Saturday, April 15, 2006

La despolitización de la política

El 15 de Enero ganó la elección presidencial Michelle Bachelet y así será la primera presidenta mujer en Chile. En esta nota, desde las calles de Santiago, las pasiones, el clima, y el fantasma de la historia.


Mucho se habló de lo histórico del triunfo de Bachelet en Chile. Se insistió, por ejemplo, en que la ex ministra de Defensa y Salud de Ricardo Lagos, atea, soltera y con un pasado marcado por la represión pinochetista, sea la primer mujer en llegar a la Moneda. Se dijo que con ella terminarían los dieciséis años de transición democrática, e inclusive, que podría convertirse en la nueva cara de un socialismo renovado. Pero el adjetivo histórico, ahora y siempre, requiere de temperamento.
En las calles de Santiago se respiraba un parsimonioso clima preelectoral. Ejemplo de ello fue el cierre de campaña del empresario Sebastián Piñera. En manos de jóvenes rentados ansiosos por ahorrar para las vacaciones, el acto, sin banderas, sin consignas, sin organizaciones sociales o políticas presentes (más que el grupo Traveschile, convocado por Joaquín Lavin de la UDI), tuvo, según las propias palabras del candidato, la ventaja de haber llevado artistas nacionales. Bastante paradójico, considerando que las figuras centrales del evento fueron los imitadores de Chayanne y Luis Miguel.
En la misma línea, el 15 de Enero cuando a las seis de la tarde ya se anunciaron los resultados oficiales, en el bunker de la concertación, se recibió con tibios aplausos un triunfo de más de siete puntos de diferencia. Ni cánticos, ni bombos, sólo correctos discursos oficiales y una primera imagen de la candidata ganadora de la mando de su rival. Escena claramente contrapuesta a la de las miles de personas que en la Alameda festejaron con un grito la continuidad.

Perspectivas

“Todavía tenemos que discutir al interior del Partido socialista si Bachelet se corre a la izquierda de (Ricardo) Lagos. La calidad del trabajo, la política internacional, y la distribución del ingreso son aun los temas más sensibles” dijo a Caras y caretas, el senador por el socialismo, Carlos Ominami.
El 11 de Marzo, Lagos dejará el palacio de gobierno con más de un 65% de imagen positiva, fundamentada sobre todo en sus grandes logros macroeconómicos. Pero aun así quedan deudas pendientes. Hoy, por primera vez en los tres mandatos de la Concertación (Aylwin, Frei y Lagos), ésta tiene mayoría en el Parlamento. Lo cual le permite avanzar sobre aquellos temas prorrogados: la cuestión social, la salud, la educación, el sistema provisional y el sistema político binominal, herencia los dos últimos del régimen militar.
“Yo no voto comunistas” alegan algunos opositores de Bachelet, y ocasionales adherentes de Piñera. Es que en una sociedad conservadora como la chilena, hablar de cualquier posible corrimiento a la izquierda, revive viejos temores.
Y este pánico aumenta cuando la derecha opositora, tal como sucede en la actualidad, se encuentra dividida. Una situación que se presentó sobre todo a partir de la decisión del candidato por el Partido de Renovación Nacional, de ampliar el sistema de partidos creando un espacio más de centro. Esto significó un alejamiento de Joaquín Lavin ( opus dei y ex mano derecha de Pinochet), para asumir una imagen de empresario republicano defensor de las instituciones. De fondo, estaba la idea de romper con la tradicional oposición entre golpistas y demócratas que tantos sinsabores les produjo desde la llegada de la democracia en 1989.
Sin embargo, la prueba más contundente de su fracaso se manifestaba en sus propios puestos de campaña en las peatonales de Santiago. En medio de discusiones irrelevantes, plagadas de personalismos, el tema Pinochet revivía inevitablemente. La vuelta a la alianza con Lavin para la segunda vuelta se levantaba como una acusación y los jóvenes cuadros se quedaban sin argumentos: “Es izquierda y derecha, tu sabes”, explicaban sonrojados. En definitiva, la historia sigue actuando y la transición no está resuelta.

Orden y Progreso

Por sobre todas las cosas, reinan en Chile conceptos como gobernabilidad, institucionalidad y estabilidad. Esta característica, junto con el sistema binominal, impone las reglas del juego en el escenario político, y hace de cualquier idea de cambio una cuestión marginal.
Claro reflejo de ello, fueron los debates preelectorales y las campañas de ambos candidatos, en los cuales las discusiones políticas y especialmente, aquellos temas centrales para la organización de un país, reinaron por su ausencia. Es que poco diferencia a un socialismo propulsor del libre mercado de un empresario que alega como su máxima virtud la capacidad en gestión administrativa. Por eso, las disidencias estuvieron signadas, casi excluyentemente, por sus características personales, sus valores y sus pasados . Chile, entonces, se volvió así un ejemplo más del proceso de despolitización de la política, en donde los planes de gobiernos y las políticas públicas quedaban rezagados frente a las virtudes de los aspirantes a mandatarios.
En sus seis años de gobierno, Lagos supo imponer normas claras. El sumo respeto a las instituciones (que le valió a él mismo severas críticas por su participación en la campaña de Bachelet) tuvo un alto costo político, el afianzamiento cultural de la inmovilidad.
De cara al futuro, todo depende de la voluntad política de Bachelet y de una sociedad que, cómoda en el progreso, se olvidó de las pasiones.



20-1-06 Para la Revista Caras y Caretas

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