Saturday, April 21, 2007

Los indígenas americanos “de la resistencia al poder”

En el templo del antiguo imperio tiwanakota, entre banderas rojas y wilpalas flameando al unísono, un Evo Morales eufórico había asegurado el día antes de su asunción formal a la presidencia en enero de 2006: “Hoy empieza una nueva era para los pueblos originarios del mundo, una nueva vida en la que buscamos igualdad y justicia, un nuevo milenio. Hermanos y hermanas, de la resistencia a la toma del poder. Debemos avanzar para liberar a nuestra Bolivia y a nuestra América”. Fue desde entonces que los movimientos indígenas, cuya realidad es otra a partir de la experiencia boliviana, modificaron sus perspectivas. Prueba de ello fue la III Cumbre Continental de Pueblos y Nacionalidades Indígenas de Abya Yala (América para los Kunas panameños) realizada entre los días 26 y 30 de marzo en el templo maya de Iximche`, Guatemala, donde debatieron representantes de 25 países en torno a la consigna “De la resistencia al poder”.
Este nuevo enfoque se expresó, por ejemplo, en la elección de las mesas de debate, entre las cuales se destacaban “globalización neoliberal y oportunidades económicas de los pueblos indígenas”, “estrategias y alianzas para la toma del poder”, “autonomía y libre determinación” y “democracia, Estado-Nación y gobiernos indígenas”. El ánimo colectivo era optimista y ambicioso. “Para romper con la relación colonial son necesarias la reforma del Estado, la ruptura del modelo económico y el abandono del neoliberalismo, y esto sólo es posible mediante la toma de espacios de poder”, comentaba el guatemalteco Miguel Ángel Sandoval, dirigente del recientemente creado Movimiento Amplio de Izquierda (MAIZ). “Hoy nosotros nos damos cuenta de que la toma de las decisiones no está en las movilizaciones, sino en los Estados. Se avizora que hay que construir un poder diferente, alternativo frente a la crisis de nuestros países”, agregaba Miguel Quispe, secretario general de CAOI, Coordinadora Andina de Organizaciones Indígenas, yconductor del evento.
A pesar de que esta apertura fue la que prevaleció en la Cumbre, aún se registraban posturas más etnocentristas o más escépticas en torno a la apropiación de espacios de poder; posturas que hacían hincapié en el abandono del uso del dinero o del consumo de productos industriales. Ninguna de ellas llegó, sin embargo, a determinar alguna de las conclusiones finales. Con claridad, la “Declaración de Iximche`” marcó la línea política de los pueblos originarios: “Afianzar relaciones con movimientos sociales del continente y del mundo que permitan enfrentar las políticas neoliberales y todas las formas de opresión”.
Ocurre que si bien la radicalidad boliviana es el faro de los movimientos originarios de la región, es una verdad que cada una de las realidades es particular y que no todos los países tienen una población indígena del 62 por ciento, como asegura el Banco Mundial sucede en la Nación andina. En este sentido, Quispe sostenía que “la articulación con sindicatos, estudiantes, movimientos sociales, maestros y la Iglesia será la que permita la construcción de un movimiento político que incluya a todos”. La lucha por el reconocimiento de los Estados de la diversidadétnica y cultural interna es otra de las banderas: “No podemos recluirnos, hay que ir adquiriendoprotagonismo y tomar como estrategia la plurinacionalidad para involucrar a todos losmovimientos internos de nuestros países”, aseguraba Bladimir Painecura, mapuche chileno.Otro de los dilemas que se debatieron una y otra vez en la Cumbre fue la relación entre los movimientos y los “gobiernos amigos” (pero no originarios) como el venezolano, el nicaragüense y el ecuatoriano. “Los indígenas buscamos mantener relaciones con aquellos Estados que nos sirven de enlace para que nuestras propuestas puedan ser consideradas en el ámbito internacional. Pero esto sólo puede ser posible cuando la agenda que se lleva adelante nos identifica, y eso>significa transformar al país”, explicaba Blanca Chancoso, dirigenta de la Confederación de>Nacionalidades Indígenas del Ecuador (CONAIE), y agregaba: “Nosotros nos declaramos vigilantes e independientes del gobierno de (Rafael) Correa. Sin embargo, existe una gran coincidencia en puntos como la instalación de la Asamblea Constituyente para refundar al país, la no firma del Tratado de Libre Comercio con EEUU y la oposición a la militarización de la frontera con Colombia. Son todos temas de agenda que hacen que tengamos que apoyarlo y avanzarjuntos”.
En el caso guatemalteco, cuya población indígena supera al 40 por ciento, la situación es distinta. Si bien la candidatura a las presidenciales del 9 de septiembre de Rigoberta Menchú, Premio Nóbel de la paz de 1992 en reconocimiento a su reivindicación de los pueblos amerindios, despertó el interés de la prensa internacional, pocas son las posibilidades reales de que obtenga un triunfo ya que según las últimas encuestas se encuentra en el cuarto lugar con un 2 por ciento de intención de voto. Su ausencia fue notoria en Cumbre y Marta Matzir, maya y organizadora del evento, lo relacionó con su escasa capacidad de convocatoria: “El problema de Rigoberta es que perdió a sus bases. Desde que ganó el Nóbel desapareció para la gente. Es significativo, sin embargo, que por primera vez una mujer indígena se lance a presidenta en este país que, después de 36 años de guerra interna, perdió a todos sus cuadros”.
Con el gobierno de Felipe Calderón y una izquierda dividida entre el liderazgo de Andrés Manuel López Obrador, el Zapatismo y el extendido conflicto de Oaxaca, en México el panorama se presenta también complejo. “El lema no es un discurso. Hace mucho ya que se está luchando por los espacios de decisión y hoy el primer reto es construir la coincidencia, cuya inexistencia en nuestro país pagamos caro” explicaba Delfino Juárez Toledo, de la Unión de ComunidadesIndígenas de la zona norte del istmo de Oaxaca.La representante del pueblo Huarpe y de la Organización de Naciones y Pueblos Indígenas de Argentina (ONPIA), Claudia Herrera, analizaba la situación nacional: “El Estado argentino tienegrandes deudas con nosotros. Kirchner todavía no nos ha atendido. Nos reciben del Ministerio de Desarrollo Social con una visión paternalista como si fuera una cuestión de indigentes. Nosotros le estamos pidiendo al Estado un diálogo profundo para que haya cambiosestructurales”.
Sin embargo, más allá de los matices nacionales que hacen de cada fenómeno una experiencia única y difícil de imitar, hubo un punto donde la coincidencia en la Cumbre fue rotunda. “El enemigo número uno son los yanquis; George Bush y su aparato militar, económico y político. Son el Banco Mundial, el FMI, las multinacionales a quienes entregan nuestros recursos naturales a precio de gallina muerta”, se enfurecía Juana Quispe, diputada boliviana por el Movimiento al Socialismo (MAS). Así fue como “Declaración de Iximche`” habló de capitalismo, ratificó el rechazo a los tratados de libre comercio (TLCs), condenó las políticas “del gobierno de Estados Unidos expresadas en la exclusión demostrada con la construcción del muro en la frontera con México” y denunció “las democracias impostoras y terroristas implementadas por los gobiernos neoliberales, que se traducen en la militarización de los territorios indígenas, la criminalización de las luchas indígenas y de los movimientos sociales en todo el Abya Yala”.
Pero no todo fue oposición; en Guatemala se constituyó también la Coordinadora Continental de las Nacionalidades y Pueblos Indígenas del Abya Yala para “enfrentar las políticas de globalización neoliberal y para luchar por la liberación definitiva de nuestros pueblos hermanos, de la madre tierra, del territorio, del agua y todo el patrimonio natural para vivir bien”.


Para Acción, segunda quincena de abril

La Cumbre indigena discute etnocentrismo o inclusión

Polleras amplias, zapatos con moños y los característicos sobreros, eternos equilibristas, diferenciaban a las cholas bolivianas de las descendientes mayas, distinguibles por su tokoyal (tela con la que envuelven sus cabellos y rodean sus cabezas) y el colorido de sus blusas. Entre ellas, se paseaban los negros garífunas de la costa atlántica centroamericana, y los representantes de México, Argentina, Uruguay y Brasil, entre otros, más modestos en su vestir. Este era el clima que se respiraba en la III cumbre continental de los pueblos y nacionalidades indígenas de Abya Yala (América, según la lengua de los kunas de Panamá) realizada en Iximche`, Guatemala, entre los días 26 y 30 del pasado mes y bajo el lema “De la resistencia al poder”.
Desarrollada en paralelo a la presencia de los Reyes de España en Guatemala, esta cumbre ya había sufrido otra sospechosa coincidencia dos semanas atrás, la visita del presidente norteamericano George Bush al templo maya elegido para el encuentro y que ameritó, en consecuencia, una ceremonia de purificación del lugar.
Durante los cinco días la agenda de los representantes de las 25 nacionalidades presentes, entre las cuales se destacaba la delegación boliviana y la presencia de su canciller, comenzaba con ceremonias espirituales a cargo de cada una de las regiones y continuaba con el trabajo en mesas de discusión, donde se priorizaban el debate y la democratización de las conclusiones, sobre temáticas como: tierra y territorio, autonomía, Nación, democracia, globalización, diversidad, plurinacionalidad, niñez y juventud indígena, organización y participación política de las mujeres, y estrategias y alianzas para la toma del poder.

Lemas y dilemas

La consigna de la cumbre, “De la resistencia al poder” abría una pregunta ineludible: ¿qué tipo de poder se está buscando? En la mesa de Globalización y oportunidades económicas, una muchacha ecuatoriana al ver que los panelistas basaban sus ponencias en la creación de mercados populares, la vuelta a la economía ancestral que no usa dinero y la organización de talleres sobre las implicancias del maíz criollo transgénico, dijo indignada: “¿es que de verdad piensa frenar a ese monstruo con esas salidas?, dejémonos de bobadas, queremos la administración de nuestro recursos naturales como en Bolivia. Nosotros debemos pensar en grande, ese también es nuestro derecho”.
Las tensiones entre quienes creen que la salida es la participación política en el juego democrático y quienes apuestan a una estrategia de mayor reclusión, más etnocentrista se notaba a cada paso. En la mesa “democracia, gobierno indígena y Estado Nación” dos hombres discutían: “el sistema que vivimos no es nuestro, otros son nuestro códigos y mecanismos, ése es nuestro primer problema. Esta democracia es excluyente, en Bolivia se ha conseguido el poder atentando contra los mecanismos de la democracia, no respetándolos”, decía uno; “el concepto de democracia esta más allá de esta formalidad que vivimos, es también social, educativa. Tenemos que pensar que vivimos en países donde también hay ladinos, no hay que ser esencialitas. Evo Morales llegó definitivamente por mecanismo democráticos”, respondía otro.
Estas discusiones se entienden dentro del marco de oportunidades que implicó para el movimiento indígena latinoamericano el ejemplo boliviano y que sin duda, marcó todo el desarrollo de la cumbre y de las conclusiones. “La toma de las decisiones no está en las movilizaciones, está en los Estados. Se avizora que hay que construir un poder diferente, alternativo frente a la crisis de nuestros países. La articulación con sindicatos, movimientos sociales, maestros, estudiantes, la Iglesia , va a permitir que construyamos un movimiento político que incluya a todos”, comentaba a Página 12 Miguel Quispe, miembro de la recién creada Coordinadora Continental de las Naciones y Pueblos Indígenas de Abya Yala por el Perú y conductor del evento. “Hay que participar en política, ser autoridades. El pueblo tiene que ser gobierno y actuar bien, no solamente los indígenas sufrimos, también las clases pobres de las ciudades, con ellos debemos unirnos en contra del aparato militar, político y económico de los yanquis, y de las transnacionales”, aclaraba Juana Quispe, diputada boliviana por el Movimiento al Socialismo (MAS).
En las conclusiones, sin embargo, este debate prácticamente no quedó plasmado y la postura participativa fue sin duda la ganadora; lo que se expresó en la “Declaración de Iximche`”, leída frente al Palacio de Gobierno en la capital del país tras la marcha del cierre de la cumbre a la que asistieron alrededor de tres mil personas. Se observa allí que, además de ratificar el derecho ancestral al territorio, la necesidad de avanzar en el derecho a la autonomía, la libre determinación y la soberanía alimentaria, se asegura como imprescindible afianzar las alianzas de los pueblos indígenas con los movimientos sociales para enfrentar a las políticas neoliberales, y consolidar los procesos impulsados para fortalecer la refundación de los Estados-nación a través de asambleas constituyentes, al mismo tiempo que rechazan los tratados de libre comercio, la política del gobierno de Estados Unidos por la construcción del muro en la frontera con México, el neoliberalismo, las transnacionales y las políticas asistencialitas del BID y el Banco Mundial.


Para Página 12, 1 de abril de 2007

“Los indígenas estamos construyendo alternativas propias”

Entrevista a Blanca Chancoso, dirigenta de la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador (CONAIE) y miembro de la Coordinadora Continental de las Naciones y Pueblos Indígenas de Abya Yala.

¿Cuál es el balance que usted hace de la Cumbre ?

Los casi 2000 hermanos y hermanas que de toda América vinieron al sitio sagrado de Iximche`, demuestra un avance en la convocatoria que nos permite visibilizar, reafirmarnos y unirnos en torno a temas puntuales. Un ejemplo de ello es el impulso que se nos dio a las mujeres al convocar, en el marco del próximo encuentro, a la primera Cumbre Continental de Mujeres Indígenas de Abya Yala.

Después de una semana de debate, ¿cuáles considera que son los principales puntos en la agenda política de los movimientos indígenas?

Por un lado que nos reconozcan como nacionalidades indígenas y que se termine con el racismo para que se vaya creando la consciencia. Luego, la reivindicación respecto de los territorios indígenas. Sobre este punto, hay que entender que no estamos hablando de crear nuevos Estados, sino de la necesidad del reconocimiento de nuestro derecho legítimo a existir como las Naciones que fuimos. Es por eso que luchamos por que los Estados se declaren plurinacionales.

El lema madre de la cumbre fue “De la resistencia al poder”. ¿Cómo piensan los movimientos indígenas, en este caso el ecuatoriano, llevarlo a la práctica?

No se trata de usurparle el poder a nadie, sino de construir el verdadero poder ejerciendo nuestros derechos desde los diferentes espacios. Hay que demostrar que no sólo resistimos y rechazamos, nosotros también avanzamos. Estamos construyendo alternativas propias, pero desde un poder verdadero.

¿Cómo es la relación hoy de la CONAIE con el gobierno de Rafael Correa?

Nosotros nos declaramos vigilantes e independientes del gobierno. Sin embargo, existe una gran coincidencia en puntos como la instalación de la Asamblea Constituyente para refundar al país, la no firma del Tratado de Libre Comercio con EEUU y la oposición a la militarización de la frontera con Colombia. Son todos temas de agenda que hacen que tengamos que apoyarlo y avanzar juntos.


Para Página 12, 1 de abril de 2007

Con pasaporte propio

Joe Kennedy nació en Estados Unidos, pero no se siente parte. Él se reconoce a si mismo como indígena y forma parte del Consejo Nacional de los Western Shoshone. Fue en ese carácter que participó la cumbre.
Como Shoshone, se siente agredido y dominado por su Estado que “no está Unido, sino Jodido”, bromea. Kennedy entiende que una de las principales batallas del movimiento indígena continental es la lucha por el reconocimiento de las Naciones en el ámbito local e internacional. Es por eso que desde el 2000 viaja por el mundo con el pasaporte de su pueblo y no con el estadounidense.
Así fue como ingresó a Guatemala marcando un hito histórico para el movimiento indígena ya que ésta fue la primera ocasión en que un país del continente americano acepta a una Nación no reconocida oficialmente por la Organización de las Naciones Unidas.
La primera vez que Kennedy logró utilizar el pasaporte fue en 2003 para ingresar a Ginebra, Suiza, a donde viajó para denunciar a Washington en las sesiones del Grupo de Trabajo sobre poblaciones Indígenas de la ONU. “EEUU tiene que frenar sus agresiones contra los Western Shoshone, y es por eso que fui a Ginebra a luchar por nuestros derechos”, asegura.


Para Página 12, 1 de abril de 2007

“Las revoluciones no se repiten”

Un peculiar retorno ocurre en Nicaragua. El Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), ese heroico partido que supo ser guerrilla, conquistó Managua en 1979, movilizó Centroamérica e inquietó al duro de Ronald Reagan, volvió al poder con el liderazgo repetido de Daniel Ortega. Sin embargo, un sombrío pragmatismo aprendido en los 16 años de oposición y las tres elecciones presidenciales perdidas hacen que hoy, después de haber triunfado con el 38 por ciento de los votos, esta vuelta no sea la misma.
“En los ochenta se partió de una toma armada para terminar con la dictadura. Nuestro gobierno estaba marcado por el modelo leninista, el respaldo militar de la URSS y la confrontación permanente con los Estados Unidos. Había además una estructura política organizada en vistas de determinados principios y con una mística revolucionaria. En la actualidad no es posible reproducir aquel modelo, todas las circunstancias variaron; las revoluciones no se repiten. Hoy sólo existe un proyecto de poder personal de Ortega, su esposa y sus hijos. Y lo que era un partido si no único, hegemónico, con una estructura vertical, pero muy grande, ha quedado reducido al poder de una familia. Así, el partido, la cúpula y la estructura que llevó adelante la revolución es hoy una casa desierta. Ese es el cambio más dramático”, aseguraba Sergio Ramírez, integrante de la Junta de Gobierno de Reconstrucción Nacional luego del derrocamiento de Anastasio Somoza y vicepresidente electo de Ortega en 1984.
Las dudas en torno al perfil ideológico de este nuevo gobierno son muchas en este país en el que el 80 por ciento de la población subsiste con menos de dos dólares diarios. Por un lado, el recuerdo de la última revolución socialista en América Latina, los años de guerra y “la arraigada tradición antiimperialista” entremezclado con el slogan de campaña “en reconciliación somos paz y progreso”. Por el otro, medidas aparentemente incompatibles como el ingreso de Nicaragua a la Alianza Bolivariana para las Américas (ALBA) y la firma de un Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos. ”La situación de Ortega sería más comprometida si no estuviera Chávez de por medio porque la esperanza de llevar a cabo programas sociales como Hambre cero, son cosas muy simples, pero muy difíciles en este país. Para cubrir de medicamentos los hospitales, pagar bien a los maestros, reparar las escuelas no hay dinero, y la llegada del Frente no crea mágicamente recursos para la agenda social. Entonces tiene que moverse en un espacio donde de un lado tiene la pared de Estados Unidos, y del otro lado la de Chávez, y no puede renunciar a ninguna. Tal vez el quisiera, estoy hablando de sentimientos no de realidades, estar con Chávez y que no haya TLC ni FMI. Es la nostalgia, pero eso no es posible”, analizaba Ramírez quien, desencantado de la “cultura verticalista” del actual FSLN, abandonó el partido en 1995 y fundó el Movimiento de Renovación Sandinista. Pero fracasó en las presidenciales de 1996 y desde entonces se retiró definitivamente de la vida política para volver a la intelectualidad. “Yo no diría que este gobierno es anticapitalista, y no lo digo con nostalgia ni con deseo de que lo sea porque creo que es un valor retórico ya que expropiar no está dentro de las perspectivas. Yo no quito que su deseo (el del FSLN) sea el de favorecer a las clases más desfavorecidas, pero la pureza de los ideales está deformada”.


Para Caras y Caretas, mayo 2007

“Respetamos al mercado y la empresa privada, pero no olvidamos lo social”

Nadie esperaba su nombramiento como Ministra de Trabajo de Nicaragua, sobre todo después de su alejamiento del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) en los 90. Aun así, lo cierto es que hoy Jeannette Chávez no sólo volvió al ruedo político sino que representa, aunque prefiera no reconocerlo abiertamente, al ala izquierda de su partido que volvió al poder el pasado 10 de enero de la mano de su histórico líder, Daniel Ortega. En esta entrevista Chávez asegura que su cartera ya no será pro-empleador, apuesta a que el Tratado de Libre Comercio (TLC) con EEUU sea de bajo perfil, confía en el Alternativa Bolivariana para las Ameritas (ALBA) y explica que si bien se conserva el enfoque social de los ochenta, este nuevo sandinismo respetará el libre mercado y la empresa privada.

¿Cuáles son las diferencias entre el modelo político y social que busca este nuevo gobierno sandinista y el de la revolución de 1979?

En aquella época había un claro enfoque en posturas socialistas, el Estado intervenía directa y claramente en la economía al centralizar, por ejemplo, el manejo de la banca y de los seguros. Ese modelo estaba definido en gran parte por la férrea oposición de los EEUU a nuestro proyecto.
Hoy se rescatan todos los principios del sandinismo de los ochenta pero desde una perspectiva totalmente distinta porque se parte de lo que se encontró. Hoy se rescatan todos los principios del sandinismo de los ochenta pero desde una perspectiva totalmente distinta porque se parte de lo que se encontró, el libre mercado y el respeto a la empresa privada. Aun así, conservamos el enfoque en lo social, que es lo que los gobiernos neoliberales han descuidado por su matriz de pensamiento y por los condicionamientos de los organismos financieros internacionales.

¿En qué se basará la política social de este nuevo gobierno?

Una redistribución de la riqueza cuando no la tenés es una redistribución de la miseria. Hoy como gobierno no tenemos una economía lo suficientemente fuerte como para hacer todo lo que queremos. La redistribución de la riqueza sí se podrá ver a través de los programas sociales de acceso gratuito a salud y educación, dirigidos claramente a los sectores populares, los trabajadores y los campesinos; y en la medida en que los sectores privados vayan tomando confianza en el gobierno. Porque no se trata de afectarlos de ninguna manera, ni de crearles situaciones como las confiscaciones, ni de arrebatarle lo que ellos tienen. Se trata de que con responsabilidad social inviertan y compartan.

¿Desde el Ministerio de Trabajo cual será la política que llevarán adelante?

Antes el Ministerio era pro-empleador. Nosotros hoy decimos que buscamos que la ley se aplique sin identificar como un adversario al empleador porque entendemos que es parte de la economía. Para que haya empleo tiene que haber inversiones y el Estado en su actual situación crítica no lo puede crear.

¿Cómo piensa que afectará el TLC con Estados Unidos a los derechos de los trabajadores?

El TLC está negociado y se va a respetar, pero creo que va a ser de bajo perfil. No veo la posibilidad de que vayan a venir masivamente las empresas norteamericanas; lo van a pensar. Lógicamente, el que quiera venir va a encontrar reglas en base a lo firmado, pero se va a encontrar también con que vamos a luchar por el respeto de nuestros trabajadores. Porque si bien el FSLN votó por la aprobación del tratado en la Asamblea, fue el que más preocupado estuvo para que en la negociación se garantizaran los derechos de los trabajadores. En este sentido es que el ALBA puede ser un contrapeso, una alternativa distinta. Allí hay un sentido de solidaridad más que de lucro.

Para el diario argentino Pagina 12, 31 de Marzo de 2007

Dólares y barriles desde Caracas

De dónde sacará Ortega los recursos para llevar adelante la agenda social prometida parece ser la pregunta que más inquieta. Entre las respuestas se encuentra un denominador común: la ayuda venezolana. En los primeros días de gobierno sandinista, el presidente Hugo Chávez ha anunciado un magnánimo paquete de colaboración en materia energética. Este incluye un envío de diesel y bunker del 30 por ciento del consumo nacional a precios de mercado, pero a intereses y plazos concesionales, y tres megaproyectos: un oleoducto, un gasoducto y una refinería de 1500 millones de dólares de inversión y una capacidad para procesar 150 barriles diarios en dos o tres años.
Si a esto se le suma la promesa del envío de varias plantas generadoras de electricidad y la construcción de una carretera de 500 km para unir el Atlántico con el Pacífico –tocando así dos problemas fundamentales en Nicaragua, la crisis energética y la falta de infraestructura–, el perdón de la deuda de Managua con Caracas (unos 33 millones de dólares), la colaboración con la construcción de 200 mil viviendas populares en los cinco años de mandato y el recurso financiero de 20 millones de dólares en créditos a bajos intereses para los productores rurales, este apoyo toma verdaderas dimensiones.
En el contexto de una profunda crisis económica y social del país, la importancia de estas inversiones, concesiones y colaboraciones es indiscutiblemente positiva. Aun así, como señalaba el sociólogo y docente de la Universidad Centroamericana Manuel Ortega Hegg, existe un potencial factor contraproducente: “La ayuda venezolana puede tener un efecto perverso. Lo bueno es que el país requiere solidaridad de donde venga y si es petróleo mejor, porque este país tiene una estructura económica extraordinariamente sensible a los cambios internacionales y a los fenómenos naturales. Pero, por la alianza de Ortega con los poderosos sectores económicos nacionales, puede que exista la tentación de no hacer los cambios fundamentales en la distribución de riqueza interna, que los programas sociales se monten sobre la base de cooperación internacional y no sobre los cambios urgentes que se necesitan como por ejemplo la reforma tributaria”.
Este mecanismo de redistribución sin afectar intereses significaría para Ortega una buena gestión de cara al 80 por ciento de la población que sobrevive con menos de dos dólares diarios, ya que haría hincapié en sus necesidades en salud y educación, al mismo tiempo que se mantendría el statu quo de los grandes grupos económicos, sandinistas y no.
Aun así, hay quienes creen que el apoyo venezolano no permitirá evadir las tensiones de sus dos aliados y el modelo de pactar con “dios y con el diablo” entrará en colapso: “Hay una apuesta a que el subsidio económico masivo de Chávez le daría los recursos extraordinarios para desarrollar programas de asistencia social en salud, educación, hambre 0, sin hacer reformas de fondo y sin afectar al gran capital. Pero, ¿puede esa asistencia suplantar el hacer otra clase de reformas estructurales? Yo creo que no, tenés que tocar intereses aunque no quieras hacerlo, todos los economistas coinciden en eso”, explica Chamorro.
Más allá de esto, queda pendiente la pregunta acerca de las exigencias de Chávez como contrapartida. Todos los especialistas coinciden en que la presión será en materia de política exterior, área donde Ortega ha mostrado amplias cualidades en la década del ’80. Pero hoy la situación es otra y el discurso de reconciliación y de paz le habla también a Estados Unidos. Y es por eso que el ingreso de Nicaragua al ALBA va acompañado de un Tratado de Libre Comercio con EE.UU. de “bajo perfil”, como señalan los funcionarios del ala izquierda del gobierno. No hay que olvidar que las remesas provenientes del país del Norte son una fuente fundamental de ingresos.


Para el diario argentino Página 12, 3 de Marzo de 2007

“Ortega es neoliberal”

Eduardo Montealegre, ex candidato a presidente de la Alianza Liberal Nicaragüense que enfrentó a Ortega en la últimas elecciones, no avizora la unidad de la derecha en el futuro inmediato.
–¿Por qué le parece que volvió el sandinismo al poder?
–Por culpa de Arnoldo Alemán, que es sandinista. Porque permitió disminuir el porcentaje para no ir a una segunda vuelta, del 45 al 35 por ciento. El 62 por ciento de la población no quiere a Ortega. No es un fenómeno, no hay entusiasmo, todo lo contrario.
–¿Su triunfo se debe al fracaso del modelo neoliberal?
–Yo me remito a los hechos. Si usted ve la propuesta del presupuesto nacional que se está discutiendo hoy en la Asamblea, se ve que no existe ninguna reorientación, que se está manteniendo el modelo. Ortega también es neoliberal.
–¿Qué modelo cree que tiene este Frente y cuál es el que propone ALN?
–Así como en la década del ochenta trataban de copiar al régimen de Castro, hoy están tratando de hacer lo mismo con Venezuela. Nosotros queremos aplicar un modelo liberal abocado a la libertad del individuo.
–¿Qué le parece la gratuidad en salud y educación que está llevando a cabo el Frente Sandinista?
–Me parece que es un populismo barato, que lo único que hace es que en vez de subir a alguien, bajemos todos al mismo nivel. Yo entiendo que es un problema muy serio, que hay un déficit enorme, pero así no se soluciona.
–¿Piensa en la unificación con Alemán y el Partido Liberal Constitucionalista?
–La unidad no pasa por Alemán, jamás me sentaré a hablar con él. La unidad se hace en base a criterios, valores.

El sandinismo del siglo XXI

Managua es una ciudad desolada, sin centro, transeúntes ni direcciones, pero con terrenos baldíos y una eterna brisa. En una de sus plazas, la de la Revolución, se levanta heroico el monumento de un combatiente que lleva un pico en su mano derecha y un fusil en la izquierda. “Sólo los obreros y los campesinos irán hasta el fin”, dice su placa firmada por el sandinista Frente Nacional de los Trabajadores. Exactamente enfrente, otro cartel rosado, celeste y amarillo, actualiza el debate: “En reconciliación somos paz y progreso. Con Daniel, Nicaragua triunfa”.
Es que el histórico comandante Daniel Ortega, el mismo que protagonizó la mítica revolución contra la dictadura de la dinastía Somoza en 1979, hoy es nuevamente el presidente de Nicaragua, pero en circunstancias muy distintas. “En los ’80, el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) era un partido con un liderazgo colectivo y una visión transformadora. Actualmente es un instrumento de transmisión no deliberativo, un partido tradicional con una cuota de poder, con una retórica populista y un liderazgo caudillista basado en Ortega y su esposa, Rosario Murillo, que desde el nuevo y controvertido Consejo de Comunicación y Ciudadanía es percibida como copresidenta del país”, explicaba el ex sandinista Carlos Chamorro, hijo de Violeta Chamorro, quien en las elecciones de 1990 venció, con el apoyo de EE.UU. y la promesa de terminar con la guerra de ocho años, al FSLN.
Por la concentración de poder y el profundo silencio que en este mes y medio se mantuvo desde el Ejecutivo, el modelo económico-social de este nuevo gobierno es todavía confuso. Hasta ahora, la estrategia ha sido ubicar la izquierda del FSLN en el gabinete social y el sector agropecuario y a los empresarios del partido en las áreas de administración económica. Así, esta primera división ministerial en donde conviven empresarios, sindicalistas, intelectuales, activistas sociales y ex militares, no permite ninguna consistencia ideológica. “Lo que todos tienen en común es que son hombres de absoluta confianza de Ortega”, sostuvo el ex vicepresidente en 1985, Sergio Ramírez.
Y esto se explica porque el modelo político que fue expuesto se basa en una concentración del poder en manos de Ortega y Murillo. Como señalaba el jefe de bancada del opositor Movimiento de Renovación Sandinista (MRS), Victor Hugo Tinoco: “En el FSLN actual o danielismo, como nosotros lo llamamos, hay una concepción instrumental de la democracia; no hay un compromiso con la libertad de prensa como categoría política positiva, de democracia interna del partido. Además de que ha desaparecido la ética por el enriquecimiento personal de sus dirigentes y las alianzas con la derecha más corrupta.”
Tinoco se refiere al voto del Frente en octubre de 2006 a favor de la penalización del aborto terapéutico a cambio del apoyo de la cúpula clerical y a la elección de Jaime Morales Carazo, uno de los negociadores de la contra, como vicepresidente y al pacto con el ex presidente Arnoldo Alemán, quien fue condenado a prisión por corrupción en su gobierno. En términos concretos, este famoso pacto de 1999 implicó el reparto entre el FSLN y el Partido Liberal Constitucionalista (PLC) de varios espacios institucionales y una reforma a la Constitución que permite el triunfo en primera vuelta con el 35 por ciento de los votos y no con el antiguo requisito del 45 por ciento. Así fue cómo Ortega con su voto duro del 38 por ciento se alzó con la victoria, después de haber perdido en las últimas tres contiendas electorales.
Pero, sobre todo, este pacto significó la ruptura del Partido Liberal, lo que para muchos es el primer elemento a destacar como explicación de la victoria. Hoy, el renacer político de Alemán impulsado desde el Ejecutivo es un obstáculo en la unificación, ya que el líder de la Alianza Liberal Nicaragüense (ALN), Eduardo Montealegre, apoyado según el vocero del PLC Leonel Teler por EE.UU., se niega rotundamente a cualquier tipo de acercamiento (ver recuadro).
Para la mayoría de las bases sandinistas, sin embargo, estas alianzas son sólo la manera que se encontró para acceder al poder y retomar el programa político de los ochenta. “Todo eso de las alianzas y el pacto es la estrategia. Nosotros, como sandinistas, nunca te vamos a decir lo que pensamos realmente. Este es nuestro voto de confianza”, señalaba César Urbina o Julio, su nombre de guerra, ex combatiente de la ciudad de Granada.
Pero no todos opinan lo mismo. “El sandinismo no puede dar lo que dio en esa época y parece que las tres derrotas lo obligaron a cambiar. Pero el FSLN es la mejor opción comparado con la derecha, porque son más conscientes de la necesidad del pueblo pobre”, dice Pablo Centeno, presidente de la Asociación La Garnacha, una comunidad fundada sobre los restos de una cooperativa en los ’80.
Esta expectativa se explica por los resultados del abandono de 16 años de gobierno neoliberal (que tiene como consecuencia un 79,9 por ciento de la población que vive con menos de dos dólares diarios, un 45 por ciento en condición de pobreza extrema y un promedio de desigualdad que, según los índices de Gini, está por encima del promedio latinoamericano, cuando este continente es el más desigual del mundo) en comparación con el recuerdo del gobierno sandinista de las campañas de alfabetización (que se calcula que bajó del 50 al 12 por ciento el analfabetismo) y de la gratuidad en salud y medicamentos. “Probablemente va a haber un cambio en la agenda social, sobre todo en las áreas de educación y salud y en la redistribución de la riqueza. Eso y honestidad ya garantiza una buena gestión en este país”, señala el periodista William Grisby.
Esa expectativa genera en muchos, como Grisby, un halo de optimismo. “El Frente no es un paraíso, pero todo el movimiento popular está ahí, en el resto no hay nada. Por afuera fracasamos. Estamos ante una oportunidad histórica, si no la aprovechamos ¿Qué nos queda?”.

Sunday, February 11, 2007

Dudas y certezas sobre la ampliación del Canal de Panamá

Fue arrollador, el 78 por ciento de los panameños votó por el Sí en el referéndum del pasado 22 de octubre que consultaba sobre la propuesta de ampliación del Canal de Panamá. Así, un mega proyecto que costará según estimaciones oficiales 5.250 millones de dólares y duplicará la capacidad del canal por donde se mueve más del 4 por ciento del comercio marítimo mundial y el 69 por ciento del estadounidense, se realizará mediante un tercer juego de exclusas, la mayor reforma estructural a la obra que fue una de las proezas de la ingeniería del siglo XX.
Los defensores de la expansión, entre los que se encuentran el presidente Martín Torrijos y la entidad gubernamental autónoma responsable de la administración y el mantenimiento del paso, la Autoridad del Canal de Panamá (ACP), estiman que estará lista para el 2014 o el 2015. La necesidad imperiosa de que el proyecto prosperara se debía a que, ellos aseguran, entre el 2009 y el 2012 el canal coparía su capacidad máxima sostenible debido a que la actual expansión económica mundial está incrementando el comercio entre el Atlántico y el Pacifico y en consecuencia las empresas navieras aumentan la construcción de barcos Postpanamax (de los que existen actualmente 300 en el mundo) demasiado grandes para la vía interoceánica. Las autoridades del canal sostienen que las obras serán costeadas mediante el incremento de los peajes a los clientes, con alzas de 3.5 por ciento como promedio anual en un lapso de 20 años, la primera de las cuales será en este 2007. En el mismo sentido, el canciller Samuel Lewis manifestó que el plan “va a ser pagado por el mundo”. Sin embargo, no todos están de acuerdo.
A tres meses del referéndum, la sensación callejera es de desinterés con respecto al futuro del bien nacional más preciado. El capitán Arosemena de la policía turística capitalina votó por el Sí, pero con dudas: “No me opongo a la modernización, pero no confío del todo en que la ampliación no sea un negocio”, decía.
El diario Crítica, ya el 29 de abril de 2004, titulaba: “Llegaron las fabulosas máquinas para agrandar el Canal”. La empresa de alquileres y servicios COAMCO, cuyo presidente es Guillermo Quijano, miembro a su vez de la Junta Directiva de la ACP , ya estaba trayendo maquinaria para el proyecto todavía no decidido. En la página web del Grupo CUSA, líder nacional en proyectos de construcción de infraestructura, se podía leer desde antes del referéndum: “Panamá proyecta inversiones de gran escala en el desarrollo de antiguas áreas militares y nuevos embalses para el mejoramiento del Canal”. El accionariado del grupo CUSA reposa mayoritariamente en manos de la familia de Alberto Aleman Zubieta, quien antes de ser administrador de la ACP dirigía dicha compañía.
Otro de los puntos conflictivos es el de los embalses. En 1999, en un sorpresivo y acelerado acto realizado por al Asamblea Legislativa el último día de su período constitucional de sesiones, se amplió la cuenca del Canal de 339 mil 649 hectáreas a 552 mil 761, cerca del 7 por ciento de todo el país. Cuando los campesinos residentes en los territorios de la cuenca ampliada se enteraron de que la aprobación de dicha ley apuntaba a la construcción de nuevos embalses para alimentar de más agua al proyecto de nuevas exclusas del canal (el canal requiere de 52 millones de galones de la muy escasa agua dulce por cada barco) cuestionaron fuertemente al plan. De allí surgió la Coordinadora Campesina Contra los Embalses (CCCE), que nuclea a los campesinos de las zonas aledañas a Colón, Coclé y Panamá. “Dicen que si no se amplía el Canal éste se volverá obsoleto. ¿Y qué?, el canal ha sido obsoleto para nosotros los campesinos desde el principio porque no hemos recibido ningún beneficio de ese Canal”, explicaba uno de ellos.
La CCCE no es la única organización que se opone a la ampliación, también están el Frente Nacional por la Defensa de los Derechos Económicos y Sociales (FRENADESO) y hasta Cáritas. Desde FRENADESO, que según un indígena del norte panameño es “un conglomerado de gente que le hace difíciles las cosas al gobierno”, denuncian lo que ellos consideran las “tres grandes mentiras” de la ACP. Por un lado cuestionan el secretismo con el que se maneja la entidad, por el otro discuten que el proyecto genere 3.500 o 4000 empleos directos (muchos de los cuales serían para extranjeros), 40.000 empleos indirectos y 252.000 paralelos como afirma la empresa. Pero el punto principal es que, aseguran, el costo no será de 5.250 millones de dólares, sino de 6.600 millones por el cobro de los intereses de los préstamos. Otro de los argumentos es que el Estado panameño dejará de percibir en 2007 al menos 119,7 millones de balboas (o dólares) luego de que la Junta Directiva de la ACP decidiera crear una reserva con ese monto para iniciar los trabajos de este año. La ACP se defiende explicando que la ley 28 garantiza que los aportes del Canal al Tesoro Nacional sumarán como mínimo 548,8 millones de dólares ya que los pagos por excedentes no podrán ser inferiores a los entregados en el año 2005, mientras las transferencias en concepto de derecho de tonelada no serán menores a las del año 2006.

“Omar Torrijos, eres el panameño del siglo XX que rescató nuestra soberanía”, indica un cartel en las cercanías del canal. Fue gracias a las gestiones del padre del actual presidente que finalmente el 31 de diciembre de 1999 los EEUU entregaron el control del Canal a Panamá (ver recuadro). Sin embargo, a partir de esa fecha no fue directamente el Estado el que tomó las riendas, sino la autónoma ACP creada para garantizar el adecuado funcionamiento de la vía y para alejarla de las veleidades de la política local. Desde ese momento a hoy, más de mil millones de dólares entraron en las arcas públicas, mucho más que durante los 85 años de administración norteamericana.
Si bien los EEUU ya no manejan el destino del Canal, ahora por medio del Tratado de Libre Comercio (TLC) intentan obtener beneficios de la ampliación. “Nos interesa bastante que a través del TLC encontremos oportunidad de participar en el proceso”, declaró la jefa negociadora del tratado por los EEUU, Regina Vargo. El TLC prevé el establecimiento de normas comunes de inversión, la protección de la propiedad intelectual, así como la eliminación progresiva de la mayoría de los aranceles mutuos y otras barreras arancelarias cuando un 95 por ciento de los productos panameños actualmente no pagan aranceles al entrar en EEUU gracias a varios programas de preferencias. El acceso de compañías estadounidenses a los contratos de la ampliación fue un obstáculo en las negociaciones, ya que el gobierno de Panamá no quería dar la impresión a sus conciudadanos de que devolvía el Canal a los EEUU. El arreglo final, entonces, fue reservar un 10 por ciento de esas obras para empresas panameñas.
Sin embargo, todas estas líneas argumentativas se mantienen al margen de una población que no ve al canal como un recurso capaz de resolver el 40.5 por ciento de pobreza ni los alarmantes niveles de redistribución de la riqueza - de cada cien dólares que se producen en Panamá, 70 centavos van para los 300 mil más pobres mientras que 44 dólares van para los 300 mil más ricos- que convierten al istmo, junto con Brasil, en uno de los países con peores índices del continente más desigual del mundo, según el PNUD. Es por eso que, como Jorge, taxista de la ciudad de Panamá, muchos aceptan resignados que “la expansión va porque va”.



Recuadro :

Panamá y el Canal

La cintura más angosta del continente americano se hizo famosa por una obra considerada por muchos como la octava maravilla del mundo moderno: El Canal de Panamá. Su faraónica construcción tardó 10 años y necesitó de más de 75.000 obreros venidos principalmente de las Antillas y de Europa, muchos de los cuales murieron a causa de la malaria, la fiebre amarilla y otras enfermedades o accidentes. Es entonces que desde su inauguración, el 15 de agosto de 1914 se convirtió en el principal referente nacional y la evolución de la historia panameña se centra en la esperanza de sacar provecho de la vía interoceánica.
Fue siempre una obsesión de la grandes potencias mundiales la búsqueda de un paso entre el Atlántico y el Pacifico que no obligar a sus buques a cruzar por el Cabo de Hornos, en el sur argentino. La primera solución fue un ferrocarril construido en 1855 por EEUU y autorizado por Colombia. Este tratado otorgaba a los norteamericanos el derecho de transitar libremente por el istmo y de proteger la línea con fuerzas militares propias.
En aquel entonces, Panamá era una provincia colombiana y en su capital, por decisión de Simón Bolívar, se había realizado del 22 de junio al 15 de julio de 1826 el famoso congreso anfictiónico que buscaba la consolidación de la Patria Grande Latinoamericana. Pero fracasó y el 3 de noviembre de 1903 con el apoyo explícito de los EEUU Panamá se independizó. La razón fue el control del Canal.
A quien primero se le ocurrió la idea del paso y ordenó que se investigara la posibilidad fue al rey Carlos V de España. Hubo que esperar sin embargo hasta 1878 para que el gobierno colombiano otorgara el primer contrato de construcción. El beneficiario fue Lucien N. B. Wyse, quien a su vez lo vendió al diplomático francés Ferdinand de Lesseps, el contratista y constructor del Canal de Suez. Las obras comenzaron en 1880, pero los 22.000 obreros muertos, los insuperables problemas de construcción y una mala administración financiera arrastraron en 1889 a la compañía a la bancarrota. EEUU tenía dos opciones: o construía un paso propio por Nicaragua o se adueñaba del existente. Los franceses, sin chances de concluir la obra, acordaron vender la concesión, pero Colombia, empantanada en su guerra civil, se negó. Y así sucedió la independencia.
El 18 de noviembre del mismo 1903 se firmó, viciado de legitimidad, el tratado entre el autoproclamado representante del gobierno panameño en EEUU, Philippe Bunua-Varilla y el subsecretario de Estado, John Hay que le otorgaba a los estadounidenses “derechos soberanos a perpetuidad en la Zona del Canal”, un área que se extendía a 8 km a cada lado de la vía.
En 1936 el tratado Hay-Bunau-Varilla fue reemplazado por el Hull-Alfaro. Allí los EEUU renunciaron al derecho de usar tropas fuera de la Zona del Canal y de apropiarse de tierras cercanas. También se elevó la suma anual pagada a Panamá.
Fue recién el 7 de septiembre de 1977 cuando ambos gobiernos suscribieron los tratados Torrijos-Carter (del Canal de Panamá y de la Neutralidad de la vía) que los norteamericanos aceptaron una paulatina retirada de sus tropas del territorio panameño, la apertura y la neutralidad del canal para todas las naciones en la paz y en la guerra y la entrega efectiva de la propiedad y el control total del Canal a Panamá el 31 de diciembre de 1999.
El 20 de diciembre de 1989 los EEUU invadieron Panamá militarmente en la misión que dieron a conocer como “Causa Justa”. En el istmo quien mandaba era el dictador y ex agente de la CIA , Manuel Noriega, quien se le había ido de las manos a los estadounidenses. El presidente George Bush, con la excusa de un marine norteamericano desarmado asesinado por soldados panameños decidió la invasión en lo que fue una prueba bélica para la posterior guerra del Golfo. Los objetivos fueron cuatro: a) proteger vidas americanas, b) mantener la seguridad del Canal, c) restaurar la democracia en Panamá y d) capturar a Noriega para llevarlo ante la justicia.
“Fueron pocos días y fue muy fácil para ellos. Con la presencia de bases en el territorio no hizo falta un desembarco clave. El ataque fue simultáneo y sincronizado desde aviones. Yo pelee para defenderme porque ellos tiraban, pero no había causa por la que pelear”, comentaba un policía local. Los estadounidense capturaron a Noriega y dejaron el poder en manos de Guillermo Endara quien había ganado realmente las últimas elecciones. El temor de fondo era que se pospusiera el tan añorado paso de la propiedad del Canal al Estado panameño.


Para la revista argentina Acción, febrero 2007

El Aleph colombiano

Un sendero entre la abundante vegetación y la perseverante lluvia conducía al corazón de una selva cada vez más densa. Ahí adentro, sin pedir permiso, una piscina de hojas de coca, un par de barriles de gasolina, dos hombres revolviendo y un techo de nylon daban cuerpo, en menos de 25 m2 , a un laboratorio de cocaína. La rusticidad del lugar era sólo comparable con la obscena ilegalidad que todo implicaba y por la que nadie mostraba preocupación. El guía y dueño era Adán, un hombre de unos 50 años, afable y de pocas palabras. Con su cruz dorada en el pecho, su eterno cigarrillo y una serenidad intimidante, explicó el proceso de producción de la “pasta base” paso a paso, por más de una hora.
Esta escena en la Sierra Nevada de Santa Marta, Colombia, distaba radicalmente de las innumerables tomas de exceso, violencia y tensión que Hollywood le dedicó al tema. Camuflada detrás de un ameno trekking de 6 días a la Ciudad Perdida de los indígenas Tayrona, se escondía una circunstancia que contenía al histórico conflicto colombiano en su cotidianeidad. Una especie de Aleph nacional, donde confluían el narcotráfico, los paramilitares, la guerrilla, el Estado, las culturas indígenas y el turismo, al alcance de cualquiera por 20.000 pesos colombianos (8 dólares).
Factorías como la de Adán constituyen la base campesina de un entramado de poderes que funciona en la región. Su trabajo consiste en el cultivo de coca y el posterior procedimiento de elaboración de la pasta base en los humildes laboratorios dentro de la selva o en sus propias cocinas. Los pasos a seguir, contaba Adán, son pocos, breves y simples. Las hojas de coca, por ejemplo, se utilizan sólo en una primera etapa en la que se las pisotea junto a cal y sal hasta volver todo un solo polvo. Luego se lo mezcla con gasolina, se lo filtra, se junta el líquido y se descarta el resto.
Más tarde vendrá una sucesión de productos químicos como ácido lisérgico, pergamanato, y soda cáustica (“esa que se usa para limpiar los baños”) antes de llegar a la crema húmeda, blanca y arenosa que es la pasta base. Este producto se lo venden a “los narcos” en Machete Pelao, el último pueblo al que llegan los vehículos a tres horas de ahí.
Para alcanzar la tan preciada cocaína sólo hace falta pasar la pasta base por la acetona; pero “esa la tienen en otro lado – agrega Adán - los muchachos con armas por seguridad. Es que con eso se pueden hacer bombas”. Esos muchachos son, además, los encargados de pagar “los impuestos” a las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), el grupo paramilitar que ostenta el actual control regional. Esta última instancia es una novedad. Antes de la desmovilización paramilitar de 2003, el control absoluto y monopólico de la cocaína y la marihuana lo ejercía el grupo armado. Hoy el juego de la (casi) libre oferta y demanda hace que los precios suban: “Ahora que no les tenemos que vender sólo a los enviados de los paras, podemos negociar en mejores condiciones. De los 2.500.000 pesos (más de 1000 dólares) que vendemos el kilo nos quedan 500.000 de ganancia”, comentaba Alberto, otro productor campesino.
Por último, como señalaba Umaña, uno de los tantos policías que patrullan día a día la zona, “se saca el producto con los barcos bananeros que se dirigen hacia Europa y Estados Unidos. Combinar monte y costa es la principal ventaja de la Sierra para el tráfico de drogas”.
La sorpresa contrastaba con la parsimonia con la que Adán respondía las preguntas y sonreía para las fotos. Él, quien hace esta excursión hace 4 años y se jacta de estar en Internet, no pide credenciales, no indaga ni teme.
-¿No cree que haciendo el tour del laboratorio con cualquier turista es demasiado el riesgo y la exposición a la que se somete?
-Nunca tuve problemas. Al Ejército no le interesa porque ellos patrullan buscando a la guerrilla. Esa es tarea de la policía antinarcóticos que sí sobrevuela la zona, pero no ven nada por los árboles. Si vieran, pararían y …” Adán prendió repentinamente el encendedor para darle fuego a su enésimo cigarrillo.

El mito de los dos demonios

“Yo trabajo con los paramilitares y es por eso que si viene la guerrilla voy a tener problemas. Me van a obligar a que diga cómo trabajan y dónde están los cabecillas para no matarme. Eso haría que me gane el odio de los paras porque acá se puede estar con uno o con otro, nunca con los dos “. Esta declaración de Adán sustenta la hipótesis del gobierno acerca de la utilización de la sociedad civil y de sus bienes como blanco de ataque en el conflicto armado.
La teoría de “la sociedad civil entre dos fuegos” o “guerra contra la sociedad” como concluyeron en un documento treinta prestigiosos intelectuales europeos dedicados al tema, conlleva la idea de que el conflicto se mantiene ajeno a la gente. Como señala Javier Giraldo en su articulo “Colombia, ¿continuará la violencia?”, esta hipótesis va de la mano con “la imagen que se le ha vendido al mundo del conflicto colombiano, la del clásico enfrentamiento entre dos demonios que quieren eliminarse mutuamente, pero cometen el gran pecado de poner como escudo a la sociedad civil, la cual no tiene ningún interés en ese conflicto y se ha convertido en víctima inocente de la insania infernal de los violentos. Esos dos demonios son: la guerrilla y los paramilitares. El Estado quiere proteger a su sociedad civil de esa guerra absurda, pero sus recursos son tan limitados, frente a unos actores violentos que se nutren de las exorbitantes riquezas del narcotráfico, que se hace necesaria la solidaridad internacional, para que incluso intervenga militarmente en la solución del conflicto, ya que está de por medio el delito internacional de narcotráfico fusionado con el de terrorismo.”
Siguiendo esta línea, es importante aclarar que si bien es cierto que 3 millones de desplazados a nivel nacional –que sólo Sudán supera en el mundo- y los innumerables índices de homicidios, secuestros extorsivos y masacres dan cuenta de una victimización creciente de la población afectada; entender la guerra desde una visión simplemente dicotómica que divide entre buenos y malos no permite abarcar la complejidad del tema. Bajo ese parámetro se pierden los matices y la forma microfísica en que se maneja el poder de los grupos armados; se pierde de vista la subjetividad y las vivencias de los individuos involucrados.
En este sentido, apelar a los orígenes de este conflicto histórico y rural permite una mejor caracterización del mismo en la actualidad. Si la búsqueda es por los inicios, se debe comenzar con una muerte. El 19 de abril de 1948 fue asesinado el líder popular y candidato a la presidencia por el Partido Liberal, Jorge Eliécer Gaitán. Esto desencadenó una insurrección popular, “el Bogotazo”, que luego se trasladó al área rural y dio comienzo a una guerra de nueve años entre el partido del dirigente y el Conservador.
Aunque en 1957 se dio por finalizado el conflicto mediante el acuerdo del “Frente Nacional” que determinó la alternancia en el poder de ambos partidos, no se pudieron resolver dos problemas fundamentales. El primero de ellos es que muchos guerrilleros liberales no se desmovilizaron sino que por influencia del Partido Comunista, se pasaron a las filas del marxismo. Como explicaba Enrique Daza, psicólogo especialista en la violencia en Colombia: “Las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia) se crean por decisión del Partido Comunista colombiano. La figura era hacer guerrilla en el campo como la de Cuba y en la ciudad hacer reformismo como el de (Salvador) Allende. Ellos lo llamaron la combinación de todas las formas de lucha”.
El segundo problema sin resolver, aun más fundamental fue, como señala el ex M-19 y actual dirigente del Polo Democrático Alternativo, Antonio Navarro Wolf, “el de la marginalidad del campesinado colombiano. Existe una gran concentración de la tierra rural en manos de terratenientes, que nunca se ha resuelto y al contrario, ha aumentado en el último tiempo. Ella condujo a miles de campesinos a emigrar a zonas marginales de la cuenca del Amazonas y otras zonas selváticas fuera de la frontera agrícola, donde inicialmente sembraban cultivo de supervivencia, y en los últimos 25 años se han dedicado al cultivo de coca. Allí está la base social de las actuales guerrillas”
Esta perspectiva rural propuesta por Wolf permite entender una característica básica del conflicto: la guerrilla más vieja del mundo que llegó a contar en sus filas con 40 mil hombres y los grupos paramilitares que la combaten, están compuestas en gran parte por campesinos, que, como Adán y Alberto, encuentran en ellos una contención que el Estado no supo dar. Si se tiene en cuenta este factor, la política de confrontación impulsada desde el gobierno reelecto de Álvaro Uribe Vélez no parece poder llegar a buen puerto a largo plazo.
Como contrapartida desde la oposición, el Polo Democrático Alternativo, en voz de Wolf, nos habla del abandono de algunos de los mitos fundamentales desde donde se interpreta la realidad colombiana: “ 1) Si se acaba el narcotráfico se acaba la guerrilla, 2) el conflicto es terrorista, 3) la guerrilla será derrotada inexorablemente si se continúa con la estrategia militar, 4) Colombia sola puede resolver el problema”

El caso de la Sierra Nevada.

La Sierra Nevada de Santa Marta, donde convergen los departamentos de Magdalena, Cesar y La Guajira, constituye un escenario de disputa del conflicto armado desde 1980 cuando junto con la llegada de la guerrilla y como una alternativa de seguridad de la propiedad privada, se conforman por orden de los terratenientes de la zona los primeros grupos paramilitares bajo la dirigencia de Hernán Giraldo y con el nombre de “autodefensas del Mamey”.
No es sino hasta 1997 que las AUC entran en la región y negocian con las antiguas estructuras paraestatales la conformación del Bloque Norte, comandado inicialmente por Salvatore Mancuso (quien junto a Carlos Castaño son los principales referentes del grupo armado) y posteriormente por “Jorge 40” Este poder, que contaba con el apoyo de diversos sectores de la costa caribeña, incidió de manera definitiva en la instauración de un orden social y político que coexistía con un aparato estatal debilitado y que tradicionalmente no llega a las zonas más recónditas. Como resultado, el poder que la guerrilla ejercía hacia veinte años se vio debilitado, y en consecuencia se vieron forzadas a replegarse en las zonas más altas de la Sierra.
Este enfrentamiento se basaba en consideraciones estratégicas de las autodefensas: interrumpir la movilidad que las FARC tenía entre la Serranía del Perijá, la Sierra Nevada de Santa Marta y la Ciénaga grande del Magdalena; así como también apropiarse de los recursos del narcotráfico de la zona (que según declaraciones de “Jorge 40” aporta el 34 por ciento del financiamiento del grupo armado), la protección a ganaderos, bananeros, palmicultores, la industria de explotación del carbón y el contrabando y venta ilegal de gasolina desde la frontera con Venezuela, país en el que el litro oscila entre 70 y 100 bolívares (0.05 centavos de dólar)
Respecto de esta pugna entre bandos y continuando con la idea de “la sociedad entre dos fuegos”, el programa presidencial para los Derechos Humanos ha planteado las siguientes hipótesis para describir el proceso de violencia en contra de la población civil a partir de la ingerencia de las AUC: “1.Los grupos de autodefensas utilizaron los homicidios como una manera de compensar su inferioridad militar ante la insurgencia y de minar los supuestos apoyos de su adversario; 2. Una vez equilibrada la relación de fuerzas entre los dos grupos armados irregulares, las autodefensas implementan la violencia como una manera de crear lealtades y producir una ventaja; y 3. Una vez comprometido el dominio y el control por parte de la insurgencia en algunas zonas, ésta implementa la violencia contra los civiles como una manera de castigar el cambio de lealtades y de compensar las desventajas en el plano militar”. En este sentido, las consecuencias en la baja calidad de vida y el aumento de la pobreza, los homicidios y los desplazamientos forzados (consecuencia de la contrarreforma impulsada por las AUC que afectó a pequeños agricultores) parecen darle fuerza a esta tesis.
Sin embargo, conversando con los campesinos que se pasean por el monte armados, cuidando cultivos, expuestos a la violencia permanente, estos temas se encuentran naturalizados. Es que para ellos, las imágenes propagadas del conflicto se contraponen con el funcionamiento de una maquinaria que a sus ojos es trabajo y vida cotidiana. “Hernán Giraldo es muy querido por acá. El hizo todo esto y todo lo que hay se lo debemos a él”, nos llegó a comentar Jorge, un campesino local.
En la zona, los paramilitares representan la figura del Estado porque básicamente cumple sus funciones: actúan como fuerzas del orden, impiden la delincuencia, asisten ante emergencias y refuerzan los valores tradicionales, aun a costa de dejar explícita una doble moral que permite producir cocaína y cultivar marihuana, pero castiga con la muerte en caso de consumo personal. Del mismo modo, el narcotráfico funciona como una alternativa laboral conveniente y que, en algunos casos, llegó a representar una salvación frente al desempleo. Nuevamente Adán es ilustrativo: “Antes del cultivo de coca, hace veinte años, yo trabajaba en las plantaciones de cacao y café, y la huaqueria (robo de tumbas) en la Ciudad Perdida, que era lo que me daba más plata. Pero luego llegó el Estado y se impuso en las ruinas; fue entonces que empecé con esto”.
El caso de los indígenas de las comunidades Kogui, Arhuaco, Wiwa y Kaukuamo es otra muestra fiel del contraste entre los números y las interpretaciones vivenciales de los protagonistas. El hecho de que la guerrilla haya tenido que replegar sus fuerzas hacia los territorios altos donde éstos habitan, supuso la condena de “auxiliadores” y la justificación de desapariciones, desplazamientos forzados y homicidios en manos de los paramilitares y que, según el Observatorios de Derechos Humanos y el Derecho Internacional Humanitario (DIH) de la Vicepresidencia, llegó a 253 entre los años 2000 y 2005. Pero además el perjuicio se sintió a nivel de colectivo, en el ejercicio de su autonomía, sus costumbres –como el uso de la hoja de coca- y sus derechos sobre la tierra comprendida como base fundamental de su vida espiritual. Aun así, Lomalchi o Romualdo Lozano Gil "por el tema del documento", mamo (chaman) de la Ciudad Perdida, comentaba: "Con los paramilitares tenemos buena relación, Hernán Giraldo siempre cumplía los acuerdos que tenia con los mamos"
Mientras tanto la estrategia del gobierno sigue siendo el aumento de los combates, que entre los años 2001 y 2004 pasaron de 36 a 92 y de los cuales el 85 por ciento fue contra la guerrilla y el 15 contra los paramilitares.

El cuestionado acuerdo

La política colombiana quiérase o no, está marcada por los tiempos del conflicto armado. Un ejemplo de ello fue el triunfo de Andrés Pastrana en 1998, luego de que Manuel Marulanda, Jefe de las FARC anunciara ante una población sedienta de paz que veía más fácil las negociaciones con este que con Horacio Serpa, el candidato por el partido Liberal. Del mismo modo, luego de los frustrados intentos de diálogo durante los años 1998 y 2002, la ciudadanía optó por cambiar de estrategia y se inclinó hacia la confrontación. El candidato de “mano firme y corazón grande” fue el favorito.
Uribe respondió con lo prometido. Su política de “seguridad democrática” se sostuvo fundamentalmente en el dialogo con los paramilitares de las AUC y la derrota en combate de la guerrilla, lo que implicó una omnipresencia militar por el aumento de las fuerzas publicas en un 30 por ciento, un presupuesto de 6.900 millones de dólares para el 2006 y una incidencia del gobierno estadounidense mediante el Plan Colombia.
Los resultados del autoproclamado “buen gerente” – apodo con el que resumió sus logros en materia económica, en el aumento de las inversiones privadas, del PBI en 5.13 y el control inflacionario- no se hicieron esperar. La baja de los delitos de alto impacto de las FARC y el Ejército de Liberación Nacional (ELN), la segunda guerrilla del país; pero sobre todo el consenso en una opinión publica que creyó menguado el conflicto y sintió podía volver a viajar por las rutas de su país, le otorgó una imagen positiva que terminó en su reelección el 28 de Mayo de este año, con el 62 por ciento de los votos.
El comienzo del segundo mandato insinuó un giro inesperado, los eternos enemigos parecían comenzar a quererse. La apertura hacia un acuerdo humanitario entre el gobierno y las FARC, que significaba la liberación de 59 políticos y militares a cambio de 500 guerrilleros detenidos, había puesto en el debate público una posible apertura hacia la paz. El gobierno mostraba voluntad en la desmilitarización de los municipios de Florida y Pradera (una extensión de 800 km2) y hasta hablaba de una Asamblea Constituyente, tal como lo había hecho el ex presidente Cesar Gaviria en 1991 en el proceso con el M-19 y otros grupos menores. Por su parte, las FARC en un comunicado del 2 de octubre sostenían: “La paz, la solución política del conflicto, sigue siendo el más caro anhelo en el alma colectiva de los colombianos”.
Entonces, lo que parecía imposible antes de la reelección fue tomando forma. Los medios hablaban de un giro en la “seguridad democrática”. En ese contexto explotó un coche-bomba en la Escuela Superior de Guerra, el corazón militar de Bogotá. Y Uribe II volvió a ser Uribe I. “Quiero ir al monte para ponerme al frente de las tropas y ganarle la lucha a estos terroristas”, sostuvo contundente.
Lo cierto es que aunque la vuelta al discurso de mano dura es bien visto por gran parte de la opinión publica que lo relegitimó en su cargo, muchos esperaban de este segundo mandato más atención en lo que constituye la mayor de las deudas: la falta de una política social que contemple al 54 por ciento de población bajo la línea de la pobreza según la ONU.
En paralelo, continúan las negociaciones de paz, iniciadas el mes pasado, con el ELN. Para muchos, éstas podrían ser un ensayo y un modelo en este contexto crítico, sobre todo teniendo en cuenta que el gobierno carga con un muy cuestionado proceso de reconciliación con las AUC, iniciadas con “El acuerdo de Santa Fe de Railito” en julio de 2003.
Aun cuando desde el Palacio Nariño se ostenta el exitista número de 30.000 desmovilizados, los críticos aseguran que el número está inflado y acusan un incumplimiento en las condiciones de la negociación. En mayo de 2005, la Alta Comisionada para los Derechos Humanos de la ONU , Louis Arbour, manifestó: "He podido observar también que el prerrequisito del cese de hostilidades absoluto exigido por el presidente Uribe no se ha cumplido como se hubiera esperado, y no se han conocido consecuencias concretas para las AUC".
Estas irregularidades con los paras fomentan los rumores sobre los posibles nexos entre la familia de Uribe y el grupo armado, fundado en la amistad que éste tiene con los principales impulsores y financiadores de escuadrones de la muerte y en su desempeño, desde la Gobernación del departamento de Antioquia (1995- 1997), como promotor de una forma de paramilitarismo legalizado que fueron las Cooperativas de Seguridad, paradójicamente llamadas Convivir. El caso de la Sierra Nevada de Santa Marta sirve nuevamente como ejemplo. Ramón, que como Adán trabaja la coca, nos aseguró: “Esta zona es de los paramilitares, acá mandan ellos. Pero ya no tanto porque unos muchachos se bajaron cuando su jefe (Hernán Giraldo) se entregó. Pero hay más”.
Más allá de lo que asegure el gobierno, esos que quedan son los que toman las decisiones en la región. Son ellos los que cobran 50.000 pesos a las agencias por cada turista que pretenda llegar a las ruinas de la Ciudad Perdida de los Tayrona. Son ellos los que protegen los cultivos y los laboratorios de los campesinos. Son ellos los que negocian con los “mamos” locales la paz y la guerra.
Cerca de Machete Pelao, en el último comercio que está en el camino, un militar descansaba en una hamaca. Estaba indignado: “Hace 4 días los paracos estuvieron ahí, exactamente donde ustedes están sentados. Pero alguien les avisó que veníamos; se escaparon y no pudimos agarrarlos”. Lo cierto es que, hoy por hoy, el ejecutivo y los paramilitares no se odian tanto. Por un lado, nuevamente Adán quien sostiene que “el Ejercito pelea contra todos, pero más con la guerrilla porque con los paras son más amigos”. Por el otro, la remera del almacenero de Machete Pelao que, rodeada de militares y policías, grita bien fuerte: “Bloque Norte, Resistencia Tayrona. AUC”, y nadie hizo ni dijo nada.


Para el semanario italiano "Il Diario", febrero 2007

Venezuela, ese país que habla de socialismo

En 1992 Francis Fukuyama explicó el fin de la historia. La URSS había caído y con ella la bipolaridad; lo que quedaba, desde ese momento a la eternidad, era el mejor de los mundos posibles: el neoliberal. Hubo que esperar al primero de enero de 1994, fecha en la que México firmaba el Tratado de Libre Comercio de América del Norte con EEUU y Canadá, para que surgiera la primera respuesta organizada a lo que se presentaba como inevitable. El Ejercito Zapatista de Liberación Nacional, con una metodología no convencional, se levantó en armas y desde la selva Lacandona puso en boca del mundo las reivindicaciones de los indígenas chiapanecos. Después vinieron Seattle, Québec, Génova, el Foro Social Mundial de Porto Alegre. Todo indicaba, sin embargo, que algunos conceptos habían quedado definitivamente desterrados del lenguaje político, que se avanzaba en un único sentido y que, más allá de reacciones desesperadas, no existía proyecto concreto que lo confrontara. Fue entonces que Venezuela, un país petrolero sin industria desarrollada ni proletariado pujante, inventó su propia “Revolución Bolivariana” que, liderada por Hugo Chávez, acaba de ganar su onceaba elección en ocho años y camina confiada desde el antiimperialismo “rumbo al Socialismo del siglo XXI”.
Ya entrada la lluviosa noche del domingo 3 de diciembre, tensa porque los resultados se posponían más de lo deseado, el Consejo Nacional Electoral (CNE) dio el primer boletín oficial que le otorgaba a Chávez un incuestionable triunfo con el 62.89 % de los votos frente al 36.85% del candidato opositor unificado, el gobernador del rico Estado petrolero del Zulia, Manuel Rosales. Minutos después, con la certeza de la victoria que lo mantendrá en el poder hasta el 2013, el presidente salió al recién inaugurado “balcón del pueblo” del Palacio de Miraflores y comenzó a cantar el himno nacional ante los suyos. “Viva Venezuela, viva el pueblo venezolano, viva la revolución socialista”, fueron sus primeras palabras.
Con la imagen de los soldados en el techo del palacio de gobierno que recordaban la vuelta al poder de Chávez luego del golpe del 11 de abril de 2002, el reelecto presidente aseguró: “Que nadie le tenga miedo al socialismo que es fundamentalmente humano; que es amor, solidaridad. Es un socialismo originario, indígena, cristiano y bolivariano. Hoy comienza esa nueva época, la vía venezolana hacia el socialismo“. La épica es una de las características del proceso, y las pintadas caraqueñas lo confirman: “Marx + Bolivar = Socialismo del siglo XXI”.
Ocurre que aquí no se habla sólo de coyunturas pragmáticas, sino que se piensa en grandes hitos históricos. Así es que se inventan conceptos que puedan explicar lo que ocurre sin corrección académica, pero con el optimismo de la voluntad a flor de piel. Prueba de esto es que casi ninguna de las ideas que Chávez lanza al ruedo están amparados por un cuerpo teórico clásico. “Le pregunté a él qué era la Alternativa Bolivariana para la América (ALBA) y sonrió para después responderme: Fidel me ha preguntado lo mismo y le dije que es una idea, un concepto”, comentó la embajadora argentina en Caracas, Alicia Castro. Estas nuevas abstracciones que todavía están indefinidas, son justamente las que mayor fortaleza le dan al proceso. Es la gente en las calles la que habla, piensa y debate en torno al capitalismo, el socialismo, el imperio y la multipolaridad dando cuerpo a esta revolución política.
En el contexto de uno de los tantos actos de campaña en el interior, entre la multitud de seguidores del por entonces candidato-presidente, Alexis se destacaba por llevar en su mano el libro de Noam Chomsky, Hegemonía o supervivencia. “¿Socialismo del siglo XXI? La tendencia moderna del resurgir de los pueblos”, contestaba confiado. Sus palabras resultaban demasiado sofisticadas frente a las diversas interpretaciones que por allí se le daban al tema. “Significa que tiene que haber más apoyo a la clase social, no pensar en gobiernos aislados de los barrios”, explicaba Alberto; “que todos tengamos derechos por igual, algo que los indígenas venimos practicando hace 500 años”, decía Margarita. A veces la respuesta era simplemente: “Espectacular, lo mejor. De verdad, lo mejor”
El concepto de socialismo del siglo XXI, controversial y ambiguo, es un tema instalado de debate en la sociedad venezolana y su origen es más bien reciente. En los primeros años de gobierno chavista el discurso oficial se mantenía dentro de los parámetros de la crítica al capitalismo salvaje. Es sobre todo con el golpe de Estado que la retórica toma otro rumbo, el antiimperialismo norteamericano, lo que finalmente da pie a que el 1º de mayo de 2005, después del Referéndum de agosto de 2004, Chávez anuncie que Venezuela se dirigía hacia el socialismo.
El término tiene como fuente ideológica al teórico Heinz Dietrich y a lo que se dio en llamar “el árbol de las tres raíces”: la raíz bolivariana de la igualdad y la libertad, y la visión geopolítica de integración de América latina; la raíz del histórico dirigente campesino Ezequiel Zamora, del pueblo soberano y la unidad cívico-militar, y la raíz robinsoniana de Simón Rodríguez, el sabio de la educación popular y maestro de Bolívar. Nuclea además al humanismo cristiano, las experiencias comunitarias de los pueblos indígenas, a Marx y a Artigas entre otros.
Hay quienes, como Picky, coordinador del núcleo endógeno para los jóvenes Tiuna, El Fuerte, piensan que el socialismo es lo que se está viviendo en la actualidad, pero con mejoras. “Es que el poder se redistribuya, que haya menos distancia entre nosotros y el Estado, pero sin que el Estado te chupe. De eso tratan, por ejemplo, los consejos y los bancos comunales, que es la forma como el barrio se organiza y resuelve sus propios problemas”. El fomento al cooperativismo es otro aspecto de esta democracia participativa. “Este tipo de organización es un instrumento dentro de un marco más grande, que es la economía social y solidaria, que propician la participación del pueblo para apropiarse del proceso político que estamos viviendo”, señalaba Yris Martín Márquez, directora general de Despacho de la Superintendencia Nacional de Cooperativas.
A este marco se le suman las misiones sociales, que nacen como soluciones de emergencia, pero terminan rompiendo con los parámetros de salud y educación pública, al punto de que hoy la expectativa de muchos es que se institucionalicen. Ejemplo de ello son las misiones Barrio Adentro (el programa que lleva módulos de atención médica cubana totalmente gratuita a los espacios más recónditos del país y que, según cifras oficiales, suma 220 millones de consultas), Robinson, Ribas y Sucre, que cubren los niveles inicial, bachiller y terciario y que permitieron, gracias al incentivo económico que reciben los estudiantes adultos, un avance fundamental en los niveles educativos y la declaración de la Unesco en 2005 de Venezuela, único país latinoamericano junto con Cuba, como país libre de analfabetismo.
Sin embargo, hay quienes leen que estos avances son parte de una etapa de transición: “Todavía no hemos podido romper con este Estado pesado, corrupto y burocrático, donde la jerarquía, la división del trabajo y la especialización niegan la participación directa del pueblo. Este Estado no sirve para llevar a cabo el socialismo del siglo XXI o el socialismo en el siglo XXI, que son dos formas de nombrar lo mismo”, explicaba el Alcalde Mayor de Caracas, Juan Barreto.
Para ellos, el hincapié en la industrialización y el desarrollo tecnológico incentivado desde los acuerdos comerciales con China, Rusia e Irán, la diversificación de la economía a través de la recuperación de un agro abandonado por el petróleo y la creación de infraestructura son los sostenes del socialismo venezolano.
Desde la oposición también se escuchan interpretaciones. En su cierre de campaña, Rosales intentó explicarlo: “Que todos seamos mendigos del Estado, ése es el socialismo del siglo XXI, regalar riqueza a otras naciones. Esta corriente política les hablará a los niños de violencia, castro-comunismo y enrolará a los jóvenes para prepararlos para guerras ajenas que no entendemos”.
El resultado de la elección, sin embargo, los llevó a revisar estas afirmaciones. Con el complejo desafío de continuar en su giro democrático, sin ningún espacio institucional como consecuencia del abstencionismo ni coincidencias en el plano ideológico con Miraflores, tendrá que discutir proyectos en el marco de la construcción del Socialismo mediante una nueva Asamblea Constituyente, como ya lo anunció Chávez. La gran intriga que queda por delante es ver en qué idioma se dará esta nueva relación.

Una historia de desamor

Quienes fueron testigos del golpe reconocían el saludo. Eran Rosales y Pedro Carmona (o “Carmona, el breve”, como le dicen los chavistas), el presidente de facto durante la destitución militar de Chávez. Lo novedoso en la imagen era, sin embargo, el dibujo de una figura negra con cuernos y la frase “el diablo los une”, en referencia a la forma en que llamó Chávez a su homólogo estadounidense en la ONU.
Este afiche, que invadió la ciudad de Caracas y el interior de Venezuela en el contexto de la campaña, fue parte de los mensajes que intentaron retrotraer a la sociedad venezolana al historial político antidemocrático de una oposición que no supo cómo frenar el avance de este proceso revolucionario.
Pero esta relación antagónica entre gobierno y oposición no fue siempre así. En 1999, con el inicio del primer mandato, la retórica nacionalista del presidente contra el capitalismo salvaje no había producido fuertes reacciones. Se especulaba que la proclamada muerte de la IV República - como es conocido el bipartidismo del socialdemócrata Acción Democrática y del socialcristiano COPEI que gobernó el país desde la caída en 1958 del dictador Marcos Pérez Jiménez - era sólo un disfraz. Incluso la Reforma Constitucional de la República Bolivariana de Venezuela fue leída como un cambio en los marcos de interpretación, algo que caracterizaban como simbólico. Es la etapa en la que Chávez se autodenomina “El ingenuo”.
Es recién con las polémicas leyes habilitantes de fines de 2001 –entre las que se destacan la Ley de Tierras contra el latifundio, la Ley de Hidrocarburos y la Ley de Pesca- que comienza la confrontación. Con ella, por primera vez después de muchos años, se pasaba a afectar intereses concretos. La ofensiva fue determinante. La falta de legitimidad de esta oposición por sus vínculos con la “vieja política”, los llevó a adoptar medidas radicales.
Las dos principales fueron el golpe de Estado de abril del 2002 y el paro petrolero de diciembre de 2002 a febrero de 2003, promovido desde la organización empresarial Fedecámeras, la directiva y trabajadores de la antigua nómina mayor de la estatal Petróleos de Venezuela (Pdvsa), y la Confederación de Trabajadores de Venezuela (CTV), que presionó la renuncia de Chávez desabasteciendo al país por 63 días de alimentos básicos de la canasta familiar y de recursos energéticos. Como señalaba Manuel Cova, secretario general de la CTV: “Debemos aceptar que el chavismo llegó para quedarse como consecuencia de muchos errores del pasado”.
En ambos casos el rol de los medios masivos de comunicación fue fundamental. Como actores decisivos de la polarización del país, esta vez actuaron como voceros de estos sectores con herramientas como el silenciamiento de información, la parcialidad y la permanente editorialización. Prueba de ello son los diarios El Nacional del 11 de abril y El Universal del 12, cuyos titulares, según el libro “Los documentos del Golpe”, de la Fundación Defensoría del Pueblo, fueron: “La batalla final será en Miraflores” y “¡Se acabó!”.
Paradójicamente, estos dos hechos determinaron las ideas del imaginario popular sobre la oposición, permitiendo así al bolivarianismo fortalecer su hegemonía. Chávez, estratega militar, logró después del golpe y gracias a la influencia probada de la gestión Bush, darle comienzo a su retórica antiimperialista. Asimismo, el paro fue la excusa que necesitaba para recuperar a la estatal PDVSA de la cúpula burocrática paraestatal que la manejaba según sus beneficios.
Frustrados ambos intentos, la oposición se rearmó para en el 2004 impulsar el Referéndum Revocatorio Presidencial del que Chávez salió nuevamente fortalecido con un 59 % de los votos. Allí comenzó la definitiva ofensiva gubernamental, que hasta ese momento había vivido en jaque. El dilema de la oposición, entonces, pasó a ser el más básico de todos: presentarse o abstenerse, ser o no ser. La opción por la segunda en las legislativas del 2005, que llevó a que el chavismo tenga actualmente el control absoluto en la Asamblea Nacional, había, sin embargo, inclinado la balanza de cara a las recientes elecciones hacia la iniciativa participativa. Julio Borges presidente de Primero Justicia y candidato a vicepresidente de Rosales, confesaba: “Nosotros nos dimos cuenta de que a Chávez no hay que sacarlo de Miraflores, sino del corazón de la gente”.
Resuelta esta primera disyuntiva, aún debía saldarse el tema de la unidad. Cuando aún no estaba resuelta la candidatura única de Rosales, Teodoro Petkoff, ex guerrillero y fundador del partido de izquierda Movimiento al Socialismo, resumía las razones de una posible nueva alianza electoral en estas palabras: “Es lo que hay. Desde los frentes populares antifascistas ¿a quién le sorprende que la derecha y la izquierda se unan?”. Lo que hay significa un conglomerado que va desde partidos de doctrina demócrata cristiana como COPEI hasta partidos de tendencia marxista-leninista, como es el caso de Bandera Roja. En el medio, escondidos y no tanto, están todos aquellos participantes del golpe y el paro como lo son el mismo Rosales, la CTV, Fedecámeras y organizaciones no gubernamentales como Súmate, una de las voces más acusadoras del gobierno que está investigada por recibir fondos de los Estados Unidos para su financiamiento.
Esta unión “pegada con chicle” como la definían al comienzo de su postulación, logró sin embargo obtener el apoyo de 4.196.329 millones de venezolanos sobre un total de 16 que estaban habilitados para votar. “La oposición, desde el momento que decidió unificarse e ir con la candidatura única de Rosales, se ha ido fortaleciendo. Haber reconocido el resultado electoral les permitirá construir un piso desde el cual armar un contrapeso que resulta muy importante para el país. Desde el principio, el bolivarianismo no ha tenido ninguna contraparte y eso permitió que el gobierno haga mucho hincapié en una democracia social aun a costa de subvalorar la democracia política”, comentaba Margarita López Maya, doctora en Ciencias sociales y profesora de la Universidad Central de Venezuela. Y agregaba “Rosales no es una opción para los sectores populares porque sigue representando viejos intereses, todavía tiene un pie en el pasado. Pero puede ser un líder de transición, que permita crear las bases para un espacio donde puedan surgir otros”.

La campaña

Primeros minutos del sábado, Caracas. Los rumores eran que el cierre de campaña de Rosales comenzaría con fuegos artificiales y explosiones a las doce en punto. En ese momento, el hit del reggeaton Atrévete-te-te de Calle 13, sobre el que inspiró su consigna, comenzó a sonar en Rajatabla, uno de los bares más concurridos de la capital venezolana. La respuesta fue primero de desconcierto, gente mirando la hora en sus celulares para ver si realmente era o no una coincidencia y, finalmente, la respuesta: “Uh, Ah, Chávez no se va!”.
Esta imagen fue una de las tantas formas en que se expresó la polarización venezolana durante la campaña electoral. La consolidación del sector opositor mediante una alternativa programática había logrado que, por primera vez en los últimos ocho años, se plantearan dos caminos, dos modelos. Y se notaba. Así es como en este país tan marcado en su vida cotidiana por el acontecer político, todo comenzó a establecerse dentro de un marco de dicotomías: el color rojo de Chávez contra el azul de los seguidores de Rosales, la consigna “diez millones por el buche” contra “por 26 millones de venezolanos”, “rumbo al socialismo del siglo XXI” versus “otro camino mejor es posible”.
La diferencia entre ambos, sin embargo, estaba marcada por un rasgo fundamental: el convencimiento. Los seguidores del indiscutible liderazgo carismático de Chávez, que genera según sus propias palabras “más que amor, frenesí”, se sienten partícipes de la “Revolución Bolivariana”, de un proceso que ellos consideran de profunda transformación nacional y que ha cambiado sus vidas. Por 15 mil bolívares (6 dólares) compran en los puestos callejeros remeras con la cara de su presidente: Chávez de perfil con la boina roja que usó en el mítico golpe de Estado de 1992, Chávez jugando al béisbol, Chávez en el cuerpo de la estatua de la libertad y en contra del imperialismo norteamericano. En estos últimos tiempos de campaña, los souvenirs revolucionarios se multiplicaron. Ahora hay llaveros, banderas, bufandas, toallas y hasta muñecos del presidente que, de civil y militar, cantan el himno nacional y repiten históricos discursos.
Rosales, en cambio, unificaba en su candidatura a todo el espectro opositor que se encolumna detrás del no-Chávez, detrás del gran odio que generan también las grandes pasiones. Es por eso que la heterogeneidad del conglomerado opositor tornaba compleja la formulación de políticas por la positiva. Además del respeto incondicional a la propiedad privada, una “democracia social” de tinte expresamente liberal, la creación de condiciones para las inversiones extranjeras y la tarjeta de débito “Mi Negra”, que ofrecía entre 600.000 y un millón de bolívares (entre 900 y 1500 pesos) “a más de 2.500.000 familias de la clase media empobrecida y sectores populares”, su construcción se centraba en la confrontación directa con Miraflores para así conseguir el apoyo de las capas medias y altas. Se enfurecían con el socialismo del siglo XXI, se oponía a la “regaladera” (como ellos llaman a la diplomacia internacional mediante la cual el gobierno intercambia con sus vecinos petróleo por servicios o productos con un alto contenido político), rechazaban la falta de división de poderes y denunciaban el carácter autoritario del presidente.
Los cierres de campaña fueron sin duda reflejo de esta diferencia. José Campos, con su remera azul firmada por la “cruzada anticomunista de Venezuela” y un cartel que ilustraba a Fidel Castro de la mano de un niño bajo el lema “Ahora la revolución viene por tus hijos”, nos explicaba las razones de su apoyo al candidato opositor: “Rosales nos ofrece salir del comunismo de Chávez que ya no existe”. En contraposición, al dia siguiente dos millones de personas, según fuentes oficiales, inundaron Caracas vestidos de rojo-rojito, con los puños en alto, y respondiendo al grito de “Hasta la victoria siempre. Patria o muerte. Venceremos”.
Este apoyo es consecuencia de la hegemonía que el gobierno supo construir en todos los campos: el militar, el institucional y el popular, cimentado a fuerza de omnipresencia, misiones sociales y una liturgia revolucionaria. Pero no se queda sólo en el plano simbólico, esta sensación se fundamenta también en los números macroeconómicos y sociales del país: el crecimiento del PBI en 12 trimestres consecutivos y que alcanzó en el 2005 el 9,3 por ciento, el auge de la actividad no petrolera del 11,7, el aumento del salario mínimo a 512.350 bolívares (unos 210 dólares), la baja en el desempleo a 8.9, la disminución a 39.7 de las personas pobres en relación al 61 del 2003 después del lock out patronal y la inversión programada para el 2007 del 44% del presupuesto nacional a las más de veinte misiones sociales en todo el país.
A pesar de que muchos alegan que estas posibilidades se deben al fabuloso ingreso de dinero por el aumento de los precios del petróleo, los chavistas están convencidos de que esta situación es mérito de su iniciativa en la OPEP que busca frenar la oferta para que suba la demanda. Aun así, hay todavía deudas pendientes, y la gente lo sabe. Entre ellos se encuentran el crecimiento de la inflación por el aumento de la demanda que la industria local no puede satisfacer, la creciente burocracia, la corrupción, la política todavía insatisfactoria en materia de construcción de viviendas y el 45,2 por ciento de los trabajadores que se desempeña en el sector informal.
Asimismo para muchos, todavía hace falta trabajar en la institucionalización de estos cambios, y en la creación de una estructura que no dependa del liderazgo carismático de Chávez. “O inventamos o erramos” decía Simón Rodríguez. En Venezuela sin duda algo se está inventando, hay que esperar por los frutos de esta construcción de un socialismo autóctono y latinoamericano que avanza si formulas ni recetarios. Tiempo al tiempo.

La revolución internacionalista

Ante la pregunta sobre el socialismo en un solo país el Ministro de Integración y comercio exterior, Gustavo Márquez señalaba: “Venezuela sola jamás va a logar plena soberanía. No puede desarrollarse un modelo socialista de manera aislada”. Justamente por esta visión internacionalista, es que el gobierno bolivariano mantiene un interés fuerte en el mapa grande.
Durante los últimos años, con decisiones tácticas, visión geopolítica y muchos petrodólares, Chávez ha hecho todo lo que estuvo a su alcance para encabezar un proyecto que rompa con la unipolaridad estadounidense. Su estrategia se basa en dos pilares fundamentales: entretejer alianzas con proyectos tan disímiles como los que avanzan en Rusia, China, Irán, Líbano, Vietnam y algunos países del África - lo cual le significa un blanco de críticas y una intencional cercanía a lo que Washington denomina “el eje del mal”- al mismo tiempo que alienta la integración sudamericana.
Con aciertos como el apoyo a Evo Morales en Bolivia, una cruda retórica antiimperialista y la guía infalible que encontró en Fidel Castro, fue construyendo una imagen en la región que logró conquistar a las izquierdas locales. Chávez ve aquí, por su afinidad ideológica y la vieja idea bolivariana de “La gran Colombia”, un punto de despegue hacia el mundo. Es por eso que, después de romper con la Comunidad Andina de Naciones luego de que Colombia y Perú firmaran los TLC, apostó muy fuerte al MERCOSUR, aun a sabiendas de que “todavía es neoliberal”. Según Márquez, “la idea es que como las estructuras siguen siendo viejas, se debe fomentar la dinámica de integración no sólo de los Estados sino de los pueblos, de los movimientos sociales”.
La lección peruana, donde su incidencia en las presidenciales no sólo no ayudó a Ollanta Humala sino que fortaleció a su rival, Alan García, creando así la primera ruptura del año de esta nueva tendencia de centro izquierda con aspiraciones hegemónicas; lo llevó a cambiar de estrategia en Ecuador. Optó por el silencio y hoy el triunfo de Rafael Correa fortalecería su liderazgo regional al agregar a Quito al ya famoso eje del ALBA La Habana –Caracas– La Paz.
El panorama que se abre con su reelección abrumadora es la consolidación de este bloque con una dinámica más avanzada para que finalmente presione al MERCOSUR y “los dos se orienten a converger en un solo proceso”. Sin embargo, la alianza con Brasil y Argentina, que como históricas fuerzas hegemónicas del subcontinente son fundamentales para la consolidación de una integración menos susceptible en términos económicos, presenta dificultades por los grados de radicalidad política de cada proceso y por las ambiciones de liderazgo.
Mientras tanto, estas grandes aspiraciones en el marco internacional que incluyen las inversiones en forma de ayuda exterior a los países subdesarrollados, (llamada peyorativamente “petrodiplomacia” o “regaladera”) le pesan muchas veces sobre su construcción a nivel interno. Un taxista comentaba al respecto: “Eso no le gusta a nadie”. No notó que, justo en ese momento, un cartel le respondía: “Somos antiimperialistas por solidaridad con el mundo”.


Para el semanario italiano "Il Diario", Diciembre de 2006

Thursday, January 25, 2007

El pasado presente de la muerte del ALCA

El encuentro de Mar del Palta significó una nueva derrota para EEUU y un continente que insinúa ponerse de pie. En esta investigación, las opiniones de Bolívar, Artigas, Moreno y Rodríguez se actualizan y participan de una realidad en la que resta mucho por decir y hacer.
Ya se ha dicho mucho, casi todo, sobre la IV Cumbre de las Américas. Se ha hablado de la III Cumbre de los Pueblos, de los debates, declaraciones, discursos, manifestaciones y represiones. De fondo, se sabe, la discusión gira en torno al Área de Libre Comercio para las Américas (ALCA).
Estados Unidos perdió, una vez más, una batalla diplomática en la región. Este subcontinente que al menos retóricamente se renueva, titubea pero se opone a los mandatos del imperio. Los argumentos, si bien no son los de un proyecto continental emancipatorio, sirven en esta estrecha coyuntura para frenar los embates del norte.
En un complejo trabajo de investigación, Tiempos de Opinión trajo la historia al presente. De cara a analizar estos procesos estructurales y recientes, fuimos a las palabras de aquellos hombres que pensaron y actuaron sobre un continente y sus naciones cuando estas no eran más que esbozos.
En una misma mesa, José Artigas, Simón Rodríguez, Simón Bolívar y Mariano Moreno opinarán desde ayer sobre el hoy:
¿Qué opinión les merece el fracaso de Estados Unidos en la Cumbre de las Américas?
-Bolívar: Como ya he dicho tantas veces, la lucha es por la Patria Grande. En las épocas de emancipación colonial, nuestro rival era el imperialismo español. En la actualidad, este ha tomado una nueva forma en el gigante del Norte. Ya el compañero Martí se ha ocupado de señalar que es la hora del recuento y de la marcha unida. La América Latina se junta y se guía sola, como un solo pueblo, se levanta. Sola, pelea. Vencerá, sola. Esta unión es necesaria para vencer la codicia del vecino.
-Moreno: Coincido con esta posición. La independencia sólo puede ser pensada en la escala continental y de manera radical. Los cimientos de una República nunca se han de llevar a cabo sin solidez y rigor. Si bien no nos encontramos en un proceso revolucionario que exija la utilización de métodos violentos, es menester tener presente que la moderación provoca en general mayores debilidades. Hay que aprovechar cada circunstancia de agotamiento del imperio y Estados Unidos se encuentra hoy en una frágil situación. El huracán Katrina, la ilegítima y pantanosa invasión a Irak, y en lo que atiene a nuestra región, las derrotas diplomáticas, lo colocan en una situación de menor solidez a la hora de marcar las agendas públicas de nuestras Naciones. En este sentido, es la posición de los presidentes del MERCOSUR una respuesta adecuada a la coyuntura internacional.
En este mundo globalizado, ¿cuál ha de ser el rol, en términos económicos, de Latinoamérica en el mundo?
- Bolivar: Antes que nada, la región debe pensarse como a un todo. Si Argentina negocia de manera aislada con la Unión Europea o Chile cierra tratados de comercio con Estados Unidos o China, cualquier proyecto propio naufragará. Existe en nuestra tierra un gran mercado, poseemos una infraestructura fabril, si bien escasa, nada desdeñable, y aquí se encuentran gran cantidad de las reservas energéticas y naturales del mundo. Si nos paramos y enfrentamos a la economía mundial unidos, tenemos una fuerza que ningún país podrá ignorar ni subestimar.
- Moreno: Coincido plenamente, y me tomo el atrevimiento de sumar a su análisis otro factor: el gran proceso de concentración que padeció y padece nuestro continente, el más desigual del mundo. Nuestro problema no es de producción sino de distribución. Bienvenidos los capitales extranjeros, a sabiendas de las extorsiones que implican. Reconozcámoslo: sin mercado interno difícilmente podamos pensarnos con autonomía. En contraposición al modelo neoliberal, creo que el Estado juega un rol clave en nuestras economías. Nuestro proteccionismo debe basarse en la fomentación y apropiación de la industria y de la agricultura por parte del Estado, lo cual implica la creación de nuevos puestos de trabajo y, por ende, de un creciente y vigoroso mercado. Esto significa lograr en poco tiempo la disminución de las importaciones, sobre todo de aquellos artículos de lujo que poco aportan a las necesidades de nuestros pueblos. Será tarea delicada, pero no menos urgente, nacionalizar todo aquello que los Gobiernos hayan privatizado y todo aquello que sea propiedad del enemigo, una vez que este sea explícito.
- Artigas: Evidentemente, aquí hay acuerdo. Sé también, que a pesar de su silencio, el compañero Rodríguez defiende como yo a capa y espada una profunda reforma agraria que sirva para poblar los campos, que vuelva productiva la tierra ociosa y que favorezca a los desposeídos, a las culturas milenarias. Por otro lado, sostengo que la vigorosidad económica de nuestras naciones debe fortalecerse con estrechos intercambios sin barreras aduaneras. En este sentido estoy a favor del MERCOSUR, pero de uno ampliado que incluya al pacto andino. ¿Por qué estoy, entonces, contra el ALCA? Por las asimetrías económicas y las dependencias culturales; porque mi teoría es la opuesta a la del librecambio. Abalo un proteccionismo que utilice a la aduana como instrumento para fomentar la industria al interior de nuestro territorio.

Según lo señalado, la unidad latinoamericana parece un paso ineludible. Sin embargo, la realidad de nuestros países señala que esa empresa no es tan sencilla, un ejemplo de ello son los impedimentos del MERCOSUR tras su 20° aniversario. ¿Cómo se puede colaborar con este proceso integracionista?
-Bolívar: Los problemas que se presentan en la actualidad están vinculados directamente con la falta de dirección política. En el caso del MERCOSUR, encontramos que a priori Brasil, y en una segunda instancia Argentina, deberían liderar el proyecto del Sur. Pero existe un impedimento fundamental, ocurre que la hegemonía está pensada en términos neoliberales. No se concibe una cooperación entre los pueblos, es decir, se prioriza el Estado-Nación frente a la unidad. Un ejemplo fue la actitud del Gobierno brasileño en el conflicto boliviano. Allí, la estatal Petrobras jugó el mismo rol capitalista que Repsol. Podría, como bien hace Chávez con PDVSA en Petrosur, Petroandina, y Petrocaribe, utilizar ese recurso estratégico para crear redes de influencia política priorizando otros valores como los promulgados por el ALBA.
-Moreno: Es que un proceso de ruptura de las relaciones imperialistas deben ser dirigidas bajo los intereses comunes. La ambición, el egoísmo, las ventajas privadas sofocan la construcción de un poder en defensa de la Patria Grande. Es preciso tener como prioridad permanente la voluntad general que emana de los pueblos, del contrato que hicieron todos ellos en pos del beneficio común. Por ello, es que resulta imprescindible la difusión de los valores que marcan nuestro proyecto: la libertad, la verdad, el bien y el espíritu públicos, los cuales son fundamentales para la constitución del ciudadano latinoamericano, virtuoso y pacífico.
-Artigas: Por eso es necesario conformar un régimen en donde las aspiraciones hegemónicas de algunos sectores, como fue el caso de la capital porteña durante la construcción de los Estados nacionales en 1810, se regularicen.
Bolívar le atribuyó el problema a una falta de dirección política, ¿qué opina, usted Artigas, al respecto?
-Artigas: La fórmula que busco es la de la unidad dentro de la diversidad. Pero a diferencia de Bolívar, creo que esto se construye desde elementos autónomas hacia un poder centralizado. Es decir, el proceso integracionista requiere de dos etapas fundamentales: la aglutinación de voluntades soberanas para luego determinar la organización constitucional definitiva. El Estado federal, en este sentido, debe dar una competencia amplia a los gobiernos partes, al mismo tiempo que garantizará la autonomía de los mismos respecto de su poder. Es por eso, que no creo que el problema regional se resuelva simplemente con una dirigencia, es necesario que existan experiencias de organización a niveles locales, en este caso nacionales, que permitan la integración bajo iguales condiciones. De otro modo se reproducirían las ambiciones hegemónicas tan presentes en la historia de nuestro continente.
-Rodríguez: Permítame aclarar algunas cuestiones, Don José. Fui su tutor y entiendo muy bien los pasos que él ha dado. Sucede que Bolívar es un hombre de acción, más que político o intelectual. Comprende muy bien todas los conceptos roussonianos que intenté transmitirle y desea, créame, un sistema federal. Pero tanto en aquel contexto como en este, la defensa del gobierno centralizado busca sentar las bases para formar individuos que puedan pensarse libres. La libertad y la democracia necesitan tiempo para arraigarse en la sociedad aunque, desde ya, la situación entrado el siglo XXI es muy otra a la del siglo XIX. Mientras estos no estén instaurados como sólidos valores, es necesario en paralelo a la continua construcción de los mismos, llevar a cabo el desarrollo del proyecto nacional con las condiciones dadas.
Y en la construcción de estas bases más sólidas del proyecto libertario, ¿qué rol tiene la educación?
-Rodríguez: La educación juega un rol fundamental, porque es en las prácticas, los idearios, los conocimientos de la vida cotidiana donde se encuentran los fundamentos de nuestra dominación. Es sabido que a partir de la penetración cultural se sustentan otras formas de sujeción. Por eso es que sólo llegaremos a ese sentir común, a la colonización de América por los americanos, la eliminación de la miseria, la pobreza, sobre todo de la población indígena, a partir de una nueva concepción sobre la misma. A partir de una escuela popular y política, sin pretextos ni disfraces. El proyecto educativo debe estar sin duda, orientado al pueblo, a los desposeídos, a las nuevas generaciones con espíritu de cambio.
-Moreno: Coincido con esta idea, la ignorancia de nuestros pueblos es una traba fuerte para el desarrollo de nuestras naciones libres. La voluntad general de los pueblos, necesita de una instrucción cívica que permita conocer los fundamentos de nuestra doctrina política y económica. Como señalaba Rousseau, es necesario que llevemos a cabo un contrato pedagógico para acabar con la desigualdad. En este sentido, es necesario cuestionar todos aquellos establecimientos educativos que no coincidan con la causa de la libertad, con la formación de la ciudadanía.
-Bolívar: Bueno, los aportes del presidente venezolano Hugo Chávez, en este sentido, son de suma importancia para el propósito regional. Tanto las misiones educativas como la "La Versión Preliminar del Proyecto Educativo Nacional" son dos grandes innovaciones en la política del continente. Justamente, una de las grandes virtudes de este plan era, siguiendo algunas líneas de lo que señalaba Simón Rodríguez, ver el hecho educativo como un proceso permanente y en constante construcción. Su propósito consistía en la consulta constante a las bases, buscando siempre que se recogiera el verdadero sentir de los involucrados: estudiantes, obreros, docentes, padres, representantes y comunidad organizada en general. Además de que la discusión se daba a través de Asambleas, talleres, encuentros e intercambio de saberes. Así, por más que su aplicación se encontró con una serie de obstáculos, su formulación nos llevó a la renovación del sueño de pensar a la educación desde sus raíces, la escuela que tenemos y la escuela que queremos, la sociedad que tenemos y la revolución que queremos.
-Rodríguez: Es que pensar nuestra educación es el primer paso para la construcción de un proyecto pedagógico autónomo. En un contexto en el que la política neoliberal, a través de los organismos multinacionales de crédito como es el Banco Mundial, intenta delinear los cómo y los qué de nuestros conocimientos, nuestra tarea ha de ser justamente romper con esta lógica. No necesitamos sabios que vengan de afuera a explicarnos nuestra realidad, nosotros debemos enseñarnos a aprender. El maestro debe ocupar el rol social que le corresponde, negado por los ajustes de la década de los noventa. No debemos copiar modelos, un ejemplo claro de la frustración de esta empresa es el caso argentino. La ley Federal de Educación traída de España, desde su perspectiva mercantilista y subyugada a los intereses capitalistas por sobre los de nuestro pueblo, no hicimos más que reproducir desigualdades en el plano de lo pedagógico. Debemos inventar nuestra propia perspectiva. Humildemente creo que estas ideas que expresé tiempo atrás, tuvieron eco en la teoría de Paulo Freire sobre educación popular y en las experiencias de Universidades populares del Movimiento Sin Tierra de Brasil, y de algunos movimientos de desocupados en la argentina.
Todas las opiniones giran en torno a la construcción del sujeto que actúe en la escena política, pero ¿ en qué tipo de organización están pensando?
- Bolívar: Aunque quizá un tanto chocante y políticamente incorrecto lo mío es simple. Como usted sabrá, en el discurso de Angostura de 1819 expuse los lineamientos básicos de mi pensamiento que luego llevé a la práctica al redactar la constitución de Bolivia. Defiendo convencido un sistema judicial inspirado en los principios liberales, una asamblea de representantes o cámara baja elegidos libremente y un senado que nombre a sus sucesores para contrabalancear la presión popular. El Ejecutivo debe ser vitalicio y con derecho a designar a un sucesor y la vicepresidencia hereditaria. Para que el proyecto prospere, resulta vital el cuerpo de censores cuya tarea es la de guiar cultural y moralmente al país, que le enseñe a las masas a amar la virtud y a odiar al vicio.
-Moreno: Don Simón, intentemos comprender el siglo XXI. En el "Plan Revolucionario de Operaciones" defendí las tramas políticas que llevaron adelante los grandes talentos a escondidas del pueblo. Sostengo que la mal llamada "clase política" se debate sobre tiempos y modos que no son los de la sociedad civil. Así son las cosas, nos guste o no. Pero cuidado, la comprensión de los tiempos políticos no me lleva a justificar un ejecutivo vitalicio y hereditario. Es importante y fundamental tener en claro que aún teniendo en cuenta este factor, nuestros principios republicanos deben ser sostenidos fuertemente. Cada realidad marcará los tiempos de cada política, pero nunca se debe perder de vista los principios y valores que marca nuestro proyecto libertario. La forma que yo creo más sólida en este sentido es la redacción de una constitución que cristalice ordenadamente los principios ciudadanos.
- Artigas: Algunas de las cosas que ustedes dicen son ciertas, sin embargo, a mi entender, se han olvidado de remarcar una factor fundamental, el sistema democrático. Simón, al comienzo de esta entrevista se esbozó esta tensión entre nuestros pensamientos. Era obvio y necesario, ocurre que simplemente, a pesar de estar del mismo lado, disentimos. Es que la República que yo concibo tiene como premisa fundamental la institucionalización de una democracia igualitaria en donde la deliberación y la elección popular deben ser promovidas y auspiciadas. Libertad significa para mi la libre autodeterminación de nuestros pueblos. Pienso que la construcción de la soberanía radica en darle vida política al mismo, y como consecuencia, aparece como fundamental la constitución de una nación en términos de conciencia y voluntad para así alcanzar la creación del Estado. Esta democracia brota del alma de los pueblos y no de racionalidades preestablecidas. Por eso es que no se puede pensar en el sentido inverso, es decir, la consolidación del Estado para la construcción de la Nación. Es la libertad positiva, es decir, la que le permite a los ciudadanos participar de las decisiones políticas que le competen logrando así garantizar sus derechos, la que debemos desarrollar en nuestros pueblos.
- Rodríguez: He publicado "En Defensa de Bolívar" y he formado parte de su proyecto en Bolivia, sin embargo, en este momento debo separarme de sus ideas. Considero que en la coyuntura actual, están dadas las condiciones para transformar nuestra realidad con nuestras herramientas, desde abajo. No precisamos grandes padres, ni demagogos que lleven a nuestros pueblos a los destinos que ellos decidan. Debemos pensarnos desde esta tierra a nuestra vida, del día a día a nosotros mismos. Nos sólo es posible, sino necesario construir un mundo donde la igualdad, la justicia y la libertad primen por sobre el salvaje capitalismo.
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Saturday, September 09, 2006

Venezuela, un proceso que avanza

Tenía la tormentosa tranquilidad de la resignación y la ferocidad de quien se sabe impotente. Teodoro Petkoff, histórico referente de la izquierda venezolana, ex guerrillero, ex Partido Comunista, fundador del Movimiento al Socialismo y editor del diario Tal Cual, no hacia esfuerzos por demostrar virtudes ni capacidades. Con sus pies pesados sobre la mesa comentaba lo que en ese momento era solamente una posibilidad, la viabilidad de la alianza para las presidenciales del 3 de diciembre con el gobernador del estado petrolero y con tendencias separatistas del Zulia, Manuel Rosales, y con el líder de Primero Justicia (PJ), Julio Borges. “Es lo que hay”, se sinceraba. Sucede que el sueño de la unidad tiene sus costos. Significa, entre otras cosas, sacrificar diferencias al punto de tener que apropiarse de un historial opositor plagado de malas lecturas y decisiones: el golpe, la huelga petrolera, el abstencionismo. “Las volteretas políticas pueden ser más comprensibles cuando hay algunas cuestiones fundamentales que obligan a crear alianzas necesarias para alcanzar ciertos fines”, replicaba Petkoff. La pregunta siguiente era obvia: ¿la cuestión fundamental es tan grande como para unir golpistas, demócratas, derecha y troskismo? La respuesta sorprendió sobre todo por su procedencia, la de un acérrimo crítico al estalinismo:”Desde los frentes populares, ¿a quién le sorprende que la derecha y la izquierda se unan?” El famoso problema de los fines y los medios. Pero seamos complacientes. Supongamos que aceptamos la plaga de contradicciones internas y festejamos el entendimiento que lleva a Rosales como candidato único. Aun así, una semana bastó para demostrar que el acuerdo “estaba pegado con chicle”, como se dice por acá. El puntapié inicial vino de un sector de PJ que cuestionó a su dirigente, ahora candidato a la vicepresidencia, por tomar una opción antidemocrática al interior del partido. Y de fondo, la duda shakesperiana del ser o no ser, o su traducción en términos políticos, el presentarse o abstenerse. Todo esto, en definitiva, deja en claro la falta de proyecto y termina de impacientar a los impacientes. Dino es un ejemplo; desde su posada en Nueva Esparta, que junto al Zulia son los dos únicos Estados opositores, nos comentaba: “A mi no me gusta (Hugo) Chávez, pero ¿viste lo que es la oposición? Mejor malo conocido que bueno por conocer”. El otro son las constantes editoriales de los dos principales diarios, El Universal y El Nacional, que, como activistas indignados, publican cosas como: “Chávez todos los días reza: Dios nos guarde a esta oposición” 10 Millones por el buche Por 15 mil bolívares (18 pesos) los puestos callejeros venden remeras con la cara de su líder: Chávez de perfil con la boina roja que usó en el golpe de 1992, Chávez jugando al béisbol, Chávez en el cuerpo de la estatua de la libertad y en contra del imperialismo norteamericano. En todas la consigna mira al 3 D y arrebata: 10 millones por el buche. Las “franelas” en los pechos venezolanos son tan sólo una de las muestras de la hegemonía que este gobierno supo construir en todos los campos: el militar, el civil y el institucional. Y ante este poder, cimentado a fuerza de omnipresencia, liderazgo, Misiones sociales y una épica revolucionaria, es que las internas opositoras se muestran aun más absurdas. La figura de este líder se siente por todo el territorio venezolano; sin ir más lejos es la primera imagen que uno ve si entra al país por la conflictiva frontera colombiana. Chávez se erige por sobre todo; se brinda por él en los bares de Caracas, en los barrios – nuestras villas miserias –, se lo cita. Algunas familias lo tienen como tabú, como tema del que no se conversa, porque un amor intenso inspira también muy intensos odios. Imágenes todas que a los argentinos nos suenan conocidas. Chávez asumió el poder el 2 de febrero de 1999, y desde ese momento ganó 9 elecciones consecutivas. Es cada siete años, según sus propias palabras, que el proceso se renueva, se radicaliza; de un modelo socialdemócrata a la revolución bolivariana, de ahí al antiimperialismo y el socialismo del siglo XXI. El sueño es que el ciclo llegue al 2021, para el aniversario de la batalla de Carabobo. Pero como las cuentas no cierran ya que los mandatos duran 6 años y sólo está permitida una reelección, este afán significa una amenaza de avanzar con las reformas y no abandonar el Palacio de Miraflores para aquellos sectores que enarbolan el abstencionismo por malas condiciones electorales. Sin duda esta advertencia coloca a los principales referentes del no votar, Acción Democrática (AD) y COPEI, contra la espada y la pared: las legislativas del año pasado, que determinaron el control absoluto de la Asamblea Nacional por el oficialismo, es una muestra de cómo termina su estrategia. Pero esa no es la única amenaza de Chávez. Al parecer también se cansó de los permanentes chantajes desestabilizadores, el último de ellos, la fuga del presidente de la opositora Confederación de Trabajadores de Venezuela (CTV), Carlos Ortega, encarcelado luego del sabotaje petrolero de 2002. “Se acabó el Chávez permisivo”, declaró con firmeza en un acto de campaña después del suceso. 10 millones de votos, teniendo en cuenta que la participación en Venezuela no es obligatoria, significarían un número cercano al 75 % de apoyo al nuevo desafío. La magnitud de esta expectativa, descabellada para otros contextos políticos, tiene de fondo la intención de consolidarse a nivel interno y salir al mapamundi a expandir el Socialismo del siglo XXI. Por eso es que los congresistas declararon frente a la candidatura única que “la lucha es con el imperio, no con Rosales”. Pero la oposición, por otro lado, tiene una herramienta indispensable para legitimar a Chávez internacionalmente: darle juego democrático a una democracia a la que se la acusa de totalitarismo. Por eso es que se rumoreaba que la candidatura del Conde del Guácharo, famoso comediante de la Isla Margarita, había tenido un empujoncito de parte del gobierno. Si eso es cierto, la táctica fue correcta porque bastó que se presente el outsider para que Rosales aparezca en la tapa de los diarios. La revolución desde adentro Hace tiempo que definir el concepto revolución se ha vuelto más difícil. Más complejo teórica y políticamente, con más comas y ángulos. En ese sentido, los más radicales de esta nueva corriente de centroizquierda sudamericana, Bolivia y Venezuela, nos meten en un aprieto. Amparados por Fidel Castro, ponen sobre la mesa la idea de un nuevo modelo de revoluciones, las “Revoluciones democráticas”, que dejan por delante un desafío para la teoría y la praxis difícil de afrontar. Prueba de esto es que ninguno de los conceptos que Chávez lanza al ruedo están amparados por un cuerpo teórico: Socialismo del siglo XXI, ALBA, Revolución Bolivariana. “Le pregunté a él que era el ALBA y sonrió para después responderme: Fidel me ha preguntado lo mismo y le dije que es una idea, un concepto”, le comentó a estos corresponsales la embajadora argentina, Alicia Castro. Sin embargo, es indiscutible que en lo material la situación cambió en estos 7 años. Florecieron las Misiones sociales por todo el país y así por primera vez los pobladores de los barrios, nuestras villas miserias, comenzaron a tener asistencia médica totalmente gratuita (en Venezuela hay más de 30.000 médicos cubanos) y la posibilidad real de comenzar o terminar sus estudios. Aquí no hay industria alguna significativa salvo la petrolera; es por eso que el Ejecutivo optó por avanzar lentamente en la diversificación de la producción con un firme apoyo a las cooperativas. Al mismo tiempo que mantiene como objetivo estratégico el de alimentar al mercado interno, expropiando latifundios y repartiéndolos entre pequeños productores, inyectando dinero y aumentando los salarios mínimos a 465.000bs. (660 pesos). Aun cuando como contrapartida, estas medidas aceleran la inflación, factor que endurece, junto a la creciente inseguridad, mucho la vida cotidiana de los venezolanos. El sustento de todo esto son los altos precios del petróleo que superan los 70 dólares el barril de crudo (cuando Chávez asumió, el precio estaba en 10). Sólo así se explica que los subsidios estatales puedan hacer que el litro de nafta cueste aquí solo 15 centavos. Estas ganancias, según los críticos, son las que generan grandes redes clientelares y de corrupción en este dadivoso Estado. Asimismo se señala con impaciencia que si bien se ha redistribuido la renta petrolera con los planes sociales, resta avanzar en la redistribución total de la riqueza y en la superación de los altos índices de pobreza que aún tiene el país y de desempleo (37% y 10,2% respectivamente según los datos oficiales del 2005). En el aspecto político, desde el mismo día que asumió, Chávez pateó el tablero al romper con el sistema bipartidista manejado por AD y COPEI que gobernó Venezuela desde la caída en 1958 del dictador Marcos Pérez Jiménez. Luego, lentamente, fue creando de su persona un mito vivo y una nueva hegemonía que está marcando un quiebre histórico, como lo fue el primer peronismo en la Argentina. La solución al problema del excesivo personalismo, es paradojal. Mientras habla en tercera persona - dice cosas como “Chávez es el pueblo” - e insiste en esa relación paternal, apoya a todas las organizaciones de base, muchas de ellas creadas desde Miraflores, con dinero, infraestructura y espacios que les quita a los políticos de carrera. Para muchos, inclusive, este es el principal rasgo de la revolución, lo que llaman la democratización del poder, y que tiene como ejemplos los consejos comunales, las mesas técnicas del agua, el parlamentarismo de calle y el aumento del control social. Pero todavía esos espacios no están consolidados, mientras que sí lo está una enorme burocracia a la que se acusa por dentro y fuera del chavismo de ineficiente y corrupta. Como afirma Picky, organizador de “Tiuna el Fuerte”, uno de los pocos centros culturales juveniles que trabajan con la revolución: “Entre Chávez y nosotros está la mierda”. “Marx + Bolivar = Socialismo del siglo XXI” explican las paredes caraqueñas. Sin embargo, quizá no alcance para explicar todo un proceso que avanza y que el próximo 3 D seguramente dará otro paso hacia ese destino que, una vez más, nadie puede anticipar. Recuadro: Chávez y el mundo El 1 de enero de 1994, el mismo día que México firmaba el NAFTA con EEUU y Canadá, el Ejercito Zapatista de Liberación Nacional se levantaba en armas y tomaba San Cristóbal de las Casas; el neoliberalismo empezaba a ser cuestionado. Diez años después, con la victoria en el referéndum revocatorio de 2004, Chávez aceita el debate y da un paso adelante: revive al Socialismo – del siglo XXI – y lo reinserta en la agenda mundial. Con decisiones tácticas, visión geopolítica y muchos petrodólares, Chávez pretende encabezar un proyecto que rompa con la unipolaridad estadounidense. Es por eso que busca apoyos en su carrera hacia una plaza no permanente en el Consejo de Seguridad de la ONU y traza alianzas con proyectos tan disímiles como los que avanzan en Rusia, China, Irán (relación en la que influye también la OPEP), Líbano, Vietnam, África o el MERCOSUR. En América Latina su influencia es grande. Con aciertos como el apoyo sutil a Evo Morales en Bolivia, errores como la intromisión obscena a favor del cesarista Ollanta Humala en el Perú y la guía infalible que encontró en Fidel Castro, fue construyendo una imagen que logró conquistar a las izquierdas locales. Chávez ve en esta región un punto de despegue hacia el mundo, es por eso que, después de romper con la Comunidad Andina de Naciones luego de que Colombia y Perú firmaran los TLC, apostó muy fuerte al MERCOSUR. Ve allí no una integración mercantil, sino una política. Un taxista indignado nos comentaba sobre la “regaladera” de Chávez a los otros países: “Eso no le gusta a nadie”, nos decía. No notó que, justo en ese momento, un cartel le respondía: “Somos antiimperialistas por solidaridad con el mundo”. Primera quincena de septiembre, para la Revista Accion del Centro Cultural de la Cooperacion

La oposición venezolana tiene candidato

Después de días de incertidumbre se anunció que el gobernador por el estado petrolero y con tendencias separatistas del Zulia, Manuel Rosales, será el candidato único que la oposición venezolana presentará para enfrentar a Hugo Chávez en las presidenciales del 3 de diciembre.
La opción responde a un acuerdo firmado por Rosales, Julio Borges – candidato a vice - y Teodoro Petkoff, los tres principales dirigentes del arco opositor, en el que se comprometían a presentar un candidato unificado antes del 31 de julio.
La decisión tardó más de lo que los medios de comunicación hubieran deseado por varias razones. Una fue el debate que mantenían con los sectores abstencionistas quienes impulsaban nuevamente este camino, como lo hicieron en las legislativas de diciembre de 2005 con un alto costo: el actual control absoluto de la Asamblea Nacional por parte del Ejecutivo. Este debate, sin embargo, había quedado medianamente saldado con el lanzamiento del famoso comediante Benjamín Rausseo, más conocido como el “Conde de Guácharo”, quien declaró que sólo se retirará si “aparece otro outsider”.
El tema más espinoso, no obstante, era el político. Todos sabían que quien resultara candidato estaba asumiendo el liderazgo del sector, y no sólo con miras a diciembre.
Los perfiles de cada uno de ellos son, a priori, irreconciliables. Rosales, representante de la centro-izquierda, tuvo su pasado en Acción Democrática. Borges, de centro-derecha, tuvo muchas conexiones con el viejo COPEI. Petkoff, quien fue guerrillero, militó en el Partido Comunista y fundó en el Movimiento al Socialismo, en conversación con Perfil, justificó la alianza argumentando que “es lo que hay” a pesar de no verle “muchas perspectivas”. Y se preguntó: “Desde los frentes populares antifascistas ¿a quién le sorprende que la derecha y la izquierda se unan?”.
Petkoff, quien fue siempre muy crítico de la oposición, del golpe de estado del 11 de abril de 2002, de la huelga petrolera, optó por perdonar a sus aliados: “Independientemente de que hayan cometido la tontería de participar en el acto donde se firmó el decreto de (Pedro) Carmona que disolvió todos los poderes públicos en 2002, el tema es que la gente cambia”. Y volvió a justificarse: “Las volteretas políticas pueden ser más comprensibles cuando hay algunas cuestiones fundamentales que obligan a crear alianzas necesarias para alcanzar ciertos fines”.
Las ideas iniciales para el plan de gobierno serán el combate contra la inseguridad, el respeto a la propiedad privada, la construcción de viviendas, la oposición a la carrera armamentista, incentivar las misiones que Chávez creó y frenar la cooperación económica con los países de la región.
En el acto donde presentó su candidatura, Rosales aseguró: “Es el momento de las decisiones. No nos pueden temblar las piernas. No vamos a bajar la mirada ante nuestros hijos. Es hora de atreverse. Vamos a Miraflores”. Sin embargo, con un 20 % de intención de voto y con todas las encuestas dando como ganador a Chávez en primera vuelta, la tarea se le presenta cuesta arriba.

20 – 08 – 2006, Para Perfil

“Apuesto a la integración, pero voy a conversar con EEUU”

Entrevista a León Roldós


“La tercera es la vencida”, dice un sabio refrán popular. Y esta vez, León Roldós no pudo con la tentación de aliarse con la centrista Izquierda Democrática, abandonar así su perfil independiente y formar la RED Etica y Democrática de cara a las elecciones generales del próximo 15 de octubre.
La jugada no parece haberle salido nada mal. Este abogado proveniente del ámbito académico, hermano del ex presidente Jaime Roldós Aguilera (asesinado en su cargo el 24 de mayo de 1981), encabeza todas las encuestas con un 26 por ciento de intención de voto muy lejos del pelotón que lo persigue.
Ese 2 de mayo, mientras esperábamos que Roldós nos diera la entrevista prometida, nos pusimos a hojear las revistas que estaban desparramadas sobre la mesita ratona de su oficina. Todas hablaban del Tratado de Libre Comercio (TLC) con Estados Unidos, y todas se quejaban de la falta de voluntad del gobierno de Alfredo Palacio para firmarlo. “¿Cuánto más tendremos que esperar?”, se preguntaban indignadas. Lo cierto es que días después - el lunes 15 - el ministro de Energía y Minas, Iván Rodríguez, declaró la caducidad del contrato con la petrolera Occidental de origen estadounidense, decisión que significo la muerte de las negociaciones. Aquí sus palabras.


¿Cuáles considera que son las causas de la grave crisis de gobernabilidad que sufre el Ecuador desde la caída de Abdalá Bucaram en 1997?
El problema fue que abandonamos la gobernabilidad en democracia para auto engañarnos. Creímos que había sectores políticos que eran mayoritarios en el Ecuador y así fue como grupos políticos y económicos como se fueron convirtiendo en una especie de “padrinos”.
¿Usted explica el que su país haya tenido siete presidentes en diez años por la influencia de meros actores individuales?
La crisis se origina cuando el país no responde a los mandatos de la democracia, sino a grandes padrinos. Y como siempre hay desajustes sociales y económicos, estos son llevados a una crisis que se origina, a su vez, por las formas en que los padrinos manejan, explotan y manipula en el Ecuador la democracia.
¿Y cómo hacer para anular a esos padrinos?
Si vamos fortaleciendo de la democracia y creando un nuevo régimen político en el país, es posible que los padrinos queden en la historia.
¿De qué modelo de democracia habla?
Primero la organización social; segundo fijar las prioridades del país que se ubican en un desarrollo que de oportunidad de trabajo a los ecuatorianos, que genere realmente la posibilidad de que la esperanza se convierta en realidad. Esto implica grandes líneas maestras, que signifiquen lo que yo llamo la “revolución sanitaria”, un cambio profundo en la educación y, sobre todo, generar confianza y credibilidad en el Ecuador.
¿Y para eso fortalecer el Estado es una de sus estrategias?
Fortalecer el Estado en sus competencias, no el Estado invasivo en actividades en las que se pueden permitir inversiones privadas.
¿Qué haría usted con las organizaciones sociales que están vigentes y que son un factor de poder claro en tanto movilización y organización?
Tendré diálogos oportunos. Eso implica tener los argumentos para dialogar, que la respuesta oficial no sea sólo un no, pero tampoco el sometimiento a los objetivos que las organizaciones persiguen. Hay que recordar que la apertura no significa necesariamente caos, y en el Ecuador como no hay aperturas hay reacciones sociales, hay protestas y hay caos.
¿Eso implica, por ejemplo, otorgarles espacios a las ramas políticas de los movimientos sociales, como el Movimiento Pachakutik?
No, implica debatir los temas que ellos consideren, dialogar, buscar soluciones. Lógicamente estas no van a ser impuestas por ellos, pero tampoco hay que hacer oídos sordos a lo que expongan.
En un eventual gobierno suyo, ¿ve criticas por izquierda o por derecha?
Veo por los dos lados. Por derecha porque vamos a afectar al sistema politico-económico del Ecuador; y en la izquierda habrá ultrismos. Usted fíjese que hasta el sandinismo tuvo ultra izquierdistas que estuvieron en contra. Y en Cuba, en pleno proceso de la guerrilla de Fidel Castro, el Partido Comunista estuvo en contra. Y no se olvide usted que en Brasil contra Lula también hay ultristas. Si ahí hubo ultristas que no entendieron los procesos, tampoco vamos a pedir que en el Ecuador los entiendan.
¿Las críticas de la derecha vendrían desde una oposición hacia un proyecto distributivo en términos de ingresos?
Claro, a la afectación de toda la maquinaria. A la democratización de los créditos del país, a que sean necesarios mayores espacios de competencia real de la producción, a que no pueda haber acumulación de riqueza sin una distribución del ingreso.
¿Cómo se define usted políticamente?
Como un hombre de izquierda. Pero creo que la izquierda de hoy día tiene que vivir la realidad de las circunstancias de un país que no implique forzar rupturas ni bajar la cabeza.
¿Qué diferencias encuentra entre su proyecto, el de Rafael Correa y el de Lucio Gutiérrez?
Gutiérrez ya demostró que manejó un discurso de ruptura que se cortaba las muñecas y luego firmaba con sangre. Yo creo que siempre, desde el 21 de enero que asumió, fue un aliado total de los EEUU, todo fue parte de una misma trama. Correa tiene un discurso muy parecido al de Gutiérrez, pero cuando fue ministro de economía pagó la deuda y optó por Luis Alberto Moreno de Colombia para presidente del BID. A Correa lo veo muy parecido, con titulo de postgrado, a Gutiérrez.
En base a lo que dijo de Correa, usted estaría a su izquierda…
No, yo simplemente soy realista.
Entonces es su realismo es el que lo lleva a afirmar que está a la izquierda de Correa…
Yo digo que sólo en el discurso Correa puede estar en el supra, ultra izquierda.
Sin embargo, del ministerio lo expulsaron por algunas medidas progresistas como tratados con PDVSA por el transporte del petróleo…
¿Pero concretó algo o no concretó nada? El caso de la OXY era conocido y todo el escándalo se produce cuando él sale. Estuvo dos meses y medio y en ese tiempo no hizo nada. Yo miro con recelo al Gutierrismo y al neogutierrismo.
¿Y usted qué haría con respecto a la OXY ?
Yo creo que hay que aplicar la ley sin escandalizar y eso significa declarar la caducidad.
Este tema nos lleva a pensar en EEUU y EEUU en el TLC…
Yo no estoy con que el TLC va porque va o no va porque no va. Creo, además, que el pueblo ecuatoriano debe votarlo en las urnas.
Eso hemos leído, y también que usted sostiene que el tratado debe ser negociado en mejores condiciones. Pero, ¿qué significa mejores condiciones?
Es que como esta hoy, yo no estoy de acuerdo. Se puede negociar, claro que se puede negociar. El tema es negociar bien.
Es que en general se escapa un tema con los TLC’s. Se suele debatir sobre los beneficios comerciales y se soslaya el aspecto político. Sin ir más lejos, por la firma de Perú y Colombia, se rompió la Comunidad de Naciones Andinas (CAN). En este momento se presentan dos proyectos, uno de integración regional y el del ALCA que no funcionó y que se renovó con los TLC.
Es que para mi no son incompatibles, los que buscan la incompatibilidad sólo buscan el pensamiento político.
No serán incompatibles, pero la CAN se cayó por eso…
Todo el respeto con el señor Hugo Chavez, pero yo no voy a gobernar en función de lo que él quiera o no. Yo a Chavez lo invito a que invierta en refinerías en el Ecuador.
No se trata de Chávez necesariamente, estamos hablando en términos regionales…
El solo hecho político no debe llevar a una decisión, yo creo en los contenidos.
Entonces no se cometería un error en afirmar que usted no hace una apuesta explícita y abierta hacia un proyecto de integración regional…
Yo apuesto a la integración, pero no condicionado a que no converse con EEUU.
Lo que pasa es que, en términos comerciales, a la integración regional no la beneficia el que sus países miembros hagan tratados bilaterales con Estados Unidos…
Esa es una opinión suya, yo creo que hay que sentarse a conversar. Si usted me dice que con EEUU nada, entonces todos resolvamos no comprar ni vender nada a EEUU.
Tomemos el caso de Bolivia y de su exportación de soja. Su principal mercado es la CAN y puntualmente Colombia. Entonces, si este país firma un TLC con EEUU afecta directamente a la integración…
Es que debe pensarse en los entornos de los países. Colombia debe pensar en Bolivia y en sus intereses nacionales. Lo que no acepto es que todo tiene que ser blanco o negro, creo que puede haber distintas formas de integración.
¿Pero usted coincide con nosotros en que los TLC son la estrategia estadounidense posterior al fracaso del ALCA como proyecto en América Latina?
Si, pero porque frente al ALCA Lula, con mucha sensatez, planteo que hagamos acuerdos multilaterales y EEUU dijo que eso no le conviene. Además de eso, yo no lo llamaría tratado de libre comercio, porque es un tratado comercial de restricción de exportaciones e importaciones. Para que haya libre comercio tiene que ser total.
¿De qué cosas está en contra y qué cosas está a favor del actual estado de las negociaciones del TLC?
El tema propiedad intelectual, es un punto importante. Por otro lado, el Ecuador no puede ser depositario ni receptor de ropa usada, ni de basura, ni de chatarra cuando hay una industria en formación. El Ecuador no puede aceptar que no se lo trate igual que a Centro América. En materia de pollo y aves, no se puede permitir que haya libre importación de las partes traseras porque ellos no los consumen. En el caso del ganado bovino que haya libre exportación para vísceras y despojos finales no puede ser. Son todos puntos discutibles, pero no si nos quedamos en lo ideológico. Puede ser que los contenidos te lleven al no, pero los contenidos.
¿Lo ideológico como sinónimo de político?
No necesariamente, porque más políticos que todos son los EEUU. Más político que Cuba y todo lo demás…
Justamente por eso, los TLC’s no son sólo tratados de libre comercio, en realidad poco tienen de eso y mucho de políticas estratégicas…
Estoy hablando de restricciones y de preferencias, estoy hablando de eso.
Un 25 por ciento de la población económicamente activa ecuatoriana vive fuera del país y muchos de ellos lo hacen en EEUU. ¿Cuáles serían las líneas de su política inmigratoria?
Hemos estado involucrados en la defensa de los migrantes y creemos que debe haber una política inmigratoria integradora. Frente a la política represiva estadounidense tiene que haber una gran unidad de Latinoamérica.
Hemos leído que usted no se alinea con un proyecto como el de Morales o el de Chávez y sí con un “socialismo moderno” como el de Bachelet, Lula o Vázquez. En este mapa, ¿dónde metería a Kirchner?
No lo metería con ninguno de los dos, Kirchner no es clasificable en forma absoluta. Internacionalmente ha tenido buenas posiciones, pero internamente todavía esta por verse ya que su gobierno tiene todavía todas las demandas de los sectores sociales vigentes.
¿Le interesan las relaciones con la Argentina ?
Sí, también las tendría con Chavez. Sin ir más lejos, acabo de estar en Cuba conversando varias horas con Fidel Castro el jueves pasado.
¿Qué opina de la renegociacion de la deuda externa de Kirchner, pensando, claro esta, en la deuda ecuatoriana?
Fácil: pienso que simplemente no hay que pagar. Hay que reestructurarla a largo plazo y los fondos que se liberen tienen que ir a la “revolución sanitaria”, al agua potable, al alcantarillado y a la vivienda.
¿No pagaría la totalidad de la deuda externa?
Hay varios componentes, y yo no quisiera decir cuáles son. Eso es parte de la estrategia que vamos a llevar adelante. No pagaríamos la deuda comercial que es la más grande de todas, luego llegaría a acuerdos con la banca mundial, con el BM y el BID.
Volviendo, ¿qué significa el socialismo moderno?
Vivir la realidad del mundo contemporáneo, de la globalización, pero defendiendo principios.
¿Pero se acerca al socialismo del siglo XXI de Chávez?
Ahí nos perdemos en los referentes. Creo que con Chávez se pueden tener excelentes relaciones, pero no es que se esta con o contra él. Me parece, por ejemplo, un error la posición de Alan García de salir a confrontar.
Ya que se metió le pregunto, ¿cómo ve el proceso peruano?
No sé. De Ollanta Humala tengo tales vacíos de información que no puedo dar ni siquiera un criterio de ello. Su línea ha sido fascista, no revolucionaria.
Con respecto a la política energetica, ¿qué opina de la ley de hidrocarburos que divide en un 50 y un 50 por ciento entre el Estado y las empresas petroleras las ganancias extraordinarias?
Yo particularmente no consideraba indispensable esa ley porque creo que se tenía que negociar con autoridad. No es que sólo de ahora en adelante deba ser un 50 y 50; hay toda una historia, ha habido cuatro años en que a este país se lo ha saqueado. Es un tema irrenunciable para el país sentarse a negociar.
¿Usted renegociaría la ley ya firmada?
La ley no, renegociaria la relación con las empresas. Iría más allá de la ley de hidrocarburos porque eso es de ahora en adelante y hay que recuperar lo que ganaron en demasía.
Entonces, ¿qué piensa de la nacionalización de Evo Morales?
Habría que ver los argumentos. Acá (por el caso OXY) hay un caso clarisimo de lesión enorme. Cuando se establecieron los precios referenciales de 15 dólares, se estableció un valor de costo cerca de los 9 dólares y había 6 dólares que se repartían 3 y 3. Al final el país se quedo con un trosito y los precios subieron.
01 -06 - 2006, Para La Agencia Periodistica del Mercosur (APM), www.prensamercosur.com.ar

"Hay que recuperar a Ecuador con medidas radicales"

Entrevista a Rafael Correa, candidato a presidente por Alianza País y ex ministro de Economía. 21/05/06


La cita fue el domingo por la noche, único momento que encontró entre los agitados viajes de campaña. Inesperadamente, fue en su casa donde nos atendió. La razón: sus niños estaban cansados y poco dispuestos a permanecer en el estudio de Gamavisión esperando que su padre termine de dar otra entrevista. Entre lecciones de francés, compromiso ineludible con su hija menor, con café y galletitas de por medio, Rafael Correa, candidato a presidente por Alianza país para las elecciones de Octubre en Ecuador, respondía sobre su proyecto.

-Ecuador vive subsumido en una crisis fuerte de legitimidad desde el año 1997, luego de la caída de Abdalá Bucaram, ¿cuáles crees que son las causas de este proceso?

-Creo que la crisis de legitimidad se debe a varios factores. Primero, los poderes han usado las instituciones según sus intereses, y cuando no les sirvieron las han destrozado. Lo que se hizo con Bucaram en 1997 es un ejemplo de ello, 44 legisladores se declararon psiquiatras y lo declararon por loco. Una barbaridad desplegada por León Febres Cordero y por el odio a Bucaram, con quien yo no simpatizo ni un poco, pero no se puede justificar una barbaridad así.
El segundo punto, es la traición de los distintos candidatos debido a las conveniencias de la cúpula. De Jamil Mahuad y luego de Lucio Gutiérrez, ambos destituidos de sus puestos de mandatarios. Supuestamente hay que bancarlos por cuatro años en nombre de la democracia, cuando la democracia es que el pueblo entrega un mandato para que se cumpla. El mandatario si no cumple se tiene que ir a la casa. Por eso, para que no haya las fricciones que llevan al borde de una guerra civil por culpa de un traidor, nosotros queremos establecer la revocatoria del mandato presidencial.
Un tercer factor de inestabilidad política, es la inestabilidad económica que vive la gente. El abandono, el fracaso de las políticas neoliberales, que ha hecho creer a mucha gente que no hay nada que perder, y eso lleva a que no les interese el equilibrio democrático. Es muy difícil que funcione si no hay interés en la gente.

-Usted justamente apareció en la escena política luego de la revuelta de los forajidos, un movimiento que se levanta contra estas falencias de la democracia ¿cómo ves ese proceso y donde ves que se condensa hoy en dia?

-Yo creo que es un proceso interesante, pese a quienes intenta desmerecerlo. 200.000 personas solo en Quito, que tiene menos de 2 millones de habitantes, sin financiamiento, sin cuartelazo, sin arreglo entre las cúpulas partidistas, movilizándose espontáneamente. Creo que fue algo histórico, pero por la misma espontaneidad luego se desmantelo. Yo creo que el país cambió en el 2005, los ciudadanos se dieron cuenta de que son el poder de una democracia. Eso es un movimiento que está despertando y a ese león es al que nosotros llamamos. Basta de que en la democracia nos gobiernen los mismos de siempre, las mafias política, la partidocracia. Ahí esta ese poder, desarticulado como siempre fue.

-¿Y cómo se puede condensar ese movimiento en una alternativa de poder hegemónica?

R: Detrás de lo que te he dicho hay cuestiones reales de poder. Gente que puede impedir que el país marche hacia un rumbo determinado, y nadie tiene el suficiente poder como para imponer una agenda. El PSC que es el mas votado gana el 25% de los votos, hay un fraccionamiento político terrible. Por eso es que tiene que surgir una fuerza no hegemónica, pero sí dominante, y eso es lo que estamos tratando de hacer, organizar a la ciudadanía para que ellos sean esa fuerza y reformular las reglas de juego con una asamblea nacional constituyente. Bolivia estaba peor que nosotros hace dos años, y de repente llega Evo Morales y gana con el 54%. Por eso sí creemos que es posible unificar al país, tener un poder determinante, alterar las relaciones de fuerza y ahí si sentarse con los otros actores políticos para llevar al país rumbo a la mejora de las grandes mayorías.

-¿Con qué sectores o en qué lugares hay que hablar para construir este proyecto?

-Creemos que el Pachacutik va a venir con nosotros pese a que están atentando una serie de factores para dividirnos. La famosa estrategia de la derecha de dividir a la izquierda. Esto más cierto sentimiento etnocentrista de los indígenas que los entendemos. Ellos no quieren ser trampolín de nadie, ya fueron traicionados, y por ello es que algunos plantean como mejor alternativa la del candidato propio. Nosotros, igualmente creemos que esta equivocada esa visión, es necesario en este momento tener una visión integral.
Todas estos temas hacen que sea muy difícil aglutinar las fuerzas de la tendencia, estamos intentando con todas nuestras fuerzas pero no nos engañamos, va a ser difícil. Por los personalismo, por estas pugnas que al final del día ves que no es de principios ni de programa sino de espacios de poder.

- ¿Y con el MPD y el socialismo crees que hay posibilidades de acordar una alianza?

-Con el MPD es muy difícil. Se supone que es un partido de izquierda, pero yo en el Ministerio me convencí de que no lo es. Sus posturas sectarias, fundamentalistas, lo único que hacen es dar argumentos a la derecha, como fue el caso de la privatización de la educación. Desacreditan a cualquiera que discrepe. Además de que sus postulados ideológicos cuando se ponen a negociar son postulados de puestos, y te presentan como un traidor.
Con el socialismo estamos conversando, pero primero necesitamos la respuesta de Pachacutik, la idea es hacer un frente de tres patas. Mientras no estén definidas las cosas es difícil resolver.

La conversación se interrumpe entre llamados y necesidades familiares. Lo consultan, lo buscan y él responde responsablemente a todas sus funciones. Vuelve a la pregunta con los ojos todavía perdidos entre ideas mezcladas, entre los deberes de una agenda que termina tarde en la noche y empieza a la madrugada con un viaje al interior del país. Sus años de entrenamiento intelectual, sin embargo, le dejaron la capacidad de concentración rápida.

- Las propuestas electorales aparecen todavía indefinidas, y en esa indefinición se ve una semejanza entre el proyecto de Alianza País y el de León Roldós que genera la disputa del electorado progresista. ¿Cómo definirías las diferencias entre los dos proyectos?

-La asamblea constituyente es un punto clave. Él primero hablo de la asamblea, pero luego cuando busco el apoyo de la Izquierda Democrática, retrocedió en su postura. Ahora está hablando de reforma a través del Congreso, lo cual le conviene a los partidos tradicionales. Otro ejemplo es el TLC. El discurso de Roldós es hay que negociarlo bien, cuando para nosotros es claramente un proyecto que destruye a nuestro país. Lo de la deuda externa empezó a hablar sólo cuando nosotros empezamos a hablar. Con respecto a las petroleras, y porque Roldós es un hombre honrado, probablemente esté convencido de que hay que acabar con el robo de estas empresas.
¿Cuál es la estrategia de Roldós? Ya haber pactado con el centro y la derecha, para ahora si con el discurso ubicarse en la izquierda y captar más adeptos. Supuestamente nos disputa el espacio, pero el proyecto de Roldós, es de centro derecha, vinculado a la partidocracia.
Pero además, el momento político actual no es posible de acotar a los paradigmas de derecha o izquierda, sino que hay una rebelión ciudadana ante la falta de representación de nuestros políticos. Eso no lo maneja Roldós porque ha pactado, lo quiso manejar cuando se presentó como el candidato de los ciudadanos pero luego se alió con ID. Nosotros, por ejemplo, hemos captado igualmente a todo un electorado de centro y derecha apolíticos, como los jóvenes. Una variable a analizar en la política ecuatoriana es patriotismo y honestidad. Yo prefiero un gobierno de derecha honesto y patriota, que uno de izquierda corrupto. Los jóvenes nos ven con esas características.
Es un hombre honrado, menos bruto, al final va a terminar haciendo menos mal las cosas, con menos ineficiencia, pero va a continuar con el neoliberalismo. Va a continuar esta democracia pseudorepresentativa, esta incursión en la globalización con el modelo liberal. Va a haber simplemente reformas coquetas.
Creo que con el tiempo se van a ir definiendo las posturas, los proyectos. Va a ir cambiando el imaginario que postula a Roldós a la izquierda, para vincularlo al establishment y a la centro derecha. Actualmente de 100 grupos de izquierda, si tuviesen que elegir entre Roldós o Alianza País, 80 se quedan con nosotros.

Revolución ciudadana y soberanía

Su programa tiene una característica poco usual en política latinoamericana, el acompañamiento de los proyectos de argumentos técnicos y datos precisos. También en él se nota la marca de su visión economicista, aún cuando él mismo se define como un economista con mucho sentido común.
Con un 10% de intención de voto en las encuestas, Correa representa una opción de izquierda intelectualizada. Aun así, algunos alegan la posibilidad de que sea otro populista que, como los anteriores mandatarios, después traiciona su palabra. Lo cierto es que los pocos meses en el cargo de Ministro de Economía luego del derrocamiento popular del gobierno de Lucio Gutiérrez, no dieron tiempo para sacarse la duda.

-¿Qué significa el manejo soberano de la economía sobre el que se hace hincapié en el programa político?

-Soberanía implica independencia, capacidad de tomar opciones, y con el tiempo nosotros nos hemos vuelto cada vez mas dependientes. En nombre de la inversión extranjera nos han vendido, nos han dicho que es necesaria y suficiente para el desarrollo. Nos ponemos de rodillas para que vengan 1.500 millones, más de la mitad para petróleo, y mandamos para afuera 3.000 millones. Tenemos que recuperar nuestra capacidad de acción colectiva para que sea la sociedad la que domine al mercado, tenemos que parar esa intromisión de la embajada norteamericana, no mas ejemplos como la de la embajada declarando que el TLC dependía del caso OXY. El FMI ya vino para ver que vamos a hacer con esos 1.300 millones. Yo de presidente los expulso del país.
Si por mi fuera, sobre todo con los 1.300 millones que nos da la OXY, le pago al fondo los 300 millones que les debo y que no los vea más. Expulsaría al representante del BM, les pediría la explicación de por qué nos negaron un crédito cuando estaba todo en orden solamente porque un país soberano reformo una ley nacional, como fue el caso del FEIREP. De dignidad también viven los pueblos.

-En el prologo al libro “El rostro oculto del TLC”, hace mención a la marca de nuestros países como productores de materias primas y no de manufacturas, ¿Cuál es su estrategias de desarrollo para incentivar la industria?

-Hay que hacer mejoras en competitividad, hay que dar créditos, se necesita generar energía hidroeléctrica, se necesita bajar costos de financiamiento que es difícil de llevar a cabo mientras la banca sea dueña del país. Hay que apoyar a la industria, nuestro proyecto de desarrollo es integral. Pero nosotros vamos a poner énfasis en el principal problema que es el desempleo, y la empresa manufacturera no genera mucho, es intensiva en capital. Por eso es que vamos a hacer énfasis en la economía popular, en el pequeño productor rural, en el artesano, en el empresario minorista, en el empresario informal, que hace además que se redistribuya el ingreso. Genera una demanda que reactiva.

-Cuando hablas del desarrollo de las fuerzas internas, ¿significa eso el apoyo a la burguesía nacional?.

-Nuestra burguesía nacional es altamente entreguista, esnobista. Si coincide con nuestros postulados es mejor tenerla como aliada estratégica, pero te diría que es muy remota esa posibilidad. Lo único que supera a su arrogancia es su ignorancia.

- ¿Consideras que está muerto el TLC luego de que se haya decretado la caducidad de los contratos de la Occidental?

-Si, casi muerto, pero puede resurgir, hay que esperar a ver que pasa con el caso OXY, quizás les dan devuelta el contrato en nuevos términos. Todo se puede esperar de estos gobiernos. No alimentemos falsas expectativas.

-¿Cuál es tu propuesta en materia energética?

-Chávez tiene interesantes propuestas en este sentido. Nosotros consideramos que tiene que haber una integración energética de América Latina. Aquí esta destrozado el sistema eléctrico. Es necesario invertir en energía hidroeléctrica porque en nuestro continente tenemos la más cara generación de energía, pero sucede que hay fuertes intereses de grupos privados. Tenemos además un consumo ineficiente y un mal uso. Se debe atacar la demanda subsidiando focos con menor consumo, aparatos electrodomésticos mas eficientes.
-Con respecto al tema de petróleo, ¿qué te parece la idea de Chávez de construir un gasoducto que una Caracas y Buenos Aires o de lo que han hablado algunos de tus colaboradores de la alianza estratégica con Venezuela para trabajar en refinería?

-Pienso que sería importante que Venezuela invierta en Ecuador, que nosotros hagamos refinerías para procesar el crudo de ellos y demos trabajo en nuestra tierra. Nuestra producción es marginal comparada con la de Venezuela, con una refinería tendríamos para procesar nuestro crudo.
En el caso ecuatoriano hay que rescatar para el estado el sector hidrocarburífero. Cuando dicen hay que nacionalizar el petróleo, definan qué es nacionalizar. Porque el petróleo es del Estado. El problema son las malas negociaciones, a las transnacionales se les permite explorar porque es conveniente, si el Estado explora y no encuentra, es un problema grave. Que arriesguen, el tema es que participación nos dan. Si nacionalizar es dejar que la exploración esté en manos del Estado, no estoy de acuerdo porque es una actividad de alto riesgo y de alta tecnología.

-A lo Evo Morales...

-Es que Bolivia es el país que más lejos fue en las reformas neoliberales y Evo revirtió las medidas de los 90 y renegocio mejor los contratos. Ecuador nunca privatizo el petróleo.

-¿Qué opinas de la Ley de hidrocarburos que pone las regalías extraordinarias en 50 y 50?

-Fue un paso adelante, y un acierto de este gobierno y de Diego Borja. Yo como ministro de Economía estaba estudiando eso, y no me alcanzo el tiempo. Había tres alternativas para tratar de mejorar la participación del Estado. El 21 de Julio hicimos la comisión de 2005 para renegociar los contratos petroleros y a las 2 semanas estaba fuera del gobierno. Este gobierno eligió la opción de la reforma a la Ley de Hidrocarburos y el impuesto especial llamado Wilfol Profix Tax, que hasta los países anglosajones, supuestamente los mas liberales, lo aplican en caso que las industrias tengan ganancias extraordinarias. Todo contrato es valido mientras se mantengan razonablemente las condiciones en que se firmaron. Estos señores creen que la seguridad jurídica es que se multiplica por 20 el precio del petróleo y tenemos que ver cómo se nos llevan nuestro ingreso, a otro con ese cuento.
Estábamos estudiando la alternativa de la renegociación de los contratos, que significa reajuste por precios y mayor participación por volumen. Lo que se gana por precios ya lo esta enfrentando la reforma de ley de hidrocarburos, queda el tema de los volúmenes. La vía que yo había escogido en cuanto a volumen era la tasa especial. La Ley de Hidrocarburos, me parece un acierto, aunque insuficiente. Si son ganancias extraordinarias de un recurso no renovable que es propiedad del Estado ¿por qué tenemos que ir 50 y 50?, debemos ir ochenta a veinte, noventa a diez. Son ganancias que ellos no esperaban.

-En cuanto a la dolarización, ¿Cómo piensa enfrentar sus efectos y cuál es su estrategia alargo plazo?

-En este momento las condiciones no están dadas para la salida de la dolarización, la salida en el largo plazo puede ser una moneda regional, andina.

-Pero eso parece ser una salida tan a largo plazo, con la crisis actual de la CAN, se depende de voluntades externas.

-Yo estudie la posibilidad de una moneda andina y no es tan difícil. En Europa sucedió lo mismo, se aceleraron procesos y fue la voluntad política de sus lideres la que permitió la unión monetaria. Europa no reunía los requisitos de un área monetaria técnicamente.

-Pero parece justamente que no hay voluntad política en los andes, como son los casos de Perú y Colombia con la firma de los TLC.

-Pero miremos a Chávez, Evo Morales, Kirchner, Tabare Vazquez, Lula Da Silva.

-Sin embargo, incluso en el Mercosur, Brasil y Argentina tienen una forma de enfrentar la integración bastante individualista.

-Los países grandes, bueno, pierden de esas cosas. ¿Por qué se va a aliar Brasil con Ecuador si ya es la mitad de Sudamérica?. Por eso esos países son más difíciles de convencer, pero entre los países pequeños se puede dar de otra manera y las condiciones no son tan lejanas. Hay problemas con Colombia y Perú, pero están Ecuador, Bolivia y Venezuela.

-¿Con la deuda externa que política tendrías?

-En el caso de Argentina Kirchner puso como condición para negociar que no se pague más del 3%, el país no iba a poder crecer y generar empleo. Ecuador paga el 7% y así no va a crecer. Hay que ir a una renegociación en sus tres tramos. Lo que se hizo en 2000 fue un atraco, todos los bonos habían caído a 20% en el mercado internacional, el país quebrado y había liquidez. Se fue a una renegociación y se pagaron intereses atrasados, un desastre. Hay que renegociar también la deuda con las multilaterales, nunca se lo ha hecho pero se debe hacer. Estos sinverguenzas nos dan 350 millones, que no nos dieron en 2005 para boicotearnos porque yo era ministro, para pagarle a ellos mismo 800 millones. Si somos un gobierno soberano no pedimos dos reales mas, les vamos a pagar hasta el ultimo centavo, pero al ritmo nuestro, no al que ustedes nos exigen. Porque esta es la manera de condicionar a los países, no hacen falta portaviones, bombarderos, sino financiamiento. Habra tambien que negociar deudas bilaterales, esas pseudodeudas de gobierno a gobierno para pseudoayuda al desarrollo, muchas veces son un atraco. Los créditos vienen amarrados los créditos para comprar a la empresa de ese país. Mucha de esa deuda se generó en la década del 70 en dictaduras militares y en armamento. ¿Por qué pagar esas deudas? Habrá que renegociarlas, y denunciar las ilegitimas.

La región, las particularidades y la radicalidad

-En lo regional, señalás la importancia de la integración, ¿cómo observás la crisis de la CAN? ¿cercana a la ruptura de Chávez o a la conciliación de Evo Morales?

-Chávez lo que hizo fue extender la partida de defunción. Los que lo mataron fueron Colombia, Perú y Ecuador, tres países de cinco naciones que firmaron tratados de libre comercio. Si queremos unificar, hay que ponerse de acuerdo, que ninguno de los países firme tratados si no es en forma colectiva, como lo exige la Unión Europea. De todas formas, creo que lo de la CAN es crónica de una muerte anunciada. Debemos sí, acercarnos a otros modelos como es por ejemplo ampliar el Mercosur, explotarlo.

- ¿Qué opinión te merece el gobierno de Néstor Kirchner en la argentina?

-Creo que ha dado gratas sorpresas, con pragmatismo y sentido común, sin dogmatismos. Ha hecho mucho.

-Dentro de lo que es el corrimiento de la centro izquierda hay mas bien bloques diferenciados, ¿te ves mas cerca de los socialismos modernos como el de Tabaré Vazquez o de los procesos mas radicales como son Bolivia y Venezuela?

-Yo creo que responde a la regla de cada país, no solo a las formas. Hay gente que pretende que el estilo de Chávez sea el mismo que el de Bachelet. Un venezolano y un chileno de Santiago, son cosas distintas. Sí creo, de todas formas, que hay un nacionalismo en los casos de Venezuela y Bolivia en donde existe un antinorteamericanismo más claro, pero que responden a las reglas de esos países. En Chile y Uruguay no se han devastado los recursos naturales como sí se hizo en Bolivia y Venezuela. Creo que no es que puedes encontrar catecismo de modelos exactos en países diferentes para decir esto pertenece a la misma tendencia. Creo que sí coinciden en muchas cosas, en buscar un nacionalismo que difiere en los grados, reactivar la economía popular, el trabajo, tratar de limitar esta intilequia del mercado, etc. Sin embargo el grado de profundidad responde a las realidades de cada país.

-Y en Ecuador, ¿qué grado de profundidad corresponde?

-Acá debemos ser muy radicales, porque aquí se nos han llevado al país. Bachelet por ejemplo, no tiene el problema de nosotros, no tienen petróleo, y CODELCO, la empresa nacional de cobre ha hecho buenos contratos. Pero si tuviera una empresa que se le lleva de cada cinco toneladas de cobre cuatro , vamos a ver que haría. Aquí necesitamos cambiar radicalmente porque también las aleaciones a nuestro país han sido radicales.

-¿Qué opinás de las revoluciones democráticas y en qué consiste tu revolución ciudadana?

-¿Qué es revolución? Un cambio radical, profundo y rápido. En ese sentido, creemos que se están dando revoluciones en América Latina, opino que por fin el continente se esta despertando. Están terminando las falacias, como por ejemplo la idea de que los mercados resolvían todo, que no hacia falta la intervención del Estado. Y ahora tenemos una América Latina que no ha crecido, sólo aumento la desigualdad y el desempleo. Yo pienso que no se esta dando una época de cambios, sino un cambio de época.
Nuestra revolución ciudadana significa eso, dejar atrás la partidocracia, la politiquería, hacer un cambio profundo y rápido del sistema político, económico y social. Para ser una democracia seria, representativa, real y participativa. Que disminuya el poder de estas mafias. Para eso es importante que haya una asamblea nacional constituyente que te reforme una ley de elecciones, la ley de partidos, la conformación del Congreso Nacional, y que éste responda a la ciudadania y no a los partidos. Una reforma económica, bajar de la economía dominada, para una economía donde la acción colectiva controle los mercados. Eso significa recatar el rol del Estado en la economía nacional, ir al comercio internacional siempre y cuando convenga, rescatar el trabajo humano convertido en simple mercancía. Pasar de una economía especulativa a una real. Hoy los bancos están mas prósperos que nunca, que se suponen que trabajan con lo que genera el sector real actualmente quebrado. En las cenicientas de estos ultimos anos de neoliberalismo, la educación y la salud, como todo lo publico que se ha abandonado, se necesita un cambio radical. Todo ecuatoriano debe tener acceso a una educación de excelente calidad y totalmente gratuita.

-¿Cómo te definís ideológicamente?

-Yo soy de una izquierda cristiana, vengo de la corriente de la teoría de la liberación. Esto coincide con el socialismo en la prevalencia del trabajo humano, que se sometió en estos ultimos años a la necesidad del capital. Creemos en la acción colectiva, la máxima expresión es la del Estado representante de la sociedad. Creemos en la justicia social, en la economía popular, y esa es otra de las características del siglo XXI. Ya es imposible sostener que estatización de los medios de produccion para evitar la plusvalía y la explotación, eso es insostenible. De acuerdo, eso fue superado por la historia, pero es claro que tampoco funciona el modelo capitalista. Lo que hay que hacer es fomentar esas formas de produccion que siempre han existido pero que no han sido privilegiadas, como el pequeño productor agrícola, el artesano, el microempresario, el comerciante minorista, el comerciante informal. Apoyarlos, buscar formas de cooperatividad. La acción colectiva también en este sentido. Yo llevo esos mensajes desde el evangelio y la postura social de la iglesia, otros lo hacen desde el marxismo.

31 - 05 -2006, Para la Agencia Periodistica del Mercosur (APM) - http://www.prensamercosur.com.ar/

Ecuador vive momento de definiciones


Ecuador ha sido desde hace tiempo un foco de sorpresas. Su fuerte crisis de legitimidad, marcada por levantamientos populares y destituciones presidenciales, ha puesto periódicamente a este país en boca del mundo. Sin embargo, hoy es otra la razón que lo lleva a ser noticia: la decisión de caducar el contrato de la petrolera norteamericana OXY (Occidental Petroleum Corporation) tras el traspaso del 40% de sus acciones a la empresa canadiense EnCanada, violando así la ley de hidrocarburos.
Como era de esperar, la medida adoptada por el gobierno de Alfredo Palacio trajo fuertes repercusiones a nivel nacional e internacional. En el plano interno significó un gran triunfo de los movimientos sociales y la izquierda ecuatoriana, quienes en los seis años de litigio hicieron de este reclamo - junto al rechazo a la firma del TLC - su principal bandera frente al chantaje norteamericano que, a modo de coerción política, condicionó esta firma a la renegociación del contrato con su multinacional. En lo que refiere al marco regional, la ruptura implicó un sutil acercamiento al eje Caracas – La Paz en este contexto crítico de la Comunidad Andina de Naciones (CAN).
Sucede que esta decisión excede al estratégico Bloque 15 que pasará a manos de la estatal PetroEcuador. Implica declarar un ganador (y un perdedor) en esta larga batalla que atiende puntos como la soberanía nacional y las relaciones con Estados Unidos, fundamentales no sólo desde lo comercial, sino también desde lo migratorio.
Los principales ingresos con que Ecuador aspira alcanzar este año un 4 % de crecimiento de su PBI son dos: el petróleo, que aportará al fisco nuevos fondos a partir de la reciente ley de Hidrocarburos que establece un reparto del 50 y 50 de los ingresos extraordinarios generados por el aumento de los precios internacionales y las remesas de los inmigrantes - la mayoría de ellos en los Estados Unidos - calculadas en casi 2 mil millones de dólares anuales. “Aun no siendo un factor de desarrollo, (las remesas) tienen un rol indispensable en la economía nacional por su colaboración con el sostenimiento de la dolarización (que Jamil Mahuad implementó en 2000) y la disminución de la pobreza”, explica Alberto Acosta, economista y consultor del Instituto Latinoamericano de Investigaciones Sociales.
La dependencia económica para con EEUU se explica además en que más del 40 % de la producción nacional se ubica en el mercado norteamericano. ¿Quien, si no EEUU, compraría sus bananas, su atún, sus palmitos y sus flores?
Con este panorama, las elecciones presidenciales del 15 de octubre se presentan como una posibilidad de cambio. Cambio que la sociedad ecuatoriana da muestras de necesitar después de nueve años de constante crisis por la que pasaron siete presidentes distintos y ninguno logró finalizar su mandato. Se trata de definiciones que el escenario latinoamericano también exige, justo cuando comienzan a esbozarse bloques enfrentados y un mundo andino dividido.

Con miras a octubre


Palacio asumió la presidencia en abril del año pasado, luego de la revuelta de los “forajidos”, un movimiento espontáneo, eminentemente quiteño y sin intenciones de liderazgo, que al grito de “que se vayan todos” tumbó al coronel Lucio Gutiérrez. Sin un solo congresal que le responda orgánicamente, su objetivo siempre fue mantenerse en el poder y es por eso que sus medidas atienden más a una lógica de coyuntura que a un proyecto estructural.
Por todo esto, la medida respecto de la OXY sorprendió y abrió un debate nacional. Los medios hegemónicos de comunicación manifestaron su descontento con agresivas editoriales y los candidatos de la derecha como Cinthia Viteri del Partido Social Cristiano (PSC) y el multimillonario bananero Álvaro Noboa del Partido Renovador Institucional Acción Nacional (PRIAN) rechazaron la medida. La estrategia oficial fue levantar las banderas del nacionalismo.
Con pocas chances de ganar la disputa, las elites, en cooperación con el Mundial de Alemania, “se encargaron de sepultar paulatina y sutilmente el tema. A las oligarquías no les interesa fomentar un debate público que podría conducir a un mayor cuestionamiento del modelo económico vigente y de las políticas para la reducción del papel del Estado en la economía”, asegura el analista Juan Fernando Terán.
De cara a octubre, tanto Viteri como Noboa pelean por un mismo electorado; lo que diferencia a un proyecto y a otro es el tipo de derecha que encarnan. La primera, representada por la bonita y carismática diputada socialcristiana, es la más rancia y tradicional. Sobre ella se cierne el fantasma del ex presidente y viejo caudillo León Febres Cordero (1984-1988) al que el imaginario popular reconoce como el “dueño del país”. El PSC le otorga una fuerte estructura, sobre todo en Guayaquil, pero al mismo tiempo un gran lastre opositor.
Por su parte, Alvarito, como le dicen con ironía y sin ternura, aspira en su tercer intento por alcanzar la presidencia, a no volver a perder en segunda vuelta como lo hizo en frente a Mahuad en 1998 y a Gutiérrez en 2003. Si bien nadie confía en su grandeza intelectual, es sabido que su enorme patrimonio puede alcanzarle para “comprarse la presidencia” con programas clientelares o lo que haga falta.
Para esta elección discute una alianza con el Partido Roldosista Ecuatoriano de Abdalá Bucaram, y el Partido Sociedad Patriótica de Gutiérrez. Sin embargo, como señala Terán, “Gutiérrez, que es un comodín de la derecha, podría inscribirse como candidato y así fragmentar y regionalizar aún más el voto de los sectores populares”.

Las dificultades de la izquierda

El elector progresista tiene todavía un panorama poco definido. La estrategia de “divide y reinarás” a cargo de la derecha es complementaria a la fragmentación de una izquierda que no supo canalizar el éxito político de la caducidad hacia la unidad partidaria.
Quien jugó sus fichas para acortar opciones fue el ex ministro de economía de Palacio, Rafael Correa (Alianza País), candidato que con el 15% de intención de votos representa la propuesta por izquierda con mayores posibilidades de acceder a una segunda vuelta. Apostó fuerte por un frente con el Partido Socialista (PS) - más pequeño pero más radical que sus hermanos del continente –y el Movimiento Pachakutik (PK) que hubiera resuelto sus mayores debilidades: el desconocimiento por falta de aparato y sus similitudes para la opinión pública con el candidato de centro-izquierda puntero en las encuestas, León Roldós (Red Ética y Democrática).
Pero PK se negó y optó por lanzar al actual presidente de la CONAIE, Luis Macas, como candidato propio. Las causas de la desconfianza y el escepticismo deben buscarse en la crisis interna que desató la traición del gobierno de Gutiérrez, al que ellos apoyaron desde un principio. Corre así el riesgo, sin embargo, de que la organización caiga en el vicio del etnocentrismo y pierda la idea de un proyecto colectivo que seduzca a aquella población que no forma parte del 20 % indígena.
Al día de hoy, mientras esperan que se encaucen las conversaciones con PK, Alianza País y el PS elaboran su estrategia. Este proyecto, basado en la sólida formación académica de Correa y decorado con una evidente voluntad política, va de la mano de las “revoluciones democráticas” de Evo Morales y Hugo Chávez. “Los países que fueron más expropiados, más mutilados, entre los cuales se encuentra Ecuador, son los que hoy necesitan de opciones radicales”, explicó el candidato a América XXI.
Sin embargo, todo el panorama de la izquierda se encuentra condicionado por la figura de Roldós. Su estrategia es captar con su retórica y su pasado independiente al electorado progresista; con su alianza con la derechista Izquierda Democrática, al de centro. Por eso su programa presenta ambigüedades irreconciliables como abarcar la caducidad de la OXY, avanzar aún más en la ley de hidrocarburos, unir latinoamericana contra la “agresiva política migratoria estadounidense” y, al mismo tiempo, negociar un TLC “en mejores condiciones” con los EEUU.
Con respecto a la deuda externa es similar su radicalidad discursiva. En su oficina de Guayaquil levanta el dedo índice y dice convencido y orgulloso que el no pago es la opción; pero prefiere no explicarla con detalle “porque es una cuestión estratégica”. Luego, a regañadientes, reconoce que lo que no pagará será sólo la deuda comercial.
Los números demuestran que su estrategia es, hasta el momento, la más efectiva. Con un 26 % encabeza todas las encuestas lejos del pelotón que lo persigue lo que le aseguraría su pase a segunda vuelta.
Lo único certero es que el escenario con miras a las presidenciales está abierto, casi tanto como la interpretación que los mismos ecuatorianos hacen de su reciente e inestable historia política. En esta coyuntura cambiante, los candidatos intentan adaptarse a los tiempos, pero con falencias. Sus programas y declaraciones son permeables a modificaciones y están plagados de indefiniciones. Para este electorado al que los analistas denominan populista, un poco aprovechando la ambigüedad del término, otro poco por su tendencia a dejarse seducir por líderes carismáticos, las propuestas se entrecruzan dejando el panorama de opciones inconcluso.


Julio, Para América XXI

Los unos y “los otros”

En 1852 se publicó la primera edición del 18 Brumario de Carlos Marx. Este libro, aplicación del materialismo histórico para el caso francés, esconde en su prosa un gran enojo: la historia, que debía profundizar los procesos revolucionarios de 1848, había decepcionado culminando con la asunción del emperador Luis Bonaparte. América Latina hace tiempo, es noticia por la expectativa de cambio, por su nueva tendencia política que, aun no siendo homogénea, tiene como principal característica el rechazo de los viejos modelos. Pero como en Francia, el continente mostró que las tendencias nunca son unilaterales. Álvaro Uribe Vélez arrasó en las presidenciales en Colombia con un 62 %, al mismo tiempo que Alan García logró con el 52,6 en segunda vuelta asegurar su segundo mandato en el Perú.
De estos triunfos se han hecho lecturas con un denominador común: la idea de que así se consolida una línea opositora a la tendencia de gobiernos de centroizquierda, el regreso del neoliberalismo. Sin embargo, en este momento de anomia política donde las nuevas ideas no se terminan de gestar y las viejas no terminan de morir, lo que caracteriza el proceso no es la unanimidad sino las contradicciones. En este sentido es que Uribe y García tienen entre sí más diferencias que similitudes. Mientras el primero se presenta como firme aliado de Washington, García alegó no pertenecer a ningún imperialismo (ni venezolano, ni estadounidense) y al momento de su triunfo optó por distanciarse de Estados Unidos, frenar la belicosidad con Hugo Chávez y dibujar alianzas con Brasil y Chile.
De esta forma, el escenario que se plantea parece ser aún más complejo que el de la formación de dos bloques. García es un riesgo para la integración porque podría fisurar el proceso desde adentro; logrando, en su intento por establecer alianzas con los “socialismos modernos” y moderados, que los matices le ganen a las generalidades. Así lo que se reconoce como un bloque ambiguo hegemonizado por Caracas, donde se embarcan La Habana y La Paz ; forzados, Brasilia, Montevideo y Buenos Aires y de rebote Santiago, puede dejar de serlo para convertirse cada país en ejemplo de una gama abierta de radicalidades y moderaciones políticas. Colombia, en este sentido, no sería más que uno de los dos extremos.
Ya antes de asumir, García no ahorró en gestos. Su viaje a Brasil, sus declaraciones sobre un posible tratado de libre comercio con este país y sus elogios al “ejemplo estupendo de inteligencia política, de convocatoria al capital externo y de Estado activo” que constituye el modelo chileno, dan cuenta de sus posibles alianzas. Muestra, además, que su prototipo de Estado se asocia a ejemplos de salidas frágiles al neoliberalismo, y sobre todo, con falencias muy serias en lo que a política social responde. Y Perú no está para esperar el cuento del derrame cuando a pesar del crecimiento sostenido del PBI en los últimos cinco años sólo se ha reducido la pobreza en un 5%, la distribución de la riqueza muestra cómo el primer decil de la sociedad acumula el 40%, y la desocupación alcanza el 9.6 %.
Distinta, sin embargo, fue su posición para con Bolivia y Venezuela. Aunque matizó el enfrentamiento que tuvo con Chávez a raíz de su incidencia en la contienda electoral y en el apoyo al candidato nacionalista Ollanta Humala, esto no significa que ahora sean amigos. La denuncia de que la nacionalización de los hidrocarburos en Bolivia fue una estrategia monopolizada por el chavismo para neutralizar a Brasil y Argentina, es ejemplo de ello. Aun así asegura no tener la intención de liderar un eje anticaracas; “El loco no voy a ser yo”, dijo en una conversación con Andrés Oppenheimer. Para con la Argentina las cartas no están puestas sobre la mesa. Kirchner por su parte, tal vez olvidando un poco las pintadas peronistas de los ochenta y recordando otro poco los lazos que éste tiene con la UCR , decidió optar como herramienta diplomática la carta y no el llamado.
Este panorama de alianzas marca inclinaciones, que se acentúan con la decisión de mantener relaciones “frescas” con Colombia, país que lo asiló en 1992. García, en confraternidad con Uribe, se niega a participar de lo define como una estrategia de dominio, financiada con las rentas petroleras, “para rodear a Colombia con repúblicas chavistas”.
El presidente colombiano, por su parte, se mantiene al margen de este encierro mientras reafirma su hegemonía interna. Una hegemonía que se consolida cada vez más y que se explica por su política de “seguridad democrática” y de reactivación económica. Su método de mano dura con la guerrilla y de negociación con los "paras" - la cual implica una omnipresencia militar por el aumentó de las Fuerzas Publicas en un 30 %, un presupuesto de 6.900 millones de dólares para el 2006 y una incidencia del gobierno de EEUU mediante el Plan Colombia - lo llevó a obtener fuertes resultados en la baja de los delitos de alto impacto. Y sobre todo un consenso en una opinión pública que cree menguado el conflicto y siente que puede volver a viajar por las rutas de su país. Si a esto se le suma un crecimiento del PBI en un 5,13%, el control de la inflación y la disminución a un 11% de la desocupación, la pregunta sobre su popularidad parece saldada.
Sin embargo, más allá de los resultados del “buen gerente”, Uribe tiene un techo. Paradójicamente las razones de su éxito son las que no le permiten prosperar más allá de las fronteras nacionales y exponerse como el representante regional que Washington espera. ¿Puede serlo entonces García?, Aunque quisiera no puede, él también está flaqueado por una serie de condicionamientos a nivel nacional. El más fundamental es sin duda su minoría en la Cámara legislativa (sólo tiene 36 representantes en el Congreso de 120 bancas); lo cual lo forzará a establecer alianzas que lo corran hacia la izquierda o la derecha, dependiendo si se realizan con el cesarista Humala o con la derecha citadina de Unidad Nacional. Sus coincidencias con los últimos se basan en la reafirmación del modelo de desarrollo de Toledo, de la apertura económica y atracción de capitales, así como también por la firma, aunque con revisiones, del TLC.
Pero aunque él alega no ser el radical que en los años ochenta nacionalizó la banca, declaró el no pago de la deuda externa y levantó la bandera panameña cuando la invasión norteamericana a ese país, García sabe que no puede traicionar por completo a sus bases de la Alianza Popular Revolucionaria Americana (APRA), hoy un partido socialdemócrata de derecha pero con tradición antiimperialista.
En este sentido, las decisiones futuras de Humala, quien luego de su derrota llamó a formar un "Frente Nacionalista Democrático y Popular", son determinantes. Si canaliza el 47,3% que obtuvo, tiene en sus manos la posibilidad de conducir un bloque de oposición que la izquierda no puede acaparar por su poco arraigo en la sociedad. Sin embargo, como antes de la elección, Humala desconcierta con sus declaraciones contradictorias, los inicios de rupturas internas y las indefiniciones ideológicas; lo cual hace dudar sobre la capacidad de consolidar un proyecto no marcado por oportunismos electoralistas.
Lo cierto es que el panorama se vuelve más confuso, y todavía falta esperar las elecciones presidenciales en Venezuela, Brasil, México y Ecuador para empezar a delinear nuevas ideas. Con los futuros resultados, sobre todo de los dos últimos que son menos predecibles, el continente seguirá siendo noticia. En Ecuador, las definiciones son importantes por su rol de intermedio en la convulsionada CAN, y porque, de elegirse el candidato de centroizquierda León Roldós, se podría concretar un acercamiento a Brasilia, Santiago y Lima. De lo contrario, la llegada al poder del ex ministro de economía Rafael Correa implicaría una alianza con Venezuela que dejaría en jaque a Perú y presionaría aún más a Colombia. En todo este embrollo, México, gracias a su magnitud política y económica, juega fuerte. Una victoria en julio de Manuel López Obrador sería un guiño a las centro-izquierdas regionales (a cuales no se sabe) y un triunfo de Felipe Calderón podría significar que EEUU consiga su anhelado vocero. Así, el mapa regional se vuelve a plagar de incertezas, y Latinoamérica debe nuevamente preguntarse sobre su futuro. Tiempo al tiempo.


Julio, para Caras y Caretas

Uribe va por su reelección

Una Colombia militarizada espera tensa la asistencia a las urnas de más de 27 millones votantes que, con un 53 por ciento según indican las encuestas, reelegirían al actual presidente Álvaro Uribe. Aun así, el candidato del Polo Democrático, Carlos Gaviria, aspira a un ballotage esperanzado en su continuo crecimiento que lo ubica en un inédito segundo lugar para la izquierda, desplazando así al liberal Horacio Serpa.
El apoyo a la gestión de Uribe quedó demostrado en las elecciones legislativas de abril, cuando el “candidato-presidente” como lo llaman acá, obtuvo la mayoría en ambas cámaras del Congreso. Esto explica que en su campaña haya optado por mantener los ejes que lo llevaron a la Casa de Nariño en 2002, “la seguridad democrática, la transparencia, la reactivación económica y social”
Es que observando los números se ven progresos en seguridad y desarrollo económico. Su estrategia de mano dura con los guerrilleros de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia y con el Ejercito de liberación Nacional, para lo cual aumentó las Fuerzas Publicas en un 30 por ciento de 2002 a 2006, obtuvo resultados en la baja de los delitos de alto impacto como los homicidios, masacres y secuestros. Distinta, sin embargo, fue su cuestionada política de negociación para con el grupo paramilitar Autodefensas Unidas de Colombia, que permitió, asegura el oficialismo, la desmovilización de más de 30.000 combatientes.
La población, acostumbrada a no tener certezas de volver con vida a sus casas, ahora siente puede volver a viajar por las rutas. Aún cuando esto implica una omnipresencia militar, un presupuesto de 6.900 millones de dólares en seguridad en el 2006 y una incidencia del gobierno de Estados Unidos mediante el Plan Colombia.
Su lado oscuro en política de seguridad son los 3 millones de desplazados victimas de la guerra interna, que sólo Sudán supera, según la Iglesia Católica y varias ONG; y las denuncias por su poca preocupación en materia de derechos humanos.
Considerando las particularidades de este país, sus seguidores se jactan de la administración en lo económico y aseguran: “Un buen gerente debe ser reelegido”. El PBI creció 5,13 por ciento, al mismo tiempo que controló la inflación y disminuyó a un 11 por ciento la desocupación. También supo seducir a la inversión extranjera (5 mil millones en 2005) y mantuvo el riesgo país en 300 puntos. Su mayor deuda, sin embargo, está en sus políticas sociales y en el 54 por ciento de población bajo la línea de la pobreza, según la ONU.

28 – 05 - 2006, Perfil frustrada

Saturday, April 15, 2006

Perú, del ombligo a la región


Hay quienes definen al Perú como un país ombliguista. Quizá sea por eso que durante la campaña el tema regional no tuvo mayor relevancia. Ni siquiera se debatió sobre el rol del Parlamento Andino, a pesar de que esta fue la primera vez que fue el pueblo el que eligió a sus 15 representantes.
Solamente el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos estuvo presente en el debate. Pero no porque los candidatos optaran pronunciarse al respecto, sino porque fue el presidente Toledo quien, obstinado en firmarlo antes de dejar su cargo, lo imponía en la agenda. Incómodo, el nacionalista asegura que “en estas condiciones” no lo firmará. Flores, decidida, habla de la necesidad imperiosa de abrir nuevos mercados.
Lo cierto es que la región sí mira al Perú, expectante sobre todo del fenómeno Humala. Su presencia en la asunción de Evo Morales y el apoyo explicito de Chávez - que le valió un conflicto diplomático con la gestión Toledo – hacen pensar que él sería una nueva figura en la ola de gobiernos de centro-izquierda latinoamericanos.
Sin embargo varios signos muestran que Humala no es necesariamente un personaje de izquierda y menos que en su proyecto político un eje central sea la integración, lo que lo podría convertir en lo que Lucio Gutiérrez fue para Ecuador. Su beligerancia para con Chile (anunciando un incremento en el presupuesto militar) es lo que le permitió captar el fuerte sentimiento antichileno que se respira en el país y es muestra clara de que la unión no es su prioridad.
Por su parte, la derecha que encarna Flores sería un obstáculo en el proceso regional hegemonizado por Caracas. Lo cual no implica sin embargo que pueda ser ella la figura que Estados Unidos necesita como contrapeso. Todo indicaría que su política internacional estaría marcada por el libre mercado, pero sin excentricidades.


10 - 4 - 06 Para, en teoría, El Tribuno de Salta

El temor a la rabia

Para discutir contra la rabia no resulta conveniente hablar desde la razón; la estrategia, al menos en el Perú, vuelve a ser el miedo. De cara a las elecciones presidenciales del próximo 9 de abril, los factores emocionales se imponen sobre las propuestas y los programas, y ni la derecha de Lourdes Flores Nano de Unidad Nacional (UN), ni la socialdemocracia tipo Tony Blair del ex presidente Alan García (APRA), se ven preocupados de que el temor sea tan irracional como el mal que dicen querer extirpar. Sus armas hasta el día de la fecha - y nada indica que algo vaya a cambiar-, son el alarmismo, el bombardeo mediático y una campaña sucia contra el fenómeno del ex teniente coronel Ollanta Humala Tasso (Unión por el Perú).
Frente a la anti-política que arrasa, frente al ascenso sostenido de quien promete patear el tablero, lo único que le queda a la asustada vieja elite política es recordar con pánico al autoritarismo de la década del 90, levantar las banderas de la democracia y alertar sobre una futura inestabilidad económica. Los medios de comunicación, como es habitual, son el elemento clave.
Sin embargo, el nacionalismo de Humala sigue creciendo, se confirma la caída al segundo lugar de Flores y el estancamiento de García. Sucede que en un sistema político que tiene como paradigma la exclusión, el mestizo aparece como única opción ante ese 48 por ciento que vive con menos de 2 dólares al día, según el Banco Mundial. Es justamente la “identificación étnica” con unos 27 millones de población rural e indígena, su principal capital político.
Así lo explicó Carlos Bruce en su columna del diario Perú 21: “Una mayoría de votantes de Humala procede de ese contingente de peruanos para quienes la modernidad es sinónimo de abandono y desesperanza. Es un vehiculo que pasa sin detenerse, arrojándoles algunas cáscaras de fruta pelada por la ventana, del cual pronto no verán más que el polvo. Naturalmente, lo que sienten es ganas de tirarle piedras. Y eso es seguramente lo que harán este 9 de abril: utilizar sus votos como una suerte de intifada contra un sistema político al que culpan, no sin razón, de su triste suerte”.

Del regaeton, el neoliberalismo y los militares

Quien viene a Lima, sobre todo el viajero distraído, puede pasar por alto el clima electoral. A tan solo unas semanas del domingo definitorio, las calles no se visten de euforia, ni se inundan de discusiones y debates. Es que aquí la política se escapó de la sociedad civil y hoy sólo camina por los claustros cercanos al poder. Los espacios públicos ya no son escenarios de expresiones políticas, el control social es mínimo y las autoridades cuentan con un gran margen de maniobra.
El resultado de esta escisión es el triunfo de las formalidades y los escándalos. Los candidatos están unidos por promesas electorales y separados por frivolidades; sus perfiles políticos ocultos tras generalismos programáticos y bailecitos de regaeton.
En el fondo, la gente sabe. La coqueta Lourdes sigue siendo, aun con sus promesas de protagonismo estatal, la representante más fiel del modelo neoliberal. Alan García el que, queriendo ser portavoz de la democracia y la razón, lo es finalmente de la vieja política. Y Humala otra vez el misterio, la apuesta, el riesgo, quizá la izquierda, quizá no.
Mientras tanto, las encuestadoras están desorientadas. Con más de 20 partidos inscriptos, los resultados cambian semana a semana y la experiencia de los últimos 16 años les ha enseñado a confiar sólo en los resultados finales. Afianzando esta idea, pintadas callejeras denuncian: “No nos encuestan”

Los de afuera no son de palo, un poco de historia

Con el desmoronamiento de la izquierda desde finales de los ochenta, todo un electorado quedó desprovisto de partido y de proyecto. Son esos sectores, junto a la oligarquía, los que apoyaron la llegada de Fujimori en los 90. No le hizo falta tradición ni pasado político, fue suficiente la capacidad de entender ese vacío para canalizarlo con discursos antisistema. Después, como en Argentina, vino la sorpresa.
La aparición de Toledo en la escena pública en 2001 presenta rasgos similares. Este cholo con aires de Pachacutec, logró renovar las esperanzas de nuevos tiempos. Hoy, a pesar de un crecimiento sostenido del PBI, de haber avanzado en megaproyectos como el gasoducto de Camisea y las rutas interoceánicas que unirán el atlántico con el pacifico, se retira con un 13 por ciento de imagen positiva. Algunos culpan a sus asesores de marketing, otros recuerdan los apenas cinco puntos en que se redujo la pobreza y la casi nula distribución de la riqueza.
Hoy, el mundo político, inmerso en un sismo de intrigas, dudas y desconcierto, ve en Humala un nuevo ejemplo de este fenómeno outsider. Y si bien presenta distancias considerables con Fujimori y Toledo (él mismo se levantó contra el primero en 2001 y su hermano Antauro contra el segundo en 2004), este militar, “nacionalista, indigenista y progresista” como él mismo se define, hace temblar al empresariado. Las últimas encuestas muestran que en el sector A de la población, el 78% vota a Lourdes mientras sólo un 1% lo hace por la UPP. Aun cuando para algunos esa sensación es infundada, hoy Humala representa para el establishment un dejavu: intranquilidad y desconcierto, al menos por un rato.


Recuadro:


Entrevista a Santiago Pedraglio, sociólogo y analista político

“Humala no es de izquierda”

Las últimas encuestas dan como ganador a Humala. Significaría un triunfo más de la centro- izquierda en la región?
-No es tan fácil decir que Humala sea un hombre de izquierda, es un nacionalista. Creo que es una diferencia difícil pero valida en este caso. Él no viene de una tradición nacionalista civil de partido, como Tabaré Vázquez o Kirchner, ni tampoco de una tradición sindical como Evo Morales. Es un nacionalismo militar con un discurso antipartido, anti la vieja elite política, más similar en algún punto a Chávez, pero más cauto. Un nacionalismo que supo calar en los sectores no beneficiados con el crecimiento de la economía y que sostiene principalmente el fortalecimiento del Estado, el control del capital extranjero y una critica por la forma desigual de desarrollo.

Qué se vota al votar por él?
-Nada nuevo, es un voto de frustración canalizado antiguamente por la izquierda ahora pulverizada. Ese sector busca representación desde Fujimori en un outsider, en un candidato antisistema. Pero no hay que entender antisistema, como renovador. Esta corriente tiene rasgos profundamente conservadores en su vínculo con la autoridad y en el tema de DDHH. Hay toda un área que no tiene nada de democrática, nada de izquierda renovadora. Su manejo del poder puede ser tradicional, incluso es probable que mantenga el manejo macroeconómico y sólo se meta en cuestiones como la reforma tributaria y la regulación estatal, por ejemplo en política de hidrocarburos.

- Respondería a la política regional de Chávez o podría convertirse en lo que Lucio Gutiérrez fue para el Ecuador?
- Creo que es un riesgo, no lo descartaría. Aquí, él no esta aliado con ningún partido de izquierda y la derecha va a querer cooptarlo. Podría insertarse en la ola regional, pero a su manera. Puede acercase a Chávez, pero por las características del Perú, sin su protagonismo.

Toledo dijo que el TLC se firma sí o sí. En qué instancia están las negociaciones?
Los gringos ya llegaron a un acuerdo con el Perú, pero la paradoja es que su propio Congreso no lo va a aprobar. Ellos están en año electoral y Bush tiene un reconocimiento del 37%. La estrategia peruana es que el Perú lo firme, luego ellos lo rechacen y después se negocie una ampliación del ATPDEA (un acuerdo con EEUU que permite comerciar ciertos productos sin aranceles).

- Qué política adoptaría cada uno de los candidatos en relación al TLC?
- Todos van a tener una presión fortísima por parte del sector textil y el agro exportador en crecimiento. Lourdes y el APRA firman, quizá García haga algún cambio. Humala va a tener un gran problema, el TLC puede convertirse en un factor decisivo en términos políticos. Va a tener que definirse entre un empresariado muy activo y aquellos, como Chávez, que luego le pasaran la factura. El hoy dice no en las actuales condiciones, y en ese caso tendrá que inclinarse al MERCOSUR, que no es fácil y no tiene ningún beneficio inmediato.



22 - 03 - 06 Para la Revista Caras y Caretas

Entrevista a Ollanta Humala luego del acto de Morales en Tiwanaku el sábado 21-1-06



- Ollanta será para Peru un Evo Morales?

- Con todo el respeto, cada líder le imprime su propia dinámica y su propia personalidad; yo sólo quiero ser Ollanta Humala. Pero sí encuentro que hay ahora una gran oportunidad para latinoamerica para poder reconstruir una agenda politica que realmente ataque los temas puntuales como pobreza, salud, educación, deuda externa. Todos temas que son transnacionales, que desbordan las fronteras de los estados nacionales e involucran a toda la region. Por otro lado, hay que construir lazos de amistad genuinos, no sólo para cumplir agendas gubernamentales.

- Usted ya tiene una amistad con Evo Morales…

Yo creo q si. Ya el año pasado vine a Bolivia invitado por él al aniversario del Mas.

- ¿En un momento se habló de una integración entre Peru y Bolivia en base a un proyecto suyo, podría explicarnos cómo es eso?

- Yo he venido haciendo una tesis doctoral sobre un proyecto de integracion Peru-Bolivia y a largo plazo ese es el objetivo.

- Usted tendría una línea cercana al eje La Habana – Caracas – La Paz?

- Me voy a sentir muy cercano a todos los gobiernos nacionalistas, patriotas, indigenistas y progresistas.

- Y usted como militar qué opina del socialismo?

- Creo que es un proceso que se está dando en el mundo ante el colapso del modelo neoliberal que no ha traido los beneficios que prometió y sencillamente ya está agotado.

- Como serían las relaciones con el gobierno de Nestor Kirchner?

- Yo creo que van a ser muy buenas. El presidente de Argentina está haciendo un gran trabajo y siento mucho respeto por su obra. Sin embargo, todavía no he entablado relaciones personales; me gustaría pronto tomar contacto con él.

- Qué opina del triunfo de Michelle Bachelet en Chile?

- Mucho respeto para la señora Bachelet que es la presidenta de Chile. Le he enviado mis saludos y espero que de llegar a gobierno podamos trabajar una agenda real de buena vecindad con mucha transparencia.

- Qué juicio hace de la gestión del presidente Lagos?

Es una persona decente que ha trabajado mucho por Chile, y en todo caso será el pueblo chileno el que opine ya que fueron ellos los que se han visto beneficiados o perjudicados.

- Cual es su opinión de George Bush?

- (risas) Yo creo que más alla de Bush hay que diferenciar la politica de un gobierno que no esta dando el ejemplo moral en el mundo. El pueblo norteamericano, como los latinoamericanos, aspira a la paz, a la justicia y a un mundo que sea ecologica, politica y socialmente vivible. En este caso, el señor Bush se distancia de todo esto. Sin embargo, es un tema que involucra al mundo, pero el que tiene el deber de responder politicamente es su pueblo.

Evo: “Estoy capacitado para ser presidente de Bolivia”

En esta larga y exclusiva entrevista, el líder cocalero Evo Morales, dice su verdad sobre el petróleo y los organismos internacionales de crédito. Así perfila su política en caso de llegar al gobierno
Se trata del enemigo número uno de la embajada estadounidense en territorio boliviano. Desde Washington afirman, entre otras cosas, que es un narcotraficante y denuncian una alianza con la guerrilla FARC de Colombia. El presidente “reformista-neoliberal” Carlos Mesa lo responsabiliza del caos en el que está hundido el país. Sin ir más lejos, en el discurso en el que anunciaba su renuncia lo nombró, junto al lider del Fejuve (Federación de Juntas Vecinales) Abel Mamani, una treintena de veces.
Evo Morales nació en Oruro, pero saltó al mundo político como representante de los cocaleros de la zona del Chapare cochabambino. Hoy no sólo es el líder del MAS (Movimiento al Socialismo), el partido nacional opositor más importante, sino que es un referente de las organizaciones populares a nivel internacional.
En esta charla se define políticamente. Reivindica la agenda de Octubre, aquella que sintetiza las aspiraciones del campo popular luego de la renuncia del “Gringo” Gonzalo Sánchez de Lozada y reconoce como referente al Presidente venezolano Hugo Chávez.


¿Cuál considera usted que debería ser la política en hidrocarburos?
Eso lo debe discutir la asamblea constituyente. El referéndum sobre hidrocarburos del año pasado dio su veredicto. Hay que expropiar la propiedad de los hidrocarburos.
¿Expropiar, o sea romper el contrato con las privatizadas?
No, ¿qué es recuperar la propiedad?, es nacionalizar de derecho. Si estas hablando de recuperar estas nacionalizando.
¿Y cómo sería la relación con las privatizadas?
Necesitamos socios, pero no dueños. Decir en este momento que queremos expropiar, confiscar, expulsar no tiene sentido. Si Cuba tiene un contrato con Repsol, claro en mejores condiciones para el estado, no para la transnacional. Pero aquí los gobiernos corruptos negociaron mal. Queremos nuevos modelos de contratos, de producción compartida. ¿Qué significa eso? Que la hectárea de tierra es mía, y tu no tienes tierra. Pero necesitas producirla, yo te doy un alquiler y ahí tu produces y la ganancia se divide en partes iguales, pero la tierra sigue siendo mía. Es el nuevo modelo de contrato compartido.
En la actualidad las empresas privatizadas son absolutas dueñas de los recursos energéticos.
Absolutamente. En el tema regalías, también un 50 y un 50 por ciento. Nosotros reconocemos que han invertido, pero también han invertido la plata de los trabajadores. Ellos deben recuperar los costos de la producción y tiene que haber regalías igualitarias. Es un pasito, de a poco vamos recuperando. Ahora imagínese, China ha propuesto pagar 51 por ciento de regalías, de ganancia para Bolivia y 49 por ciento para ellos, mientras que las transnacionales del imperio sólo pagan 18 por ciento. Con eso hay que pagar impuestos y transportes, entonces sólo queda líquido para Bolivia un 12 por ciento, pero no quieren que entren las empresas chinas.
¿Quiénes no quieren?
El gobierno. Jaime Barrenechea, el presidente de Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos, ha devuelto boletas de garantía que han puesto para invertir. Si aceptan no es negocios para los corruptos del gobierno. Jaime Barrenechea es del Movimiento de Izquierda Revolucionario (MIR) de Jaime Paz Zamora, y ellos no quieren perder la mamadera, cuidan sus negocios.
Usted se aliaría con las empresas y el gobierno chino...
Si yo fuera gobierno, dentro de la llamada PetroAmérica, que es una red en base de las empresas estatales, mi primer socio sería China para ponerle freno a la soberbia del Imperio. Ellos no son buenos, son socios.
¿Y con la coca que haría?
¿Me estas hablando de la hoja de coca, o de la cocaína?
De la hoja de coca.
Su consumo no puede penalizarse. Hay que racionalizar la producción y empezar una campaña de valorización, industrialización y exportación. En el norte argentino es legal el consumo, pero ilegal la exportación. ¿Cómo es eso?
¿Cuándo considera que se concretará la asamblea constituyente?
En lo político es lo prioritario.
Si, pero es lo prioritario hace catorce meses, desde que asumió Carlos Mesa...
Si, es que por querer caerle bien a todos, fue perdiendo a todos, está perdiendo a Bolivia. Acá hay una posición desde Octubre y un compromiso incumplido por parte de este gobierno de transición, que plantea claramente cambiar el modelo económico.
¿Entonces, Mesa sigue siendo o no el principal enemigo?
Sigue siendo, no del Mas, sino de los pobres de Bolivia.
¿Tiene la estructura hoy para ser presidente?
Eso sobra, estamos preparados para llevar adelante un país, no para robar ni para matar.
¿Entonces, se siente capacitado, hoy para presidir el país?
Así es.
¿En el 2007 va a ser candidato?
Eso depende de los movimientos sociales, no de mi.
¿Usted se reconoce marxista?
¿Qué es marxismo? Yo vengo de las comunidades campesinas, del pueblo, no de las universidades o de los centros de capacitación. Puedo hablar de marxismo, pero ¿qué importancia tiene? No se trata de importar políticas, ideologías, programas. El pueblo sabe. Nuestras organizaciones son sabias para resolver sus problemas, de hecho son el reservorio de conocimientos hasta científicos en defensa de la vida, de la humanidad. No me hablen de marxismo, leninismo, trotskismo, perdemos tiempo. Acá se trata de entender y vivir nuestros problemas, para luego plantear soluciones.
¿Cree en el antagonismo Capital-Trabajo?
Estamos combatiendo al capitalismo tan salvaje, tan inhumano. Ya no necesitamos levantar armas contra el imperio, es el imperio el que levanta armas contra los pueblos. Es el caso de Iraq. El gobierno de Chávez, en base a la conciencia del pueblo, a la constitución y a las elecciones derrota al Imperio.
Si usted gobernara, ¿Qué haría con el Fondo Monetario Internacional (FMI) y la deuda externa Boliviana?
Yo no sé si hay “deuda boliviana”. La mayoría del pueblo no tiene nada que ver. Discutamos con quienes se sientan los acreedores, porque nosotros somos acreedores, más que deudores. Cuando será que el FMI o el Banco Mundial (BM) resarcirá los daños que ha hecho no solamente a Bolivia sino en toda Latinoamérica. ¿Cuándo han vivido los pueblos indígenas con ayuda externa, con cooperación? Esto sólo ha traído dependencia, es una ayuda con condición de saquear nuestros recursos naturales.
¿Entonces rompería relaciones tanto con el FMI como con el BM?
No se trata de romper. Tenemos ética, moral, autoridad como para hablar de igual a igual con ellos. Discutir políticas para que no se sigan imponiendo aquellas que sólo reparten hambre y miseria.
Usted sabe que la correlación de fuerzas es desigual y que, históricamente, los intercambios siempre fueron en detrimento del pueblo.
A ver, Cuba no tiene petróleo ni minerales ¿se ha muerto frente al bloqueo económico?
¿No le teme a un bloqueo?
¿Por qué le vamos a tener miedo? Tenemos relaciones con Argentina, Brasil, Venezuela. Hay petróleo, recursos naturales y somos apenas nueve millones de habitantes. No es un problema de riquezas, de recursos, el problema es de distribución.
¿En qué movimientos internacionales se siente reflejado?
Con todos los movimientos antiglobalización.
¿Y que estén en el ejecutivo?
Con Hugo Chávez, Luiz Inacio Lula Da Silva, Fidel Castro.
¿Cuál es su principal referente, Lula o Chávez?
Chávez.
¿Y con Chile?
La relación es con los pueblos indígenas. Ahora tenemos el primer candidato indígena a la candidato a la presidencia. Mantenemos buenas relaciones con los movimientos sociales, pero no con el gobierno socialista a favor del imperialismo.
Si usted llegara al gobierno, ¿cómo serían las relaciones con la gestión Bush?
Es importante que sean bilaterales, de respeto mutuo y de complementariedad. No vamos a romper, el movimiento indígena no es excluyente, es incluyente. Pero tampoco aceptamos el racismo, el sometimiento.
¿Cuál es su postura frente a los hechos ocurridos el año pasado en Ayo Ayo, en donde se impuso la ley aymara y lincharon al alcalde acusándolo de corrupción?
Cuando hay abuso de su poder, es sabido que el pueblo puede levantarse. Nosotros tenemos el caso de un alcalde del MAS que con su abogado robaron al pueblo. El movimiento campesino dijo: “Basta, ni Evo lo va a defender. Nos han robado. Nosotros lo pusimos, nosotros lo vamos a sacar”. Y lo sacaron de la alcaldía, se tuvo que escapar. Nosotros no vamos a defender corruptos. Ese es el poder del pueblo. Ya ha acabado la paciencia.
Al recorrer Bolivia, me sorprendió la ausencia estatal: la presencia- ausencia simbólica de las fuerzas represivas, rutas donde el estado no se hace presente, una vaga conciencia cívica por parte de la población. Esto con relación a la Argentina, donde hay muchos movimientos que postulan como un avance del campo popular la desaparición del Estado. ¿A usted, esta ausencia estatal lo incentiva o lo preocupa?
Nos preocupa muchísimo. Yo vengo de un ayllu que, a pequeña escala, es un estado donde se vive con solidaridad, reciprocidad, donde no hay propiedad privada, todo es comunal y se reparten de manera igualitaria las riquezas. Allí no hay estado, donde yo nací recién el anteaño pasado ha llegado la energía eléctrica. Hay escuelas donde actualmente no hay energía eléctrica ni caminos, es por eso que los niños deben ir a pie. Es el estado colonial, no le interesa la vida del pueblo, sólo se preocupa en como saquear y robar sus recursos. Es por eso que tiene que cambiar, y nosotros mismos, los dueños absolutos de esta noble tierra debemos ser los actores de este giro.
¿Se imagina a Bolivia por fuera del movimiento Latinoamericano, o considera que cualquier proceso que se de en Bolivia depende de su contexto inmediato?
Estamos en la Patria Grande, que es la unidad Latinoamericana.
¿Que incluye a que región?
A toda Latinoamérica, incluido el Caribe. Felizmente nace la Comunidad Sudamericana de Naciones. Ese proceso debe avanzar, pero no me extrañaría que surja un Israel en Latinoamérica. Un país con políticas intervensionistas a favor del Imperio.
¿Colombia?
(risas) Ya ves, pero finalmente los pueblos se levantan y se organizan para resistir este tipo de políticas. La Comunidad Latinoamérica debe crearse en el marco de principios de justicia, de equidad. Donde se busquen mejores condicione de vida para el hombre y se debata como convivir en armonía con la naturaleza.
Sobre las diferentes cosmovisiones, la andina y la occidental y la aparente contradicción insalvable. ¿Como imagina la convivencia con los demás países, tomando por caso Argentina y Uruguay donde no prevalecen esas concepciones?
El movimiento campesino no es excluyente, es incluyente. Un ejemplo: En enero de 2004 dos profesores quechuas me invitaron a su casamiento. El padrino era italiano, así como vos... La familia y los novios se sentían honrados que tenían un estatus porque el padrino de la ciudad era un blancoide. Cuando un blancoide va a hacer trabajo de provincia, las comunidades hacen filas para hacer su compadre, pero cuando yo entro del campo a la ciudad nadie me hace bautismos ni compadres. Te puedo dar muchos ejemplos del altiplano, del Valle y del Oriente donde he vivido. No desconfíen que nosotros vamos a excluir. Con el cambio no buscamos pasar de victimas a victimarios. Para unir Bolivia buscamos la unidad dentro de la diversidad, y no sólo diversidad socio-cultural, sino también económica.

22 - 03 - 2005 Para la Agencia Periodistica del Mercosur (APM) - www.prensamercosur.com.ar

La atolondrada Paz

Gatopardo nos pidió una crónica de La Paz y a eso nos abocamos. Pero le advertimos, querido lector, no pretenda orden, racionalidad ni lógica. Todo eso, justamente, es lo que un buen retrato de esta ciudad no debe tener. Buena suerte.



Se encontraba en cuclillas; su espalda se mantenía recta. De su sombrero –eterno equilibrista– caían dos coquetas y largas trenzas; su pollera –su falda– rozaba el piso, pero no tapaba los moños de sus zapatos. Tranquila, indiscreta, enfrentaba al micro que la toreaba y defecaba en una alcantarilla sin que le importara que por culpa de su sistema digestivo la ciudad sufriera otro embotellamiento.
La Paz es así de insólita; insólita e impactante. Imágenes como esta se suceden una tras otra y hacen de este lugar un eterno espectáculo. Es una anfitriona amable que no se guarda sus escenas, y se divierte jugando con lo absurdo y la locura hasta la desesperación.
Para los atentos llegar a La Paz es indicio de su rareza: el peaje, el Alto, las bocinas, las trancaderas, los gritos, los olores, el bosque y finalmente una impactante olla vista desde arriba. Por el día pretende pasar desapercibida intentando mimetizarse con los cerros que la constituyen y la retienen. Con sus calles ondulantes y estrechas, esta ciudad insiste en disfrazarse de pueblito, en mezclarse con su entorno logrando así que el asfalto no se imponga. En la noche y bajo la atenta vigilancia de su padre mayor, el nevado Illimani, sus casas convertidas en pequeñas luces se confunden con las estrellas hasta quebrar el horizonte. Esta simbiosis se explica no sólo por el respeto de sus habitantes hacia la naturaleza; se respira por estos pagos – a pesar del escaso oxigeno – una necesidad por ser parte de ella. La ecuación es simple: cultura y geografía acá son lo mismo; o al menos son indivisibles.
Y efectivamente lo son. El frío, la altura (3640 msnm) y la lluvia permanente son el único contexto posible para tantas mejillas infladas por la coca, las gargantas sedientas de alcohol puro y las enaguas de las polleras que, aún bajo halos de suciedad y fuertes aromas, hacen de las cholitas princesas coquetas y culonas.
Cualquier viajero sabe que el contacto con el Otro es siempre un descubrimiento imprevisible, en el que se pone en juego la capacidad de comprender la lógica de lo ajeno. Ya nos habían advertido, “esta ciudad no se entiende, se vive”; pero nosotros, por tercos, por tozudos, evadimos el consejo. Fracasamos. La única manera de aprender es dejarse llevar por las impresiones y simplemente aceptarlas.

Los hermanos Mamani


– Un almuerzo, por favor. Pero en vez de papa… ¿la carne puede venir con más arroz?
El mozo asintió y se fue. Convencidos del sano funcionamiento de la comunicación, nos dignamos a esperar el plato. Otra vez papa y arroz. Pensamos que habíamos roto un código, al parecer el menú era de una armonía inquebrantable. Sin embargo, la explicación era mucho más simple: “El cocinero no comprende”.
Con 62 por ciento de población indígena, según el Banco Mundial, este país y esta ciudad, guste o no, late a su propio ritmo. La tensión se siente en cada rincón y en cada palabra; para la mayoría su lengua materna no fue el castellano, sino el aymara, el quechua o el guaraní.
En el siglo XVI la invasión indígena se evitaba con el aislamiento. Según aseguran los guías turísticos a los curiosos, el río Choqueyapu –que actualmente duerme bajo la avenida principal: el Prado– dividía la ciudad en dos y la única unión era un puente con paso restringido. El paso del tiempo, una revolución e inmigraciones de por medio, hicieron que indígenas y blancos se miraran a la cara. Esto no logró, sin embargo, romper con el racismo, la marginalidad y la opresión.
“Hemos guardado un silencio bastante parecido a la estupidez”, denuncia una placa en el corazón de la Plaza Murillo, frente al Congreso y al Palacio Quemado. Esta conciencia que mostraron los criollos en los años de la independencia hoy puede ser parte de una nueva historia; la “refundación de Bolivia”.
Porque con el ascenso de Evo Morales está comenzando –según confían, según desean, según esperan– una nueva era. Pachakutic es la palabra en quechua que representa un giro en la tierra en la cosmovisión andina, un cambio de sol. Por estos días, 500 años después del inicio del mundo al revés (Pachakamac), las cosas están cambiando y hay euforia distinta. Ya no está llena de rabia.
Néstor Mamani, uno de los tantos Mamani, ya que este apellido es imperialista en la guía telefónica, nos explicaba de donde sale esta esperanza. “Evo es de nuestra raza”, aseguraba orgulloso mostrando su carnet de afiliado al Movimiento al Socialismo (MAS). Sobre su frente, sin embargo, se posaba una enorme estrella con la insignia Podemos; era un gorrito de la campaña de “Tuto” Quiroga, el empresario candidato a presidente por la derecha.
A algunos sin embargo este cambio de sol no les hace ninguna gracia. Dante vive en Sopocachi, uno de los barrios exclusivos de La Paz. Es rubio y de ojos celestes, pero petiso y medio panzón. “No me gustan los cholos que no son campesinos ni urbanos. Arruinan la ciudad con su ignorancia y su negligencia”, nos contó. Miramos alrededor y cholos eran todos: “¿A quién te referís?”. Señaló un minibús, dos eran los acusados. El conductor, que irreverente y a los bocinazos, zigzagueaba por las calles; y el niño colgado de la puerta que repetía por enésima vez los ininteligibles destinos del colectivo. En fin, podría haber sido cualquiera.
Por ejemplo, alguna de las cholas que hacen de cada vereda su comedor, inundando así de olores a la ciudad. Plato no hace falta, una bolsita de plástico conduce por las calles cualquier tipo de alimento: sopa, fideos, pollo a la broaster. Los años han dejado además, la inalterable enseñanza de suplir necesidades, y hoy los tenedores no reemplazan el mágico manejo de los dedos.

Este loco, loco capitalismo

En La Paz no hay ningún McDonald´s y la campaña de marketing de la minifalda no ha surtido efecto. El cálculo racional recomendado para el buen funcionamiento del mercado acá no anda. La venta en negro - informal, callejera, sin ningún tipo de boleta ni impuesto -, el regateo, y los cambios constantes de precios, hacen que cualquier pequeño inversor no tenga una tarea fácil. Aquí anidan la incertidumbre, lo imprevisible y una supuesta irracionalidad que convierten a Bolivia en un capitalismo distinto, quizás mucho más mortal.
Algunos datos: según dijo Emir Sader, director del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (Clacso), a la revista argentina Caras y Caretas, “después de dos décadas de promesas neoliberales, en Bolivia se triplicó el desempleo. Desde que se aplicaron los planes de estabilización monetaria, la mortalidad infantil creció hasta alcanzar una 60 por mil cuando el promedio en América es de 28 por mil”. Pero eso no es todo, la pobreza supera 64 por ciento de la población total y el índice de analfabetismo es de 20 por ciento, según aseguran en el Instituto Nacional de Estadísticas (INE).
Muchos perciben esta miseria como más digna, incluso hay quienes afirman que “no es pobreza sino tradición”. Pero si bien es cierto que la opción por lo precario, la simpleza y una higiene distinta no se corresponde directamente con la falta, no dejan de impactar la cantidad de ancianos que sobre las veredas, desahuciados, apenas pueden moverse para inclinarse sobre uno y balbucear una súplica, para pedir un pedazo de pan o una moneda.
O los niños que ruegan lustrar cualquier tipo de calzado por 50 centavos bolivianos (o 0.06 centavos de dólar). Marco Aurelio es uno de ellos. Cubierto por un pasamontañas que apenas deja entrever sus ojos negros, este joven de 18 años no reconoce lo impactante de su atuendo. Se sorprendía de nuestra sorpresa, ¿acaso no hay lustrabotas en Argentina?, preguntó. Tan naturalizado está su ocultamiento, como el mal que le produce a sus pulmones la pasta con la que trabaja.
La desigualdad, no podía ser de otra manera, es asombrosa. La ciudad se separa, como lo hace el mundo, entre norte y sur, arriba y abajo. Pero, de nuevo una paradoja, acá es al revés. Para los paceños la consigna debería ser “el norte también existe”; allí es donde sobreviven las clases populares.
Otra vez a contramano, los ricos eligen para su tranquilidad las zonas más inundables, y eso es mucho decir en una ciudad en donde el desnivel es de más de mil metros. Como recompensa, sus habitantes gozan diariamente del silencio de sus calles donde sólo circulan 4x4 con vidrios polarizados. Las casas ya no son de adobe; por el contrario, son los grandes edificios vidriados y de más de 20 pisos junto a las sofisticadas casonas lo distintivo del lugar. La estética también es otra. Cada noche, perfumados y coquetos, los vecinos se reúnen para verse y mostrarse en los boliches bailables y los restaurantes de moda.
En este ostentoso y bajo sur viven Dante, David Greenlee –el amo y señor de la segunda embajada estadounidense más grande de América– y por estos días, también, Evo Morales. Resulta difícil describir la residencia presidencial. Fea, nos parece una buena forma. Para colmo, sin explicación ni lógica alguna, a su frente, la escultura de un ignoto chino, con su túnica y sus largos bigotes, aconseja en castellano y mandarín las artes del buen gobierno.
Miguel es ingeniero y se preocupó en aclararnos que no es racista, y se justificaba satisfecho: “Tengo una chola que limpia mi casa hace más de 20 años”. Sin embargo, estaba indignado con la idea de que “un trompetista y un trotskista” lo dirijan. Su temor no es alocado, en San Miguel –un barrio más parecido a Beverly Hills que al altiplano boliviano– las pintadas no son nada amistosas: “Próxima propiedad social. Somos MAS”, anuncian.

El final del laberinto

El domingo 22 de enero fue la asunción formal de Evo en el Congreso. A tan sólo unos metros, en la histórica Plaza de los Héroes, emborrachada por los festejos, una pancarta amarilla disfrazada de señal de tránsito recordaba: “Prohibido girar a la derecha, estamos vigilando”.
En el sentir popular, las fidelidades no son eternas. Años de traiciones hicieron de Bolivia una Nación atenta. Fernando no pasa de los 30 años. Como buen taxista, desconfía y habla mucho. “Yo lo voté, pero si no cumple, lo botamos”, confesaba. Tan sólo una letra separa dos posibles destinos. El futuro de este país y de esta ciudad, aún cuando en teoría existe una legitimidad inédita, es indescifrable.
En enero se inaugura el tradicional mercado de Alasita. Como en un cuento borgeano, sus pasillos son partes de un infinito laberinto de toldos descoloridos y desalineados. Muchedumbres como hormigas dando vueltas de manera interminable consumen a su paso todo lo que encuentran. Y encuentran, efectivamente, de todo: desde los tantos puestos de api de Oruro –una clásica bebida densa, púrpura y humeante– hasta un parque de diversiones, pasando por joyerías, florerías, bazares, puestos de ropa y cualquier tipo de comida. Pero esta feria, además de escupir en la cara del visitante la idiosincrasia local, se diferencia de todos los otros mercados por sus sueños. Pasaportes, pagos de hipoteca, casas, euros, diplomas, autos y televisores, todos en miniatura, se compran y venden como tarjetas navideñas a fin de año. El saber popular asegura que quemando las réplicas, el destino se encargará de dar materia a esas ilusiones.
Al entrar en Alasita (como en La Paz) uno se entera que el final será imprevisible. Y ahora, en tiempos en que todo cambia de forma, de música, de actitud es probable que se destape su destino para que, finalmente, este laberinto de ambiciones, deseos y esperanzas, se haga realidad.



10 - 03- 06 Para, en teoría, de vuelta, la Revista colombiana Gatopardo

Tiempos de Paz

El fin de semana en el que Evo Morales se paseó por todas las cadenas del mundo, La Paz fue adrenalina, empujones, rateros, viajeros progresistas en busca de la gran anécdota, minibuses más atolondrados que nunca y mucho, mucho olor a transpiración. Como ajenos, dos periodistas argentinos se metieren de lleno en la idiosincrasia del lugar para Gatopardo. Aquí su relato.



Tiempos de Paz

Viernes 20 de Enero de 2006. De noche. La Paz dormía escondida entre los cerros que la constituyen y la retienen; humilde, decidió fundirse, una vez más, en su naturaleza. Sus casas convertidas ya en pequeñas luces, se confundían con las estrellas hasta quebrar el horizonte. Su sueño, sin embargo, estaba entrecortado. Sabía que sería escenario de un proceso histórico. Al fin, decidió terminar con la espera, y horas antes del amanecer, levantó a su gente y enfrentó su destino: el final de la larga noche de los 500 años. Aun sin la luz del día, esa olla comenzaba a hervir de olores, de palabras revolucionadas, de ansias de justicia, de reafirmación y de esperanza. Las calles comenzaban a poblarse y las miradas apuntaban todas hacia un mismo sitio, las ruinas del antiguo imperio Tiwanacota donde Evo Morales pediría permiso ante los pueblos originarios, sus dioses y el mundo, para conducir a la Nación.
Cada plaza y cada esquina, a toda hora, fueron espontáneos puntos de encuentro y de partida. El clima era vertiginoso y alocado. Entre rumores superpuestos, incertezas, falsas especulaciones y precios de pasajes que llegaban a triplicar su valor original, se encolumnaban tras una enorme caravana todo tipo de medios de transporte. Se iniciaba así la larga marcha de los 70 kilómetros. Al llegar, la multitud se encontró con Bolivia y con el mundo. El traslado de todo el país hacia la ciudad más antigua del continente expresaba el sismo cultural que implica la asunción del primer presidente indígena de Bolivia.
Llovía poco, sólo una molesta garúa. Pero poco inquietaba. Algunos precavidos cubrían sus sombreros con bolsas de plástico y otros previsores salían a la venta de pilotos por un peso boliviano (1/8 de dólar). La ansiedad superaba la amenaza de un cielo ennegrecido y temblorosos truenos. La concentración de gente aumentaba junto a los numerosos ritmos musicales y bailes típicos. Tras años de opresión, marginalidad, e incluso aniquilamiento, el indígena y su tradición eran los protagonistas de la fiesta. Y como anfitrión amable, abrió las puertas a todo aquel que creyera en un proyecto latinoamericano inclusivo. Las fronteras raciales, nacionales, ideológicas y culturales, quedaron arrasadas por la sensación de cambio, por el deseo de unidad desde lo múltiple.
De pronto, el silencio. La dispersión y el desorden se canalizaron hacia un único punto. Arriba, sobre el cerro, Evo (aquí nadie lo llama por su apellido) mostró sus orígenes. Abandonó su chaleco y se vistió de símbolos y costumbres: el “chuku", una gorra cuadrada con cuatro puntas en representación del Tawantinsuyu, el “plataunku", la túnica cuadrada tejida en alpaca color morado con la simbología andina y amazónica y un báculo elaborado en basalto negro y oro. Custodiado por una columna de Jilakatas y Mama T´allas, el presidente electo bajó a la puerta del sol, y repentinamente cesó la lluvia.
“Hoy empieza una nueva era para los pueblos originarios del mundo, una nueva vida en la que buscamos igualdad y justicia, un nuevo milenio”, afirmó conmovido frente a las cámaras, todos los presentes y los más de mil periodistas de todo el mundo. Entre “jallallas” (viva) a los próceres aymaras Bartolina Sisa y Tupac Katari, e improperios a los yanquis, la euforia renovada volvía a casa. Pero volvía distinta, esta vez no estaba llena de furia. Llegar a la Paz , aunque sorpresivo, es siempre lo mismo: el peaje, el Alto, las bocinas, las trancaderas, los gritos, los minibuses, los aromas, el bosque y finalmente la ciudad vista desde arriba. Pero por esos días la cosa era distinta. Desde la ventanilla del micro, las mismas imágenes tenían otro significado, todo estaba cambiando de color, de música y de actitud. Esa no era La Paz de hace tres años, pero ¿cuál era?, ¿estaba pariendo una nueva época, un nuevo cambio de sol?, ¿qué rol tendría ahí el indígena? ¿y la hoja de coca?. Capitalismo, pobreza, socialismo... ¿era este un cambio revolucionario?

Algunas respuestas

“Hemos guardado un silencio bastante parecido a la estupidez”, denuncia una placa en el corazón de la Plaza Murillo, frente al Congreso y al Palacio Quemado. Esta conciencia que mostraron los criollos en los años de la independencia, hoy puede ser parte de una nueva historia; la “Refundación de Bolivia”. Según el director del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (Clacso), Emir Sader, “después de dos décadas de promesas neoliberales, en Bolivia se triplicó el desempleo. Desde que se aplicaron los planes de estabilización monetaria, la mortalidad infantil creció hasta alcanzar una 60 por mil cuando el promedio en América es de 28 por mil”. Pero eso no es todo, la pobreza supera el 60 % y el índice de analfabetismo es del 22%.
Por todo esto y por el 62% de población indígena que tiene según el Banco Mundial, este país y esta ciudad, guste o no, late a su propio ritmo. La tensión se siente en cada rincón y en cada palabra, es que para la mayoría su lengua materna no fue el castellano, sino el aymara, el quechua o el guaraní. Es que aquí, no hay ningún McDonald´s y la campaña de marketing de la muy occidental minifalda no ha surtido efecto. En Bolivia la lucha es siempre por los recursos naturales, por la tierra, por la pacha.
El cálculo racional recomendado para el buen funcionamiento del mercado acá no anda. La venta en negro - informal, callejera, sin ningún tipo de boleta ni impuesto -, el regateo, y los cambios constantes de precios, hacen que cualquier pequeño inversor no tenga una tarea fácil. Aquí anidan la incertidumbre, lo imprevisible y una supuesta irracionalidad que convierten a Bolivia en un capitalismo distinto, quizás mucho más mortal.
Muchos perciben esta miseria como más digna, incluso hay quienes afirman que “no es pobreza sino tradición”. Pero si bien es cierto que la opción por lo precario, la simpleza y una higiene distinta no se corresponde directamente con la falta, no dejan de impactar la cantidad de ancianos que sobre las veredas, desahuciados, apenas pueden moverse para inclinarse sobre uno y balbucear una súplica, para pedir un pedazo de pan o una moneda.
O los niños que ruegan lustrar cualquier tipo de calzado por 50 centavos bolivianos (0.06 centavos de dólar). Marco Aurelio es uno de ellos. Cubierto por un pasamontañas que apenas deja entrever sus ojos negros, este joven de 18 años no reconoce lo impactante de su atuendo. Se sorprendía de nuestra sorpresa, ¿acaso no hay lustrabotas en Argentina?, preguntó. Tan naturalizado está su ocultamiento, como el mal que le produce a sus pulmones la pasta con la que trabaja.
La desigualdad, no podía ser de otra manera, es asombrosa. La ciudad se separa, como lo hace el mundo, entre norte y sur, arriba y abajo. Pero, de nuevo una paradoja, acá es al revés. Para los paceños la consigna debería ser “el norte también existe”; allí es donde sobreviven las clases populares. Los ricos eligen para su tranquilidad las zonas más inundables, y eso es mucho decir en una ciudad en donde el desnivel es de más de mil metros. Como recompensa, sus habitantes gozan diariamente del silencio de sus calles donde sólo circulan 4x4 con vidrios polarizados. Las casas ya no son de adobe; por el contrario, son los grandes edificios vidriados y de más de 20 pisos junto a las sofisticadas casonas lo distintivo del lugar. La estética también es otra. Cada noche, perfumados, los vecinos se reúnen para verse y mostrarse en los boliches bailables y los restaurantes de moda.
Miguel es ingeniero. Se preocupó en aclararnos que no es racista, y se justificaba satisfecho: “Tengo una chola que limpia mi casa hace más de 20 años”. Sin embargo, estaba indignado con la idea de que “un trompetista y un trotskista” lo dirijan. Su temor no es alocado, en San Miguel –un barrio más parecido a Beverly Hills que al altiplano boliviano– las pintadas no son nada amistosas: “Próxima propiedad social. Somos MAS”, anuncian.
Dante vive en Sopocachi, otro de los barrios de este exclusivo sur. Es rubio y de ojos celestes, pero petiso y medio panzón. “No me gustan los cholos que no son campesinos ni urbanos. Arruinan la ciudad con su ignorancia y su negligencia”, nos contó. Miramos alrededor y cholos eran todos: “¿A quién te referís?”. Señaló un minibús, dos eran los acusados. El conductor, que irreverente y a los bocinazos, zigzagueaba por las calles; y el niño colgado de la puerta que repetía por enésima vez los ininteligibles destinos del colectivo. En fin, podría haber sido cualquiera.
Por ejemplo, alguna de las cholas que hacen de cada vereda su comedor, inundando así de olores a la ciudad. Plato no hace falta, una bolsita de plástico conduce por las calles cualquier tipo de alimento: sopa, fideos, pollo a la broaster. Los años han dejado además, la inalterable enseñanza de suplir necesidades, y hoy los tenedores no reemplazan el mágico manejo de los dedos.
O una señora en cuclillas, pero con su espalda recta, de cuyo sombrero – eterno equilibrista – caían dos largas trenzas. Su pollera rozaba el piso, pero no tapaba los moños de sus zapatos. Tranquila, indiscreta, con su mejilla inflada por la coca, enfrentaba al micro que la toreaba. Ella defecaba en una alcantarilla y no le importaba que La Paz sufriera otro embotellamiento.
Es que esta ciudad es así de insólita; insólita e impactante. Imágenes como esta se suceden una tras otra y hacen de este lugar un eterno espectáculo. Es una anfitriona amable que no se guarda sus escenas, y se divierte jugando con lo absurdo y la locura hasta la desesperación. El frío, la altura (3640 msnm) y la lluvia permanente son el único contexto posible para tantas mejillas infladas por la coca, las gargantas sedientas de alcohol puro y las enaguas de las polleras que, aún bajo halos de suciedad y fuertes aromas, hacen de las cholitas princesas coquetas y culonas.
En el siglo XVI la invasión indígena se evitaba con el aislamiento. Según aseguran los guías turísticos a los curiosos, el río Choqueyapu –que actualmente duerme bajo la avenida principal: el Prado– dividía la ciudad en dos y la única unión era un puente con paso restringido. El paso del tiempo, una revolución e inmigraciones de por medio, hicieron que indígenas y blancos se miraran a la cara. Esto no logró, sin embargo, romper con el racismo, la marginalidad y la opresión.
La Paz eufórica

Ese domingo fue la asunción formal de Morales en el Congreso. El 53,7% de los votos (el triunfo electoral más resonante de los últimos treinta años), había dado una legitimidad inédita y abría paso a una “nueva historia” en la que esa irreversible ingobernabilidad que tumbó dos presidentes en tres años (Gonzalo Sánchez de Lozada en 2003 y Carlos Mesa en 2005) podía ser superada. Con esta nueva hegemonía, pasado y presente se sentaban en la misma mesa, y el rechazo a los años de colonialismo tenía su traducción política en los modelos neoliberales actuales. El centro de la ciudad, cubierto de Wilpalas y banderas bolivianas, recibió nuevamente a la multitud.
El discurso que Evo daría en el Congreso era una prueba de fuego. Un desafío para quienes desconfiaban de los rituales institucionales y los riesgos de la diplomacia. Pero Evo no decepcionó. Y los temerosos respondieron con aplausos cada declaración cargada de humor, valentía y pulsión. El espectáculo excedía los límites del escenario, era más grande que Chávez, Lula, Kirchner e incluso que la imagen del entusiasmado novato desde el balcón presidencial. Todo era adrenalina, empujones, rateros, viajeros progresistas en busca de la gran anécdota, minibuses más atolondrados que nunca y mucho, mucho olor a transpiración. No importaban las vallas en la Plaza Murillo. A tan sólo unos metros, en la histórica Plaza de los Héroes, la gente sabía que tendría un discurso propio.
Cuando ya se creía repleta, una nueva columna, esta vez de mineros, se hizo presente. Ya lo habían hecho horas atrás los cocaleros del Chapare y algún que otro rebelde “Camba” santacruceño. Así, las polleras y los cascos, el oriente y el altiplano volvieron a quererse. “En Bolivia y en América, liberarnos para siempre”, dijo sin eufemismos un Evo contundente, y las decenas de miles de personas - apretujadas pero contentas - decidieron abandonar la prudencia. Después de las fuertes consignas, promesas y denuncias, decidió jugar con el público con humoradas ácidas, preguntas, respuestas y adivinanzas. Sin dejar de recordar con honesto cariño a Fidel Castro y Hugo Chávez, llamó al primero “abuelo sabio” y convocó con el grito de la gente al segundo.
Prevenir y no cur(r)ar

La embajada norteamericana en Bolivia es la segunda más grande de América Latina después de la colombiana. Vaya paradoja, esa no es hoy la principal fuente de control. Emborrachada en los festejos, una pancarta amarilla disfrazada de señal de tránsito, recordaba: “Prohibido girar a la derecha, estamos vigilando”. Así, el pueblo hizo carne una consigna que el mismo Evo arrojó en Tiwanaku el día anterior: “Con mucho respeto los invito a controlarme; si no puedo avanzar, empújenme ustedes hermanos y hermanas; (los invito) a corregirme permanentemente”.
Tan sólo una letra separa dos posibles destinos: “Yo lo voté, pero si no cumple, lo botamos”, murmuran las calles. En el sentir popular, las fidelidades no son eternas. Años de traiciones hicieron de Bolivia una nación atenta. Sucede que está en juego mucho más que una gestión. Pachakutic en quechua es la palabra que representa para la cosmovisión andina un giro en la tierra, y por estos días, a 500 años del inicio del mundo al revés (Pachakamac), está comenzando, aseguran, confían, desean, una nueva era.


5 - 03 - 06 Para, en teoria, la Revista colombiana Gatopardo

Dos países, dos mundos, una región

Resulta evidente, América Latina comenzó a escribir un nuevo capítulo en la historia. El nuevo bloque anti-neoliberal va tomando forma y color, aun con las contradicciones y las tensiones irresueltas propias de las particularidades nacionales. Nada mejor para comprender los diversos matices al interior del este frente, que haber presenciado en una misma semana los procesos históricos de sus polos más contrapuestos: la victoria de Michelle Bachelet en Chile y la asunción del indigenísta Evo Morales en Bolivia.
“En Chile vivimos un hecho histórico con otro signo, una mujer en la Jefatura del Estado”, señaló Ricardo Lagos en una conferencia de prensa al llegar a La Paz. Lo que sucede es que los grandes éxitos – a diferencia del resto de Latinoamérica – que este país tuvo con la aplicación del modelo neoliberal, lo llevan a la tentación de convertirse en la Israel del continente. Por ello, la insistencia del mandatario chileno en el arribo al poder de una mujer con las características de Bachelet – atea, soltera, con un pasado marcado por la represión pinochetista – demuestra un interés por acercarse al ala progresista de la región.
Lo cierto es que estos países, aunque con fuertes disidencias e inclusive con conflictos territoriales irresueltos, forman parte de una misma corriente que tiene como mandato, según escribió Carlos Gabetta, “consolidar y profundizar la democracia, acabar con las desigualdades y preservar los recursos nacionales”. Mientras que en Chile ni Augusto Pinochet se atrevió a privatizar el cobre, en Bolivia años de lucha y sangre de los movimientos sociales imponen la nacionalización del agua y de los hidrocarburos.

Rupturas y continuidades

Tal como lo había prometido, Evo Morales llenó el Congreso boliviano de tradición y cultura. Wilpalas y milenarias vestimentas se complementaban armoniosamente con los rituales institucionales propios de un cambio de mando. Frente a un público tan heterogéneo como la propia Bolivia, el nuevo presidente dio un discurso en el que sobraron la valentía, las pulsiones y el humor. Así fue como ante los ojos del mundo no tuvo reparos en despertar a un senador de la oposición cochabambina, como tampoco de reírse de los aplausos de los congresales derechistas del Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR) y de Podemos. E incluso, no le tembló el pulso al responsabilizar al ex mandatario Jaime Paz Zamora, presente en el recinto, por haber llevado a Bolivia al “subcampeonato de la corrupción”.
Ese nivel de efervescencia política es para un país conservador, formal y correcto como Chile, un escenario impensable. Allí, los festejos fueron tenues y contenidos. Y, tan sólo unas horas después de los primeros anuncios oficiales, los hasta ese entonces candidatos rivales, se saludaron armoniosa y diplomáticamente.
Mientras en las calles de Santiago sólo algunos atrevidos insinuaban el nombre de Salvador Allende, el mismo Evo pidió antes de comenzar su discurso en el Congreso un minuto de silencio por el Che Guevara, Tupac Katari y Bartolina Sisa, entre otros tantos “mártires de la liberación”.
Significativo fue también el rol que cada uno entendió le dio la historia. En tanto que Bachelet señaló reiteradamente y con entusiasmo ser la futura presidenta de “todos los chilenos”, el primer Jefe de Estado indígena de América fue contundente: “En el mundo gobiernan los ricos o gobernamos los pobres”, dijo ante los movimientos sociales de la región en la ritual ciudad de Tiwanaku.

Lo malo de lo bueno

De fondo están las reglas y dos sociedades con idiosincrasias y culturas (políticas) distintas. Luego de 16 años de gobierno de la Concertación en Chile, esta se jacta de haber alcanzado los mayores niveles de institucionalidad del subcontinente. Parábola nefasta, son sus propios éxitos los que atan sus manos y amordazan sus discursos.
Refundar Bolivia, en cambio, es el proyecto más prometedor para un país que hasta hace muy poco estuvo marcado por lo impredecible, la incerteza y una supuesta irracionalidad; todos los grandes males del capitalismo moderno. Con la asunción de Evo se abre paso a una “nueva historia” en la que esa irreversible ingobernabilidad puede ser superada. Donde el rechazo a los años de colonialismo tienen traducción política en la crítica a los modelos neoliberales actuales.
La diferencia entre una institucionalidad heredada y casi natural y otra que está por construirse se manifiesta de mil maneras. Una, explicita, son las banderas. Sin grandes proyectos ni cambios por delante, en Chile lo único por levantar era el pulcro nombre de la candidata. En Bolivia se hablaba de contenidos. Una pancarta en la Plaza San Francisco advertía: “Prohibido girar a la derecha. Estamos vigilando”.
En enero hablaron Chile y Bolivia. El olor de sus calles, los climas y las conversaciones ocasionales son el argumento de la tesis inicial: con avances y retrocesos, sin correcciones teóricas pero con el optimismo de la voluntad a flor de piel, América Latina se está poniendo de pie. En este marco, Eduardo Galeano desde La Paz procuró serenidad y aconsejó: “No hay que confundir la unidad con la unanimidad y a la contradicción no hay que tenerle miedo, como lo hacen muchos marxistas que olvidaron que ese el motor de la historia”.



25 - 02 - 06 Para la Revista Caras y Caretas

Bolivia, la dignidad rebelde

Este 22 de enero, la asunción de Evo Morales dejó en evidencia la fuerza de un nuevo poder hegemónico en un país tan heterogéneo e indescifrable como Bolivia. Dejo una huella en el acercamiento de dos mundos por mucho tiempo distanciados: el occidental y el de las culturas milenarias. Sucede que con la llegada al poder de un indígena, las distancias entre ambos se acortan para que por primera vez las tradiciones se entiendan y la fiesta sea una para todos.
Ahora, en el Parlamento, sobrevuelan juntos el español y el aymara. El primero, porque ellos quieren que el mundo los entienda, el segundo, porque es la forma de que nosotros empecemos a comprenderlos.
Es que a partir de este momento, el indígena puede abrir la puerta de una intimidad adoptada a la fuerza por tantos abusos y maltratos. El ritual del Tiwanaku del sábado 21, donde Evo asumió la responsabilidad de gobernante ante los pueblos originarios, sus dioses y el mundo, mostró como el dulce sonido de la quena puede ser emotivo para un grupo diverso de personas que cree y confía en un proyecto latinoamericano colectivo. Las sonrisas, los aplausos, la música, el baile – incluso algunas lágrimas – se unían en un todo y superaban fronteras raciales, culturales y nacionales.
Evo Morales presidente es por eso para muchos sinónimo de esperanza, de victoria y de posibilidad. Implica para el pasado el orgullo de una identidad propia y de la resistencia. Para el presente la unidad desde lo múltiple.

Tiwanaku: El momento de los pueblos

Una multitud esperaba ansiosa, aun bajo una leve llovizna y un cielo amenazante. Las ruinas del antiguo imperio Tiwanakota serian escenario de un hecho histórico: el primer presidente indígena de América pediría permiso para conducir la nación.
Cesaron inesperadamente los constantes “jallallas” (viva) a Bartolina Sisa y Tupac Katari, ante la primera imagen, desde lo alto, del presidente electo custodiado por una columna de Jilakatas y Mama T´allas. Su vestimenta daba cuenta del inicio de la ceremonia.
“Hoy empieza una nueva era para los pueblos originarios del mundo, una nueva vida en la que buscamos igualdad y justicia, un nuevo milenio”, comenzó afirmando un Evo distinto para todos aquellos que acostumbramos verlo con chaleco.
Conmovido, eufórico, comparó la mítica ciudad con la plaza de la Revolución en Cuba, y agregó: “Hermanos y Hermanas, de la resistencia a la toma del poder. Debemos avanzar para liberar a nuestra Bolivia y a nuestra América”. Bastó esa frase para que el respetuoso silencio se quebrara en un grito de rebeldía, enmarcado por banderas rojas y Wilpalas flameando al unísono.


El Congreso del festejo

“Con mucho respeto los invito a controlarme; si no puedo avanzar empújenme ustedes, hermanos y hermanas; (los invito) a corregirme permanentemente”, había dicho Evo en Tiwanaku y el pueblo respondió. Ese domingo, desde temprano una multitud bajó a las plazas Murillo y San Francisco para escuchar a su líder, quien terminó su discurso citando al subcomandante Marcos: “Mandaré obedeciendo”, prometió.
Si alguna vez existió temor de que claudicara en medio de las formalidades, quedó probado, al menos por ahora, que se trata de un miedo infundado. Tanto el que dio el discurso oficial en el Congreso, como el de la Plaza San Francisco fue el mismo Evo, ese que con un humor ácido, consignas claras y una fortaleza conmovedora, avanza con la convicción de quien reconoce el parto de una nueva era.
El mundo, desde La Paz y desde las grandes cadenas de televisión, miraba a Bolivia; y Bolivia no decepcionó. Su pueblo, humilde y consciente, bailó bajo la lluvia hasta el amanecer. Empezaba, lo sabían, una época de grandes proezas y compromisos. Latinoamérica, por suerte, tiene razones para festejar.

24 - 1 - 06 Para la Revista Caras y Caretas



La despolitización de la política

El 15 de Enero ganó la elección presidencial Michelle Bachelet y así será la primera presidenta mujer en Chile. En esta nota, desde las calles de Santiago, las pasiones, el clima, y el fantasma de la historia.


Mucho se habló de lo histórico del triunfo de Bachelet en Chile. Se insistió, por ejemplo, en que la ex ministra de Defensa y Salud de Ricardo Lagos, atea, soltera y con un pasado marcado por la represión pinochetista, sea la primer mujer en llegar a la Moneda. Se dijo que con ella terminarían los dieciséis años de transición democrática, e inclusive, que podría convertirse en la nueva cara de un socialismo renovado. Pero el adjetivo histórico, ahora y siempre, requiere de temperamento.
En las calles de Santiago se respiraba un parsimonioso clima preelectoral. Ejemplo de ello fue el cierre de campaña del empresario Sebastián Piñera. En manos de jóvenes rentados ansiosos por ahorrar para las vacaciones, el acto, sin banderas, sin consignas, sin organizaciones sociales o políticas presentes (más que el grupo Traveschile, convocado por Joaquín Lavin de la UDI), tuvo, según las propias palabras del candidato, la ventaja de haber llevado artistas nacionales. Bastante paradójico, considerando que las figuras centrales del evento fueron los imitadores de Chayanne y Luis Miguel.
En la misma línea, el 15 de Enero cuando a las seis de la tarde ya se anunciaron los resultados oficiales, en el bunker de la concertación, se recibió con tibios aplausos un triunfo de más de siete puntos de diferencia. Ni cánticos, ni bombos, sólo correctos discursos oficiales y una primera imagen de la candidata ganadora de la mando de su rival. Escena claramente contrapuesta a la de las miles de personas que en la Alameda festejaron con un grito la continuidad.

Perspectivas

“Todavía tenemos que discutir al interior del Partido socialista si Bachelet se corre a la izquierda de (Ricardo) Lagos. La calidad del trabajo, la política internacional, y la distribución del ingreso son aun los temas más sensibles” dijo a Caras y caretas, el senador por el socialismo, Carlos Ominami.
El 11 de Marzo, Lagos dejará el palacio de gobierno con más de un 65% de imagen positiva, fundamentada sobre todo en sus grandes logros macroeconómicos. Pero aun así quedan deudas pendientes. Hoy, por primera vez en los tres mandatos de la Concertación (Aylwin, Frei y Lagos), ésta tiene mayoría en el Parlamento. Lo cual le permite avanzar sobre aquellos temas prorrogados: la cuestión social, la salud, la educación, el sistema provisional y el sistema político binominal, herencia los dos últimos del régimen militar.
“Yo no voto comunistas” alegan algunos opositores de Bachelet, y ocasionales adherentes de Piñera. Es que en una sociedad conservadora como la chilena, hablar de cualquier posible corrimiento a la izquierda, revive viejos temores.
Y este pánico aumenta cuando la derecha opositora, tal como sucede en la actualidad, se encuentra dividida. Una situación que se presentó sobre todo a partir de la decisión del candidato por el Partido de Renovación Nacional, de ampliar el sistema de partidos creando un espacio más de centro. Esto significó un alejamiento de Joaquín Lavin ( opus dei y ex mano derecha de Pinochet), para asumir una imagen de empresario republicano defensor de las instituciones. De fondo, estaba la idea de romper con la tradicional oposición entre golpistas y demócratas que tantos sinsabores les produjo desde la llegada de la democracia en 1989.
Sin embargo, la prueba más contundente de su fracaso se manifestaba en sus propios puestos de campaña en las peatonales de Santiago. En medio de discusiones irrelevantes, plagadas de personalismos, el tema Pinochet revivía inevitablemente. La vuelta a la alianza con Lavin para la segunda vuelta se levantaba como una acusación y los jóvenes cuadros se quedaban sin argumentos: “Es izquierda y derecha, tu sabes”, explicaban sonrojados. En definitiva, la historia sigue actuando y la transición no está resuelta.

Orden y Progreso

Por sobre todas las cosas, reinan en Chile conceptos como gobernabilidad, institucionalidad y estabilidad. Esta característica, junto con el sistema binominal, impone las reglas del juego en el escenario político, y hace de cualquier idea de cambio una cuestión marginal.
Claro reflejo de ello, fueron los debates preelectorales y las campañas de ambos candidatos, en los cuales las discusiones políticas y especialmente, aquellos temas centrales para la organización de un país, reinaron por su ausencia. Es que poco diferencia a un socialismo propulsor del libre mercado de un empresario que alega como su máxima virtud la capacidad en gestión administrativa. Por eso, las disidencias estuvieron signadas, casi excluyentemente, por sus características personales, sus valores y sus pasados . Chile, entonces, se volvió así un ejemplo más del proceso de despolitización de la política, en donde los planes de gobiernos y las políticas públicas quedaban rezagados frente a las virtudes de los aspirantes a mandatarios.
En sus seis años de gobierno, Lagos supo imponer normas claras. El sumo respeto a las instituciones (que le valió a él mismo severas críticas por su participación en la campaña de Bachelet) tuvo un alto costo político, el afianzamiento cultural de la inmovilidad.
De cara al futuro, todo depende de la voluntad política de Bachelet y de una sociedad que, cómoda en el progreso, se olvidó de las pasiones.



20-1-06 Para la Revista Caras y Caretas

Una mujer al poder


El oficialismo derrotó en segunda vuelta a una golpeada y divida derecha por 7 puntos. Así Michelle Bachelet será la primera presidenta “de todos los chilenos”, como ella subrayó en su discurso.




Luego de una campaña en la que el debate político brilló por su ausencia, la candidata socialista por la Concertación, Michelle Bachelet, derrotó con un 53,5% de los votos al empresario conservador del partido Renovación Nacional, Sebastián Piñera, quien obtuvo un 46,5%.
A las 18.15 el subsecretario del Interior comenzó a dar los resultados definitivos. Mientras en el bunker de Bachelet se respiraba un clima de parsimoniosa satisfacción, en las calles miles de personas celebraban la continuidad con euforia y entusiasmo. Es que nadie, ni por izquierda ni por derecha, hablaba de cambio.
Desde las primeras líneas de la Concertación se coincidía con la mayoría de los analistas: el tercer lugar del opus dei pinochetista, Joaquín Lavin, implicaba un contundente viraje en la política nacional. Se había superado –decían- la clásica contraposición de los últimos dieciséis entre los demócratas y la derecha golpista.
Sin embargo, en torno a la Plaza de Armas y a las peatonales de Santiago de Chile donde se encontraban las carpas de ambos partidos, este antagonismo renacía inevitablemente. Sorprendían incluso la fuerza y los modos de estos debates. El pasado volvía al presente como una acusación. Es que en el fondo, en el corazón de esta sociedad, la transición no resuelta de los diecisiete años de dictadura militar alumbra cada rincón de la vida y destino de este país.
Asombraba, de todas formas, que este supuesto nuevo escenario no haya implicado la aparición de un proyecto político-económico distinto para Chile. Por el contrario, la única particularidad en la elección estuvo dada por los rasgos personales de sus candidatos: una mujer, atea, soltera y con un pasado marcado por la represión y un empresario millonario con una experiencia exitosa en gestión y administración de empresas.
En este sentido, Chile es un ejemplo más del proceso despolitizador de la política. Los planes de gobierno, los proyectos de reformas y las futuras políticas públicas, se encontraron subordinados a las capacidades personales, la fuerza de espíritu, y los valores morales de los dirigentes.
Aquí, donde comandan la diplomacia, las formalidades y el respeto por las instituciones, se vivió como un sinsabor un triunfo reconocido por ellos mismos como histórico. Es que en este país, exitoso en términos macroeconómicos, ya no se diferencia la izquierda de la derecha, y nada conmueve.



Recuadro:

Un vecindario delicado

Si bien Michelle Bachelet deberá enfrentar una realidad nacional relativamente tranquila, a nivel regional las cosas no se presentan nada fáciles. Su predecesor Ricardo Lagos (quien se retira con un imagen positiva mayor al 70 por ciento) deja en política exterior un fuerte consenso sobre la apertura comercial y la firma de Tratados de Libre Comercio (TLC). Frente a un movimiento regional cada vez más influyente opuesto al ALCA liderado por Hugo Chávez, la candidata electa deberá decidir los lineamientos generales con presiones de ambos lados.
Lo cierto es que Chile vive hoy una prosperidad económica, lo que genera que la opinión pública se manifieste a favor de la apertura indiscriminada y que los medios se preocupen porque “no quedan más TLC que firmar”. Se verá en sus primeros actos diplomáticos qué opción priorizará; si viaja a Brasil significaría un acercamiento a una izquierda moderada con pocas intenciones de fortalecer la unidad regional y el MERCOSUR puntualmente. Si lo hace a Venezuela - cuestión casi imposible - otro sería el mensaje. Por lo pronto, irá junto a Lagos este 22 a la asunción de Evo Morales en Bolivia.
Pero no debe olvidarse que de alejarse de los lineamientos generales del subcontinente, correría el riesgo de transformarse en la Israel de la región, sobre todo ahora que las encuestas sobre las presidenciales de abril en Perú, indicarían una posible victoria del ex militar nacionalista Ollanta Humala.


Del 17-1-06
Para, en teoría, Tiempos de Opinion (revista dominical del Tribuno de Salta)