El temor a la rabia
Para discutir contra la rabia no resulta conveniente hablar desde la razón; la estrategia, al menos en el Perú, vuelve a ser el miedo. De cara a las elecciones presidenciales del próximo 9 de abril, los factores emocionales se imponen sobre las propuestas y los programas, y ni la derecha de Lourdes Flores Nano de Unidad Nacional (UN), ni la socialdemocracia tipo Tony Blair del ex presidente Alan García (APRA), se ven preocupados de que el temor sea tan irracional como el mal que dicen querer extirpar. Sus armas hasta el día de la fecha - y nada indica que algo vaya a cambiar-, son el alarmismo, el bombardeo mediático y una campaña sucia contra el fenómeno del ex teniente coronel Ollanta Humala Tasso (Unión por el Perú).
Frente a la anti-política que arrasa, frente al ascenso sostenido de quien promete patear el tablero, lo único que le queda a la asustada vieja elite política es recordar con pánico al autoritarismo de la década del 90, levantar las banderas de la democracia y alertar sobre una futura inestabilidad económica. Los medios de comunicación, como es habitual, son el elemento clave.
Sin embargo, el nacionalismo de Humala sigue creciendo, se confirma la caída al segundo lugar de Flores y el estancamiento de García. Sucede que en un sistema político que tiene como paradigma la exclusión, el mestizo aparece como única opción ante ese 48 por ciento que vive con menos de 2 dólares al día, según el Banco Mundial. Es justamente la “identificación étnica” con unos 27 millones de población rural e indígena, su principal capital político.
Así lo explicó Carlos Bruce en su columna del diario Perú 21: “Una mayoría de votantes de Humala procede de ese contingente de peruanos para quienes la modernidad es sinónimo de abandono y desesperanza. Es un vehiculo que pasa sin detenerse, arrojándoles algunas cáscaras de fruta pelada por la ventana, del cual pronto no verán más que el polvo. Naturalmente, lo que sienten es ganas de tirarle piedras. Y eso es seguramente lo que harán este 9 de abril: utilizar sus votos como una suerte de intifada contra un sistema político al que culpan, no sin razón, de su triste suerte”.
Del regaeton, el neoliberalismo y los militares
Quien viene a Lima, sobre todo el viajero distraído, puede pasar por alto el clima electoral. A tan solo unas semanas del domingo definitorio, las calles no se visten de euforia, ni se inundan de discusiones y debates. Es que aquí la política se escapó de la sociedad civil y hoy sólo camina por los claustros cercanos al poder. Los espacios públicos ya no son escenarios de expresiones políticas, el control social es mínimo y las autoridades cuentan con un gran margen de maniobra.
El resultado de esta escisión es el triunfo de las formalidades y los escándalos. Los candidatos están unidos por promesas electorales y separados por frivolidades; sus perfiles políticos ocultos tras generalismos programáticos y bailecitos de regaeton.
En el fondo, la gente sabe. La coqueta Lourdes sigue siendo, aun con sus promesas de protagonismo estatal, la representante más fiel del modelo neoliberal. Alan García el que, queriendo ser portavoz de la democracia y la razón, lo es finalmente de la vieja política. Y Humala otra vez el misterio, la apuesta, el riesgo, quizá la izquierda, quizá no.
Mientras tanto, las encuestadoras están desorientadas. Con más de 20 partidos inscriptos, los resultados cambian semana a semana y la experiencia de los últimos 16 años les ha enseñado a confiar sólo en los resultados finales. Afianzando esta idea, pintadas callejeras denuncian: “No nos encuestan”
Los de afuera no son de palo, un poco de historia
Con el desmoronamiento de la izquierda desde finales de los ochenta, todo un electorado quedó desprovisto de partido y de proyecto. Son esos sectores, junto a la oligarquía, los que apoyaron la llegada de Fujimori en los 90. No le hizo falta tradición ni pasado político, fue suficiente la capacidad de entender ese vacío para canalizarlo con discursos antisistema. Después, como en Argentina, vino la sorpresa.
La aparición de Toledo en la escena pública en 2001 presenta rasgos similares. Este cholo con aires de Pachacutec, logró renovar las esperanzas de nuevos tiempos. Hoy, a pesar de un crecimiento sostenido del PBI, de haber avanzado en megaproyectos como el gasoducto de Camisea y las rutas interoceánicas que unirán el atlántico con el pacifico, se retira con un 13 por ciento de imagen positiva. Algunos culpan a sus asesores de marketing, otros recuerdan los apenas cinco puntos en que se redujo la pobreza y la casi nula distribución de la riqueza.
Hoy, el mundo político, inmerso en un sismo de intrigas, dudas y desconcierto, ve en Humala un nuevo ejemplo de este fenómeno outsider. Y si bien presenta distancias considerables con Fujimori y Toledo (él mismo se levantó contra el primero en 2001 y su hermano Antauro contra el segundo en 2004), este militar, “nacionalista, indigenista y progresista” como él mismo se define, hace temblar al empresariado. Las últimas encuestas muestran que en el sector A de la población, el 78% vota a Lourdes mientras sólo un 1% lo hace por la UPP. Aun cuando para algunos esa sensación es infundada, hoy Humala representa para el establishment un dejavu: intranquilidad y desconcierto, al menos por un rato.
Entrevista a Santiago Pedraglio, sociólogo y analista político
“Humala no es de izquierda”
Las últimas encuestas dan como ganador a Humala. Significaría un triunfo más de la centro- izquierda en la región?
-No es tan fácil decir que Humala sea un hombre de izquierda, es un nacionalista. Creo que es una diferencia difícil pero valida en este caso. Él no viene de una tradición nacionalista civil de partido, como Tabaré Vázquez o Kirchner, ni tampoco de una tradición sindical como Evo Morales. Es un nacionalismo militar con un discurso antipartido, anti la vieja elite política, más similar en algún punto a Chávez, pero más cauto. Un nacionalismo que supo calar en los sectores no beneficiados con el crecimiento de la economía y que sostiene principalmente el fortalecimiento del Estado, el control del capital extranjero y una critica por la forma desigual de desarrollo.
Qué se vota al votar por él?
-Nada nuevo, es un voto de frustración canalizado antiguamente por la izquierda ahora pulverizada. Ese sector busca representación desde Fujimori en un outsider, en un candidato antisistema. Pero no hay que entender antisistema, como renovador. Esta corriente tiene rasgos profundamente conservadores en su vínculo con la autoridad y en el tema de DDHH. Hay toda un área que no tiene nada de democrática, nada de izquierda renovadora. Su manejo del poder puede ser tradicional, incluso es probable que mantenga el manejo macroeconómico y sólo se meta en cuestiones como la reforma tributaria y la regulación estatal, por ejemplo en política de hidrocarburos.
- Respondería a la política regional de Chávez o podría convertirse en lo que Lucio Gutiérrez fue para el Ecuador?
- Creo que es un riesgo, no lo descartaría. Aquí, él no esta aliado con ningún partido de izquierda y la derecha va a querer cooptarlo. Podría insertarse en la ola regional, pero a su manera. Puede acercase a Chávez, pero por las características del Perú, sin su protagonismo.
Toledo dijo que el TLC se firma sí o sí. En qué instancia están las negociaciones?
Los gringos ya llegaron a un acuerdo con el Perú, pero la paradoja es que su propio Congreso no lo va a aprobar. Ellos están en año electoral y Bush tiene un reconocimiento del 37%. La estrategia peruana es que el Perú lo firme, luego ellos lo rechacen y después se negocie una ampliación del ATPDEA (un acuerdo con EEUU que permite comerciar ciertos productos sin aranceles).
- Qué política adoptaría cada uno de los candidatos en relación al TLC?
- Todos van a tener una presión fortísima por parte del sector textil y el agro exportador en crecimiento. Lourdes y el APRA firman, quizá García haga algún cambio. Humala va a tener un gran problema, el TLC puede convertirse en un factor decisivo en términos políticos. Va a tener que definirse entre un empresariado muy activo y aquellos, como Chávez, que luego le pasaran la factura. El hoy dice no en las actuales condiciones, y en ese caso tendrá que inclinarse al MERCOSUR, que no es fácil y no tiene ningún beneficio inmediato.
22 - 03 - 06 Para la Revista Caras y Caretas
Frente a la anti-política que arrasa, frente al ascenso sostenido de quien promete patear el tablero, lo único que le queda a la asustada vieja elite política es recordar con pánico al autoritarismo de la década del 90, levantar las banderas de la democracia y alertar sobre una futura inestabilidad económica. Los medios de comunicación, como es habitual, son el elemento clave.
Sin embargo, el nacionalismo de Humala sigue creciendo, se confirma la caída al segundo lugar de Flores y el estancamiento de García. Sucede que en un sistema político que tiene como paradigma la exclusión, el mestizo aparece como única opción ante ese 48 por ciento que vive con menos de 2 dólares al día, según el Banco Mundial. Es justamente la “identificación étnica” con unos 27 millones de población rural e indígena, su principal capital político.
Así lo explicó Carlos Bruce en su columna del diario Perú 21: “Una mayoría de votantes de Humala procede de ese contingente de peruanos para quienes la modernidad es sinónimo de abandono y desesperanza. Es un vehiculo que pasa sin detenerse, arrojándoles algunas cáscaras de fruta pelada por la ventana, del cual pronto no verán más que el polvo. Naturalmente, lo que sienten es ganas de tirarle piedras. Y eso es seguramente lo que harán este 9 de abril: utilizar sus votos como una suerte de intifada contra un sistema político al que culpan, no sin razón, de su triste suerte”.
Del regaeton, el neoliberalismo y los militares
Quien viene a Lima, sobre todo el viajero distraído, puede pasar por alto el clima electoral. A tan solo unas semanas del domingo definitorio, las calles no se visten de euforia, ni se inundan de discusiones y debates. Es que aquí la política se escapó de la sociedad civil y hoy sólo camina por los claustros cercanos al poder. Los espacios públicos ya no son escenarios de expresiones políticas, el control social es mínimo y las autoridades cuentan con un gran margen de maniobra.
El resultado de esta escisión es el triunfo de las formalidades y los escándalos. Los candidatos están unidos por promesas electorales y separados por frivolidades; sus perfiles políticos ocultos tras generalismos programáticos y bailecitos de regaeton.
En el fondo, la gente sabe. La coqueta Lourdes sigue siendo, aun con sus promesas de protagonismo estatal, la representante más fiel del modelo neoliberal. Alan García el que, queriendo ser portavoz de la democracia y la razón, lo es finalmente de la vieja política. Y Humala otra vez el misterio, la apuesta, el riesgo, quizá la izquierda, quizá no.
Mientras tanto, las encuestadoras están desorientadas. Con más de 20 partidos inscriptos, los resultados cambian semana a semana y la experiencia de los últimos 16 años les ha enseñado a confiar sólo en los resultados finales. Afianzando esta idea, pintadas callejeras denuncian: “No nos encuestan”
Los de afuera no son de palo, un poco de historia
Con el desmoronamiento de la izquierda desde finales de los ochenta, todo un electorado quedó desprovisto de partido y de proyecto. Son esos sectores, junto a la oligarquía, los que apoyaron la llegada de Fujimori en los 90. No le hizo falta tradición ni pasado político, fue suficiente la capacidad de entender ese vacío para canalizarlo con discursos antisistema. Después, como en Argentina, vino la sorpresa.
La aparición de Toledo en la escena pública en 2001 presenta rasgos similares. Este cholo con aires de Pachacutec, logró renovar las esperanzas de nuevos tiempos. Hoy, a pesar de un crecimiento sostenido del PBI, de haber avanzado en megaproyectos como el gasoducto de Camisea y las rutas interoceánicas que unirán el atlántico con el pacifico, se retira con un 13 por ciento de imagen positiva. Algunos culpan a sus asesores de marketing, otros recuerdan los apenas cinco puntos en que se redujo la pobreza y la casi nula distribución de la riqueza.
Hoy, el mundo político, inmerso en un sismo de intrigas, dudas y desconcierto, ve en Humala un nuevo ejemplo de este fenómeno outsider. Y si bien presenta distancias considerables con Fujimori y Toledo (él mismo se levantó contra el primero en 2001 y su hermano Antauro contra el segundo en 2004), este militar, “nacionalista, indigenista y progresista” como él mismo se define, hace temblar al empresariado. Las últimas encuestas muestran que en el sector A de la población, el 78% vota a Lourdes mientras sólo un 1% lo hace por la UPP. Aun cuando para algunos esa sensación es infundada, hoy Humala representa para el establishment un dejavu: intranquilidad y desconcierto, al menos por un rato.
Recuadro:
Entrevista a Santiago Pedraglio, sociólogo y analista político
“Humala no es de izquierda”
Las últimas encuestas dan como ganador a Humala. Significaría un triunfo más de la centro- izquierda en la región?
-No es tan fácil decir que Humala sea un hombre de izquierda, es un nacionalista. Creo que es una diferencia difícil pero valida en este caso. Él no viene de una tradición nacionalista civil de partido, como Tabaré Vázquez o Kirchner, ni tampoco de una tradición sindical como Evo Morales. Es un nacionalismo militar con un discurso antipartido, anti la vieja elite política, más similar en algún punto a Chávez, pero más cauto. Un nacionalismo que supo calar en los sectores no beneficiados con el crecimiento de la economía y que sostiene principalmente el fortalecimiento del Estado, el control del capital extranjero y una critica por la forma desigual de desarrollo.
Qué se vota al votar por él?
-Nada nuevo, es un voto de frustración canalizado antiguamente por la izquierda ahora pulverizada. Ese sector busca representación desde Fujimori en un outsider, en un candidato antisistema. Pero no hay que entender antisistema, como renovador. Esta corriente tiene rasgos profundamente conservadores en su vínculo con la autoridad y en el tema de DDHH. Hay toda un área que no tiene nada de democrática, nada de izquierda renovadora. Su manejo del poder puede ser tradicional, incluso es probable que mantenga el manejo macroeconómico y sólo se meta en cuestiones como la reforma tributaria y la regulación estatal, por ejemplo en política de hidrocarburos.
- Respondería a la política regional de Chávez o podría convertirse en lo que Lucio Gutiérrez fue para el Ecuador?
- Creo que es un riesgo, no lo descartaría. Aquí, él no esta aliado con ningún partido de izquierda y la derecha va a querer cooptarlo. Podría insertarse en la ola regional, pero a su manera. Puede acercase a Chávez, pero por las características del Perú, sin su protagonismo.
Toledo dijo que el TLC se firma sí o sí. En qué instancia están las negociaciones?
Los gringos ya llegaron a un acuerdo con el Perú, pero la paradoja es que su propio Congreso no lo va a aprobar. Ellos están en año electoral y Bush tiene un reconocimiento del 37%. La estrategia peruana es que el Perú lo firme, luego ellos lo rechacen y después se negocie una ampliación del ATPDEA (un acuerdo con EEUU que permite comerciar ciertos productos sin aranceles).
- Qué política adoptaría cada uno de los candidatos en relación al TLC?
- Todos van a tener una presión fortísima por parte del sector textil y el agro exportador en crecimiento. Lourdes y el APRA firman, quizá García haga algún cambio. Humala va a tener un gran problema, el TLC puede convertirse en un factor decisivo en términos políticos. Va a tener que definirse entre un empresariado muy activo y aquellos, como Chávez, que luego le pasaran la factura. El hoy dice no en las actuales condiciones, y en ese caso tendrá que inclinarse al MERCOSUR, que no es fácil y no tiene ningún beneficio inmediato.
22 - 03 - 06 Para la Revista Caras y Caretas

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