Una mujer al poder
El oficialismo derrotó en segunda vuelta a una golpeada y divida derecha por 7 puntos. Así Michelle Bachelet será la primera presidenta “de todos los chilenos”, como ella subrayó en su discurso.
Luego de una campaña en la que el debate político brilló por su ausencia, la candidata socialista por la Concertación, Michelle Bachelet, derrotó con un 53,5% de los votos al empresario conservador del partido Renovación Nacional, Sebastián Piñera, quien obtuvo un 46,5%.
A las 18.15 el subsecretario del Interior comenzó a dar los resultados definitivos. Mientras en el bunker de Bachelet se respiraba un clima de parsimoniosa satisfacción, en las calles miles de personas celebraban la continuidad con euforia y entusiasmo. Es que nadie, ni por izquierda ni por derecha, hablaba de cambio.
Desde las primeras líneas de la Concertación se coincidía con la mayoría de los analistas: el tercer lugar del opus dei pinochetista, Joaquín Lavin, implicaba un contundente viraje en la política nacional. Se había superado –decían- la clásica contraposición de los últimos dieciséis entre los demócratas y la derecha golpista.
Sin embargo, en torno a la Plaza de Armas y a las peatonales de Santiago de Chile donde se encontraban las carpas de ambos partidos, este antagonismo renacía inevitablemente. Sorprendían incluso la fuerza y los modos de estos debates. El pasado volvía al presente como una acusación. Es que en el fondo, en el corazón de esta sociedad, la transición no resuelta de los diecisiete años de dictadura militar alumbra cada rincón de la vida y destino de este país.
Asombraba, de todas formas, que este supuesto nuevo escenario no haya implicado la aparición de un proyecto político-económico distinto para Chile. Por el contrario, la única particularidad en la elección estuvo dada por los rasgos personales de sus candidatos: una mujer, atea, soltera y con un pasado marcado por la represión y un empresario millonario con una experiencia exitosa en gestión y administración de empresas.
En este sentido, Chile es un ejemplo más del proceso despolitizador de la política. Los planes de gobierno, los proyectos de reformas y las futuras políticas públicas, se encontraron subordinados a las capacidades personales, la fuerza de espíritu, y los valores morales de los dirigentes.
Aquí, donde comandan la diplomacia, las formalidades y el respeto por las instituciones, se vivió como un sinsabor un triunfo reconocido por ellos mismos como histórico. Es que en este país, exitoso en términos macroeconómicos, ya no se diferencia la izquierda de la derecha, y nada conmueve.
Recuadro:
Un vecindario delicado
Si bien Michelle Bachelet deberá enfrentar una realidad nacional relativamente tranquila, a nivel regional las cosas no se presentan nada fáciles. Su predecesor Ricardo Lagos (quien se retira con un imagen positiva mayor al 70 por ciento) deja en política exterior un fuerte consenso sobre la apertura comercial y la firma de Tratados de Libre Comercio (TLC). Frente a un movimiento regional cada vez más influyente opuesto al ALCA liderado por Hugo Chávez, la candidata electa deberá decidir los lineamientos generales con presiones de ambos lados.
Lo cierto es que Chile vive hoy una prosperidad económica, lo que genera que la opinión pública se manifieste a favor de la apertura indiscriminada y que los medios se preocupen porque “no quedan más TLC que firmar”. Se verá en sus primeros actos diplomáticos qué opción priorizará; si viaja a Brasil significaría un acercamiento a una izquierda moderada con pocas intenciones de fortalecer la unidad regional y el MERCOSUR puntualmente. Si lo hace a Venezuela - cuestión casi imposible - otro sería el mensaje. Por lo pronto, irá junto a Lagos este 22 a la asunción de Evo Morales en Bolivia.
Pero no debe olvidarse que de alejarse de los lineamientos generales del subcontinente, correría el riesgo de transformarse en la Israel de la región, sobre todo ahora que las encuestas sobre las presidenciales de abril en Perú, indicarían una posible victoria del ex militar nacionalista Ollanta Humala.
Del 17-1-06
Para, en teoría, Tiempos de Opinion (revista dominical del Tribuno de Salta)

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