Ecuador vive momento de definiciones
Ecuador ha sido desde hace tiempo un foco de sorpresas. Su fuerte crisis de legitimidad, marcada por levantamientos populares y destituciones presidenciales, ha puesto periódicamente a este país en boca del mundo. Sin embargo, hoy es otra la razón que lo lleva a ser noticia: la decisión de caducar el contrato de la petrolera norteamericana OXY (Occidental Petroleum Corporation) tras el traspaso del 40% de sus acciones a la empresa canadiense EnCanada, violando así la ley de hidrocarburos.
Como era de esperar, la medida adoptada por el gobierno de Alfredo Palacio trajo fuertes repercusiones a nivel nacional e internacional. En el plano interno significó un gran triunfo de los movimientos sociales y la izquierda ecuatoriana, quienes en los seis años de litigio hicieron de este reclamo - junto al rechazo a la firma del TLC - su principal bandera frente al chantaje norteamericano que, a modo de coerción política, condicionó esta firma a la renegociación del contrato con su multinacional. En lo que refiere al marco regional, la ruptura implicó un sutil acercamiento al eje Caracas – La Paz en este contexto crítico de la Comunidad Andina de Naciones (CAN).
Sucede que esta decisión excede al estratégico Bloque 15 que pasará a manos de la estatal PetroEcuador. Implica declarar un ganador (y un perdedor) en esta larga batalla que atiende puntos como la soberanía nacional y las relaciones con Estados Unidos, fundamentales no sólo desde lo comercial, sino también desde lo migratorio.
Los principales ingresos con que Ecuador aspira alcanzar este año un 4 % de crecimiento de su PBI son dos: el petróleo, que aportará al fisco nuevos fondos a partir de la reciente ley de Hidrocarburos que establece un reparto del 50 y 50 de los ingresos extraordinarios generados por el aumento de los precios internacionales y las remesas de los inmigrantes - la mayoría de ellos en los Estados Unidos - calculadas en casi 2 mil millones de dólares anuales. “Aun no siendo un factor de desarrollo, (las remesas) tienen un rol indispensable en la economía nacional por su colaboración con el sostenimiento de la dolarización (que Jamil Mahuad implementó en 2000) y la disminución de la pobreza”, explica Alberto Acosta, economista y consultor del Instituto Latinoamericano de Investigaciones Sociales.
La dependencia económica para con EEUU se explica además en que más del 40 % de la producción nacional se ubica en el mercado norteamericano. ¿Quien, si no EEUU, compraría sus bananas, su atún, sus palmitos y sus flores?
Con este panorama, las elecciones presidenciales del 15 de octubre se presentan como una posibilidad de cambio. Cambio que la sociedad ecuatoriana da muestras de necesitar después de nueve años de constante crisis por la que pasaron siete presidentes distintos y ninguno logró finalizar su mandato. Se trata de definiciones que el escenario latinoamericano también exige, justo cuando comienzan a esbozarse bloques enfrentados y un mundo andino dividido.
Con miras a octubre
Palacio asumió la presidencia en abril del año pasado, luego de la revuelta de los “forajidos”, un movimiento espontáneo, eminentemente quiteño y sin intenciones de liderazgo, que al grito de “que se vayan todos” tumbó al coronel Lucio Gutiérrez. Sin un solo congresal que le responda orgánicamente, su objetivo siempre fue mantenerse en el poder y es por eso que sus medidas atienden más a una lógica de coyuntura que a un proyecto estructural.
Por todo esto, la medida respecto de la OXY sorprendió y abrió un debate nacional. Los medios hegemónicos de comunicación manifestaron su descontento con agresivas editoriales y los candidatos de la derecha como Cinthia Viteri del Partido Social Cristiano (PSC) y el multimillonario bananero Álvaro Noboa del Partido Renovador Institucional Acción Nacional (PRIAN) rechazaron la medida. La estrategia oficial fue levantar las banderas del nacionalismo.
Con pocas chances de ganar la disputa, las elites, en cooperación con el Mundial de Alemania, “se encargaron de sepultar paulatina y sutilmente el tema. A las oligarquías no les interesa fomentar un debate público que podría conducir a un mayor cuestionamiento del modelo económico vigente y de las políticas para la reducción del papel del Estado en la economía”, asegura el analista Juan Fernando Terán.
De cara a octubre, tanto Viteri como Noboa pelean por un mismo electorado; lo que diferencia a un proyecto y a otro es el tipo de derecha que encarnan. La primera, representada por la bonita y carismática diputada socialcristiana, es la más rancia y tradicional. Sobre ella se cierne el fantasma del ex presidente y viejo caudillo León Febres Cordero (1984-1988) al que el imaginario popular reconoce como el “dueño del país”. El PSC le otorga una fuerte estructura, sobre todo en Guayaquil, pero al mismo tiempo un gran lastre opositor.
Por su parte, Alvarito, como le dicen con ironía y sin ternura, aspira en su tercer intento por alcanzar la presidencia, a no volver a perder en segunda vuelta como lo hizo en frente a Mahuad en 1998 y a Gutiérrez en 2003. Si bien nadie confía en su grandeza intelectual, es sabido que su enorme patrimonio puede alcanzarle para “comprarse la presidencia” con programas clientelares o lo que haga falta.
Para esta elección discute una alianza con el Partido Roldosista Ecuatoriano de Abdalá Bucaram, y el Partido Sociedad Patriótica de Gutiérrez. Sin embargo, como señala Terán, “Gutiérrez, que es un comodín de la derecha, podría inscribirse como candidato y así fragmentar y regionalizar aún más el voto de los sectores populares”.
Las dificultades de la izquierda
El elector progresista tiene todavía un panorama poco definido. La estrategia de “divide y reinarás” a cargo de la derecha es complementaria a la fragmentación de una izquierda que no supo canalizar el éxito político de la caducidad hacia la unidad partidaria.
Quien jugó sus fichas para acortar opciones fue el ex ministro de economía de Palacio, Rafael Correa (Alianza País), candidato que con el 15% de intención de votos representa la propuesta por izquierda con mayores posibilidades de acceder a una segunda vuelta. Apostó fuerte por un frente con el Partido Socialista (PS) - más pequeño pero más radical que sus hermanos del continente –y el Movimiento Pachakutik (PK) que hubiera resuelto sus mayores debilidades: el desconocimiento por falta de aparato y sus similitudes para la opinión pública con el candidato de centro-izquierda puntero en las encuestas, León Roldós (Red Ética y Democrática).
Pero PK se negó y optó por lanzar al actual presidente de la CONAIE, Luis Macas, como candidato propio. Las causas de la desconfianza y el escepticismo deben buscarse en la crisis interna que desató la traición del gobierno de Gutiérrez, al que ellos apoyaron desde un principio. Corre así el riesgo, sin embargo, de que la organización caiga en el vicio del etnocentrismo y pierda la idea de un proyecto colectivo que seduzca a aquella población que no forma parte del 20 % indígena.
Al día de hoy, mientras esperan que se encaucen las conversaciones con PK, Alianza País y el PS elaboran su estrategia. Este proyecto, basado en la sólida formación académica de Correa y decorado con una evidente voluntad política, va de la mano de las “revoluciones democráticas” de Evo Morales y Hugo Chávez. “Los países que fueron más expropiados, más mutilados, entre los cuales se encuentra Ecuador, son los que hoy necesitan de opciones radicales”, explicó el candidato a América XXI.
Sin embargo, todo el panorama de la izquierda se encuentra condicionado por la figura de Roldós. Su estrategia es captar con su retórica y su pasado independiente al electorado progresista; con su alianza con la derechista Izquierda Democrática, al de centro. Por eso su programa presenta ambigüedades irreconciliables como abarcar la caducidad de la OXY, avanzar aún más en la ley de hidrocarburos, unir latinoamericana contra la “agresiva política migratoria estadounidense” y, al mismo tiempo, negociar un TLC “en mejores condiciones” con los EEUU.
Con respecto a la deuda externa es similar su radicalidad discursiva. En su oficina de Guayaquil levanta el dedo índice y dice convencido y orgulloso que el no pago es la opción; pero prefiere no explicarla con detalle “porque es una cuestión estratégica”. Luego, a regañadientes, reconoce que lo que no pagará será sólo la deuda comercial.
Los números demuestran que su estrategia es, hasta el momento, la más efectiva. Con un 26 % encabeza todas las encuestas lejos del pelotón que lo persigue lo que le aseguraría su pase a segunda vuelta.
Lo único certero es que el escenario con miras a las presidenciales está abierto, casi tanto como la interpretación que los mismos ecuatorianos hacen de su reciente e inestable historia política. En esta coyuntura cambiante, los candidatos intentan adaptarse a los tiempos, pero con falencias. Sus programas y declaraciones son permeables a modificaciones y están plagados de indefiniciones. Para este electorado al que los analistas denominan populista, un poco aprovechando la ambigüedad del término, otro poco por su tendencia a dejarse seducir por líderes carismáticos, las propuestas se entrecruzan dejando el panorama de opciones inconcluso.
Julio, Para América XXI

0 Comments:
Post a Comment
<< Home