minibuses más atolondrados que nunca y mucho, mucho olor a transpiración. No importaban las vallas en la Plaza Murillo. A tan sólo unos metros, en la histórica Plaza de los Héroes, la gente sabía que tendría un discurso propio.
Cuando ya se creía repleta, una nueva columna, esta vez de mineros, se hizo presente. Ya lo habían hecho horas atrás los cocaleros del Chapare y algún que otro rebelde “Camba” santacruceño. Así, las polleras y los cascos, el oriente y el altiplano volvieron a quererse. “En Bolivia y en América, liberarnos para siempre”, dijo sin eufemismos un Evo contundente, y las decenas de miles de personas - apretujadas pero contentas - decidieron abandonar la prudencia. Después de las fuertes consignas, promesas y denuncias, decidió jugar con el público con humoradas ácidas, preguntas, respuestas y adivinanzas. Sin dejar de recordar con honesto cariño a Fidel Castro y Hugo Chávez, llamó al primero “abuelo sabio” y convocó con el grito de la gente al segundo.
Prevenir y no cur(r)ar

La embajada norteamericana en Bolivia es la segunda más grande de América Latina después de la colombiana. Vaya paradoja, esa no es hoy la principal fuente de control. Emborrachada en los festejos, una pancarta amarilla disfrazada de señal de tránsito, recordaba: “Prohibido girar a la derecha, estamos vigilando”. Así, el pueblo hizo carne una consigna que el mismo Evo arrojó en Tiwanaku el día anterior: “Con mucho respeto los invito a controlarme; si no puedo avanzar, empújenme ustedes hermanos y hermanas; (los invito) a corregirme permanentemente”.
Tan sólo una letra separa dos posibles destinos: “Yo lo voté, pero si no cumple, lo botamos”, murmuran las calles. En el sentir popular, las fidelidades no son eternas. Años de traiciones hicieron de Bolivia una nación atenta. Sucede que está en juego mucho más que una gestión. Pachakutic en quechua es la palabra que representa para la cosmovisión andina un giro en la tierra, y por estos días, a 500 años del inicio del mundo al revés (Pachakamac), está comenzando, aseguran, confían, desean, una nueva era.


5 - 03 - 06 Para, en teoria, la Revista colombiana Gatopardo

Dos países, dos mundos, una región

Resulta evidente, América Latina comenzó a escribir un nuevo capítulo en la historia. El nuevo bloque anti-neoliberal va tomando forma y color, aun con las contradicciones y las tensiones irresueltas propias de las particularidades nacionales. Nada mejor para comprender los diversos matices al interior del este frente, que haber presenciado en una misma semana los procesos históricos de sus polos más contrapuestos: la victoria de Michelle Bachelet en Chile y la asunción del indigenísta Evo Morales en Bolivia.
“En Chile vivimos un hecho histórico con otro signo, una mujer en la Jefatura del Estado”, señaló Ricardo Lagos en una conferencia de prensa al llegar a La Paz. Lo que sucede es que los grandes éxitos – a diferencia del resto de Latinoamérica – que este país tuvo con la aplicación del modelo neoliberal, lo llevan a la tentación de convertirse en la Israel del continente. Por ello, la insistencia del mandatario chileno en el arribo al poder de una mujer con las características de Bachelet – atea, soltera, con un pasado marcado por la represión pinochetista – demuestra un interés por acercarse al ala progresista de la región.
Lo cierto es que estos países, aunque con fuertes disidencias e inclusive con conflictos territoriales irresueltos, forman parte de una misma corriente que tiene como mandato, según escribió Carlos Gabetta, “consolidar y profundizar la democracia, acabar con las desigualdades y preservar los recursos nacionales”. Mientras que en Chile ni Augusto Pinochet se atrevió a privatizar el cobre, en Bolivia años de lucha y sangre de los movimientos sociales imponen la nacionalización del agua y de los hidrocarburos.

Rupturas y continuidades

Tal como lo había prometido, Evo Morales llenó el Congreso boliviano de tradición y cultura. Wilpalas y milenarias vestimentas se complementaban armoniosamente con los rituales institucionales propios de un cambio de mando. Frente a un público tan heterogéneo como la propia Bolivia, el nuevo presidente dio un discurso en el que sobraron la valentía, las pulsiones y el humor. Así fue como ante los ojos del mundo no tuvo reparos en despertar a un senador de la oposición cochabambina, como tampoco de reírse de los aplausos de los congresales derechistas del Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR) y de Podemos. E incluso, no le tembló el pulso al responsabilizar al ex mandatario Jaime Paz Zamora, presente en el recinto, por haber llevado a Bolivia al “subcampeonato de la corrupción”.
Ese nivel de efervescencia política es para un país conservador, formal y correcto como Chile, un escenario impensable. Allí, los festejos fueron tenues y contenidos. Y, tan sólo unas horas después de los primeros anuncios oficiales, los hasta ese entonces candidatos rivales, se saludaron armoniosa y diplomáticamente.
Mientras en las calles de Santiago sólo algunos atrevidos insinuaban el nombre de Salvador Allende, el mismo Evo pidió antes de comenzar su discurso en el Congreso un minuto de silencio por el Che Guevara, Tupac Katari y Bartolina Sisa, entre otros tantos “mártires de la liberación”.
Significativo fue también el rol que cada uno entendió le dio la historia. En tanto que Bachelet señaló reiteradamente y con entusiasmo ser la futura presidenta de “todos los chilenos”, el primer Jefe de Estado indígena de América fue contundente: “En el mundo gobiernan los ricos o gobernamos los pobres”, dijo ante los movimientos sociales de la región en la ritual ciudad de Tiwanaku.

Lo malo de lo bueno

De fondo están las reglas y dos sociedades con idiosincrasias y culturas (políticas) distintas. Luego de 16 años de gobierno de la Concertación en Chile, esta se jacta de haber alcanzado los mayores niveles de institucionalidad del subcontinente. Parábola nefasta, son sus propios éxitos los que atan sus manos y amordazan sus discursos.
Refundar Bolivia, en cambio, es el proyecto más prometedor para un país que hasta hace muy poco estuvo marcado por lo impredecible, la incerteza y una supuesta irracionalidad; todos los grandes males del capitalismo moderno. Con la asunción de Evo se abre paso a una “nueva historia” en la que esa irreversible ingobernabilidad puede ser superada. Donde el rechazo a los años de colonialismo tienen traducción política en la crítica a los modelos neoliberales actuales.
La diferencia entre una institucionalidad heredada y casi natural y otra que está por construirse se manifiesta de mil maneras. Una, explicita, son las banderas. Sin grandes proyectos ni cambios por delante, en Chile lo único por levantar era el pulcro nombre de la candidata. En Bolivia se hablaba de contenidos. Una pancarta en la Plaza San Francisco advertía: “Prohibido girar a la derecha. Estamos vigilando”.
En enero hablaron Chile y Bolivia. El olor de sus calles, los climas y las conversaciones ocasionales son el argumento de la tesis inicial: con avances y retrocesos, sin correcciones teóricas pero con el optimismo de la voluntad a flor de piel, América Latina se está poniendo de pie. En este marco, Eduardo Galeano desde La Paz procuró serenidad y aconsejó: “No hay que confundir la unidad con la unanimidad y a la contradicción no hay que tenerle miedo, como lo hacen muchos marxistas que olvidaron que ese el motor de la historia”.



25 - 02 - 06 Para la Revista Caras y Caretas

Bolivia, la dignidad rebelde

Este 22 de enero, la asunción de Evo Morales dejó en evidencia la fuerza de un nuevo poder hegemónico en un país tan heterogéneo e indescifrable como Bolivia. Dejo una huella en el acercamiento de dos mundos por mucho tiempo distanciados: el occidental y el de las culturas milenarias. Sucede que con la llegada al poder de un indígena, las distancias entre ambos se acortan para que por primera vez las tradiciones se entiendan y la fiesta sea una para todos.
Ahora, en el Parlamento, sobrevuelan juntos el español y el aymara. El primero, porque ellos quieren que el mundo los entienda, el segundo, porque es la forma de que nosotros empecemos a comprenderlos.
Es que a partir de este momento, el indígena puede abrir la puerta de una intimidad adoptada a la fuerza por tantos abusos y maltratos. El ritual del Tiwanaku del sábado 21, donde Evo asumió la responsabilidad de gobernante ante los pueblos originarios, sus dioses y el mundo, mostró como el dulce sonido de la quena puede ser emotivo para un grupo diverso de personas que cree y confía en un proyecto latinoamericano colectivo. Las sonrisas, los aplausos, la música, el baile – incluso algunas lágrimas – se unían en un todo y superaban fronteras raciales, culturales y nacionales.
Evo Morales presidente es por eso para muchos sinónimo de esperanza, de victoria y de posibilidad. Implica para el pasado el orgullo de una identidad propia y de la resistencia. Para el presente la unidad desde lo múltiple.

Tiwanaku: El momento de los pueblos

Una multitud esperaba ansiosa, aun bajo una leve llovizna y un cielo amenazante. Las ruinas del antiguo imperio Tiwanakota serian escenario de un hecho histórico: el primer presidente indígena de América pediría permiso para conducir la nación.
Cesaron inesperadamente los constantes “jallallas” (viva) a Bartolina Sisa y Tupac Katari, ante la primera imagen, desde lo alto, del presidente electo custodiado por una columna de Jilakatas y Mama T´allas. Su vestimenta daba cuenta del inicio de la ceremonia.
“Hoy empieza una nueva era para los pueblos originarios del mundo, una nueva vida en la que buscamos igualdad y justicia, un nuevo milenio”, comenzó afirmando un Evo distinto para todos aquellos que acostumbramos verlo con chaleco.
Conmovido, eufórico, comparó la mítica ciudad con la plaza de la Revolución en Cuba, y agregó: “Hermanos y Hermanas, de la resistencia a la toma del poder. Debemos avanzar para liberar a nuestra Bolivia y a nuestra América”. Bastó esa frase para que el respetuoso silencio se quebrara en un grito de rebeldía, enmarcado por banderas rojas y Wilpalas flameando al unísono.


El Congreso del festejo

“Con mucho respeto los invito a controlarme; si no puedo avanzar empújenme ustedes, hermanos y hermanas; (los invito) a corregirme permanentemente”, había dicho Evo en Tiwanaku y el pueblo respondió. Ese domingo, desde temprano una multitud bajó a las plazas Murillo y San Francisco para escuchar a su líder, quien terminó su discurso citando al subcomandante Marcos: “Mandaré obedeciendo”, prometió.
Si alguna vez existió temor de que claudicara en medio de las formalidades, quedó probado, al menos por ahora, que se trata de un miedo infundado. Tanto el que dio el discurso oficial en el Congreso, como el de la Plaza San Francisco fue el mismo Evo, ese que con un humor ácido, consignas claras y una fortaleza conmovedora, avanza con la convicción de quien reconoce el parto de una nueva era.
El mundo, desde La Paz y desde las grandes cadenas de televisión, miraba a Bolivia; y Bolivia no decepcionó. Su pueblo, humilde y consciente, bailó bajo la lluvia hasta el amanecer. Empezaba, lo sabían, una época de grandes proezas y compromisos. Latinoamérica, por suerte, tiene razones para festejar.

24 - 1 - 06 Para la Revista Caras y Caretas



La despolitización de la política

El 15 de Enero ganó la elección presidencial Michelle Bachelet y así será la primera presidenta mujer en Chile. En esta nota, desde las calles de Santiago, las pasiones, el clima, y el fantasma de la historia.


Mucho se habló de lo histórico del triunfo de Bachelet en Chile. Se insistió, por ejemplo, en que la ex ministra de Defensa y Salud de Ricardo Lagos, atea, soltera y con un pasado marcado por la represión pinochetista, sea la primer mujer en llegar a la Moneda. Se dijo que con ella terminarían los dieciséis años de transición democrática, e inclusive, que podría convertirse en la nueva cara de un socialismo renovado. Pero el adjetivo histórico, ahora y siempre, requiere de temperamento.
En las calles de Santiago se respiraba un parsimonioso clima preelectoral. Ejemplo de ello fue el cierre de campaña del empresario Sebastián Piñera. En manos de jóvenes rentados ansiosos por ahorrar para las vacaciones, el acto, sin banderas, sin consignas, sin organizaciones sociales o políticas presentes (más que el grupo Traveschile, convocado por Joaquín Lavin de la UDI), tuvo, según las propias palabras del candidato, la ventaja de haber llevado artistas nacionales. Bastante paradójico, considerando que las figuras centrales del evento fueron los imitadores de Chayanne y Luis Miguel.
En la misma línea, el 15 de Enero cuando a las seis de la tarde ya se anunciaron los resultados oficiales, en el bunker de la concertación, se recibió con tibios aplausos un triunfo de más de siete puntos de diferencia. Ni cánticos, ni bombos, sólo correctos discursos oficiales y una primera imagen de la candidata ganadora de la mando de su rival. Escena claramente contrapuesta a la de las miles de personas que en la Alameda festejaron con un grito la continuidad.

Perspectivas

“Todavía tenemos que discutir al interior del Partido socialista si Bachelet se corre a la izquierda de (Ricardo) Lagos. La calidad del trabajo, la política internacional, y la distribución del ingreso son aun los temas más sensibles” dijo a Caras y caretas, el senador por el socialismo, Carlos Ominami.
El 11 de Marzo, Lagos dejará el palacio de gobierno con más de un 65% de imagen positiva, fundamentada sobre todo en sus grandes logros macroeconómicos. Pero aun así quedan deudas pendientes. Hoy, por primera vez en los tres mandatos de la Concertación (Aylwin, Frei y Lagos), ésta tiene mayoría en el Parlamento. Lo cual le permite avanzar sobre aquellos temas prorrogados: la cuestión social, la salud, la educación, el sistema provisional y el sistema político binominal, herencia los dos últimos del régimen militar.
“Yo no voto comunistas” alegan algunos opositores de Bachelet, y ocasionales adherentes de Piñera. Es que en una sociedad conservadora como la chilena, hablar de cualquier posible corrimiento a la izquierda, revive viejos temores.
Y este pánico aumenta cuando la derecha opositora, tal como sucede en la actualidad, se encuentra dividida. Una situación que se presentó sobre todo a partir de la decisión del candidato por el Partido de Renovación Nacional, de ampliar el sistema de partidos creando un espacio más de centro. Esto significó un alejamiento de Joaquín Lavin ( opus dei y ex mano derecha de Pinochet), para asumir una imagen de empresario republicano defensor de las instituciones. De fondo, estaba la idea de romper con la tradicional oposición entre golpistas y demócratas que tantos sinsabores les produjo desde la llegada de la democracia en 1989.
Sin embargo, la prueba más contundente de su fracaso se manifestaba en sus propios puestos de campaña en las peatonales de Santiago. En medio de discusiones irrelevantes, plagadas de personalismos, el tema Pinochet revivía inevitablemente. La vuelta a la alianza con Lavin para la segunda vuelta se levantaba como una acusación y los jóvenes cuadros se quedaban sin argumentos: “Es izquierda y derecha, tu sabes”, explicaban sonrojados. En definitiva, la historia sigue actuando y la transición no está resuelta.

Orden y Progreso

Por sobre todas las cosas, reinan en Chile conceptos como gobernabilidad, institucionalidad y estabilidad. Esta característica, junto con el sistema binominal, impone las reglas del juego en el escenario político, y hace de cualquier idea de cambio una cuestión marginal.
Claro reflejo de ello, fueron los debates preelectorales y las campañas de ambos candidatos, en los cuales las discusiones políticas y especialmente, aquellos temas centrales para la organización de un país, reinaron por su ausencia. Es que poco diferencia a un socialismo propulsor del libre mercado de un empresario que alega como su máxima virtud la capacidad en gestión administrativa. Por eso, las disidencias estuvieron signadas, casi excluyentemente, por sus características personales, sus valores y sus pasados . Chile, entonces, se volvió así un ejemplo más del proceso de despolitización de la política, en donde los planes de gobiernos y las políticas públicas quedaban rezagados frente a las virtudes de los aspirantes a mandatarios.
En sus seis años de gobierno, Lagos supo imponer normas claras. El sumo respeto a las instituciones (que le valió a él mismo severas críticas por su participación en la campaña de Bachelet) tuvo un alto costo político, el afianzamiento cultural de la inmovilidad.
De cara al futuro, todo depende de la voluntad política de Bachelet y de una sociedad que, cómoda en el progreso, se olvidó de las pasiones.



20-1-06 Para la Revista Caras y Caretas

Una mujer al poder


El oficialismo derrotó en segunda vuelta a una golpeada y divida derecha por 7 puntos. Así Michelle Bachelet será la primera presidenta “de todos los chilenos”, como ella subrayó en su discurso.




Luego de una campaña en la que el debate político brilló por su ausencia, la candidata socialista por la Concertación, Michelle Bachelet, derrotó con un 53,5% de los votos al empresario conservador del partido Renovación Nacional, Sebastián Piñera, quien obtuvo un 46,5%.
A las 18.15 el subsecretario del Interior comenzó a dar los resultados definitivos. Mientras en el bunker de Bachelet se respiraba un clima de parsimoniosa satisfacción, en las calles miles de personas celebraban la continuidad con euforia y entusiasmo. Es que nadie, ni por izquierda ni por derecha, hablaba de cambio.
Desde las primeras líneas de la Concertación se coincidía con la mayoría de los analistas: el tercer lugar del opus dei pinochetista, Joaquín Lavin, implicaba un contundente viraje en la política nacional. Se había superado –decían- la clásica contraposición de los últimos dieciséis entre los demócratas y la derecha golpista.
Sin embargo, en torno a la Plaza de Armas y a las peatonales de Santiago de Chile donde se encontraban las carpas de ambos partidos, este antagonismo renacía inevitablemente. Sorprendían incluso la fuerza y los modos de estos debates. El pasado volvía al presente como una acusación. Es que en el fondo, en el corazón de esta sociedad, la transición no resuelta de los diecisiete años de dictadura militar alumbra cada rincón de la vida y destino de este país.
Asombraba, de todas formas, que este supuesto nuevo escenario no haya implicado la aparición de un proyecto político-económico distinto para Chile. Por el contrario, la única particularidad en la elección estuvo dada por los rasgos personales de sus candidatos: una mujer, atea, soltera y con un pasado marcado por la represión y un empresario millonario con una experiencia exitosa en gestión y administración de empresas.
En este sentido, Chile es un ejemplo más del proceso despolitizador de la política. Los planes de gobierno, los proyectos de reformas y las futuras políticas públicas, se encontraron subordinados a las capacidades personales, la fuerza de espíritu, y los valores morales de los dirigentes.
Aquí, donde comandan la diplomacia, las formalidades y el respeto por las instituciones, se vivió como un sinsabor un triunfo reconocido por ellos mismos como histórico. Es que en este país, exitoso en términos macroeconómicos, ya no se diferencia la izquierda de la derecha, y nada conmueve.



Recuadro:

Un vecindario delicado

Si bien Michelle Bachelet deberá enfrentar una realidad nacional relativamente tranquila, a nivel regional las cosas no se presentan nada fáciles. Su predecesor Ricardo Lagos (quien se retira con un imagen positiva mayor al 70 por ciento) deja en política exterior un fuerte consenso sobre la apertura comercial y la firma de Tratados de Libre Comercio (TLC). Frente a un movimiento regional cada vez más influyente opuesto al ALCA liderado por Hugo Chávez, la candidata electa deberá decidir los lineamientos generales con presiones de ambos lados.
Lo cierto es que Chile vive hoy una prosperidad económica, lo que genera que la opinión pública se manifieste a favor de la apertura indiscriminada y que los medios se preocupen porque “no quedan más TLC que firmar”. Se verá en sus primeros actos diplomáticos qué opción priorizará; si viaja a Brasil significaría un acercamiento a una izquierda moderada con pocas intenciones de fortalecer la unidad regional y el MERCOSUR puntualmente. Si lo hace a Venezuela - cuestión casi imposible - otro sería el mensaje. Por lo pronto, irá junto a Lagos este 22 a la asunción de Evo Morales en Bolivia.
Pero no debe olvidarse que de alejarse de los lineamientos generales del subcontinente, correría el riesgo de transformarse en la Israel de la región, sobre todo ahora que las encuestas sobre las presidenciales de abril en Perú, indicarían una posible victoria del ex militar nacionalista Ollanta Humala.


Del 17-1-06
Para, en teoría, Tiempos de Opinion (revista dominical del Tribuno de Salta)