Saturday, April 21, 2007

Los indígenas americanos “de la resistencia al poder”

En el templo del antiguo imperio tiwanakota, entre banderas rojas y wilpalas flameando al unísono, un Evo Morales eufórico había asegurado el día antes de su asunción formal a la presidencia en enero de 2006: “Hoy empieza una nueva era para los pueblos originarios del mundo, una nueva vida en la que buscamos igualdad y justicia, un nuevo milenio. Hermanos y hermanas, de la resistencia a la toma del poder. Debemos avanzar para liberar a nuestra Bolivia y a nuestra América”. Fue desde entonces que los movimientos indígenas, cuya realidad es otra a partir de la experiencia boliviana, modificaron sus perspectivas. Prueba de ello fue la III Cumbre Continental de Pueblos y Nacionalidades Indígenas de Abya Yala (América para los Kunas panameños) realizada entre los días 26 y 30 de marzo en el templo maya de Iximche`, Guatemala, donde debatieron representantes de 25 países en torno a la consigna “De la resistencia al poder”.
Este nuevo enfoque se expresó, por ejemplo, en la elección de las mesas de debate, entre las cuales se destacaban “globalización neoliberal y oportunidades económicas de los pueblos indígenas”, “estrategias y alianzas para la toma del poder”, “autonomía y libre determinación” y “democracia, Estado-Nación y gobiernos indígenas”. El ánimo colectivo era optimista y ambicioso. “Para romper con la relación colonial son necesarias la reforma del Estado, la ruptura del modelo económico y el abandono del neoliberalismo, y esto sólo es posible mediante la toma de espacios de poder”, comentaba el guatemalteco Miguel Ángel Sandoval, dirigente del recientemente creado Movimiento Amplio de Izquierda (MAIZ). “Hoy nosotros nos damos cuenta de que la toma de las decisiones no está en las movilizaciones, sino en los Estados. Se avizora que hay que construir un poder diferente, alternativo frente a la crisis de nuestros países”, agregaba Miguel Quispe, secretario general de CAOI, Coordinadora Andina de Organizaciones Indígenas, yconductor del evento.
A pesar de que esta apertura fue la que prevaleció en la Cumbre, aún se registraban posturas más etnocentristas o más escépticas en torno a la apropiación de espacios de poder; posturas que hacían hincapié en el abandono del uso del dinero o del consumo de productos industriales. Ninguna de ellas llegó, sin embargo, a determinar alguna de las conclusiones finales. Con claridad, la “Declaración de Iximche`” marcó la línea política de los pueblos originarios: “Afianzar relaciones con movimientos sociales del continente y del mundo que permitan enfrentar las políticas neoliberales y todas las formas de opresión”.
Ocurre que si bien la radicalidad boliviana es el faro de los movimientos originarios de la región, es una verdad que cada una de las realidades es particular y que no todos los países tienen una población indígena del 62 por ciento, como asegura el Banco Mundial sucede en la Nación andina. En este sentido, Quispe sostenía que “la articulación con sindicatos, estudiantes, movimientos sociales, maestros y la Iglesia será la que permita la construcción de un movimiento político que incluya a todos”. La lucha por el reconocimiento de los Estados de la diversidadétnica y cultural interna es otra de las banderas: “No podemos recluirnos, hay que ir adquiriendoprotagonismo y tomar como estrategia la plurinacionalidad para involucrar a todos losmovimientos internos de nuestros países”, aseguraba Bladimir Painecura, mapuche chileno.Otro de los dilemas que se debatieron una y otra vez en la Cumbre fue la relación entre los movimientos y los “gobiernos amigos” (pero no originarios) como el venezolano, el nicaragüense y el ecuatoriano. “Los indígenas buscamos mantener relaciones con aquellos Estados que nos sirven de enlace para que nuestras propuestas puedan ser consideradas en el ámbito internacional. Pero esto sólo puede ser posible cuando la agenda que se lleva adelante nos identifica, y eso>significa transformar al país”, explicaba Blanca Chancoso, dirigenta de la Confederación de>Nacionalidades Indígenas del Ecuador (CONAIE), y agregaba: “Nosotros nos declaramos vigilantes e independientes del gobierno de (Rafael) Correa. Sin embargo, existe una gran coincidencia en puntos como la instalación de la Asamblea Constituyente para refundar al país, la no firma del Tratado de Libre Comercio con EEUU y la oposición a la militarización de la frontera con Colombia. Son todos temas de agenda que hacen que tengamos que apoyarlo y avanzarjuntos”.
En el caso guatemalteco, cuya población indígena supera al 40 por ciento, la situación es distinta. Si bien la candidatura a las presidenciales del 9 de septiembre de Rigoberta Menchú, Premio Nóbel de la paz de 1992 en reconocimiento a su reivindicación de los pueblos amerindios, despertó el interés de la prensa internacional, pocas son las posibilidades reales de que obtenga un triunfo ya que según las últimas encuestas se encuentra en el cuarto lugar con un 2 por ciento de intención de voto. Su ausencia fue notoria en Cumbre y Marta Matzir, maya y organizadora del evento, lo relacionó con su escasa capacidad de convocatoria: “El problema de Rigoberta es que perdió a sus bases. Desde que ganó el Nóbel desapareció para la gente. Es significativo, sin embargo, que por primera vez una mujer indígena se lance a presidenta en este país que, después de 36 años de guerra interna, perdió a todos sus cuadros”.
Con el gobierno de Felipe Calderón y una izquierda dividida entre el liderazgo de Andrés Manuel López Obrador, el Zapatismo y el extendido conflicto de Oaxaca, en México el panorama se presenta también complejo. “El lema no es un discurso. Hace mucho ya que se está luchando por los espacios de decisión y hoy el primer reto es construir la coincidencia, cuya inexistencia en nuestro país pagamos caro” explicaba Delfino Juárez Toledo, de la Unión de ComunidadesIndígenas de la zona norte del istmo de Oaxaca.La representante del pueblo Huarpe y de la Organización de Naciones y Pueblos Indígenas de Argentina (ONPIA), Claudia Herrera, analizaba la situación nacional: “El Estado argentino tienegrandes deudas con nosotros. Kirchner todavía no nos ha atendido. Nos reciben del Ministerio de Desarrollo Social con una visión paternalista como si fuera una cuestión de indigentes. Nosotros le estamos pidiendo al Estado un diálogo profundo para que haya cambiosestructurales”.
Sin embargo, más allá de los matices nacionales que hacen de cada fenómeno una experiencia única y difícil de imitar, hubo un punto donde la coincidencia en la Cumbre fue rotunda. “El enemigo número uno son los yanquis; George Bush y su aparato militar, económico y político. Son el Banco Mundial, el FMI, las multinacionales a quienes entregan nuestros recursos naturales a precio de gallina muerta”, se enfurecía Juana Quispe, diputada boliviana por el Movimiento al Socialismo (MAS). Así fue como “Declaración de Iximche`” habló de capitalismo, ratificó el rechazo a los tratados de libre comercio (TLCs), condenó las políticas “del gobierno de Estados Unidos expresadas en la exclusión demostrada con la construcción del muro en la frontera con México” y denunció “las democracias impostoras y terroristas implementadas por los gobiernos neoliberales, que se traducen en la militarización de los territorios indígenas, la criminalización de las luchas indígenas y de los movimientos sociales en todo el Abya Yala”.
Pero no todo fue oposición; en Guatemala se constituyó también la Coordinadora Continental de las Nacionalidades y Pueblos Indígenas del Abya Yala para “enfrentar las políticas de globalización neoliberal y para luchar por la liberación definitiva de nuestros pueblos hermanos, de la madre tierra, del territorio, del agua y todo el patrimonio natural para vivir bien”.


Para Acción, segunda quincena de abril

La Cumbre indigena discute etnocentrismo o inclusión

Polleras amplias, zapatos con moños y los característicos sobreros, eternos equilibristas, diferenciaban a las cholas bolivianas de las descendientes mayas, distinguibles por su tokoyal (tela con la que envuelven sus cabellos y rodean sus cabezas) y el colorido de sus blusas. Entre ellas, se paseaban los negros garífunas de la costa atlántica centroamericana, y los representantes de México, Argentina, Uruguay y Brasil, entre otros, más modestos en su vestir. Este era el clima que se respiraba en la III cumbre continental de los pueblos y nacionalidades indígenas de Abya Yala (América, según la lengua de los kunas de Panamá) realizada en Iximche`, Guatemala, entre los días 26 y 30 del pasado mes y bajo el lema “De la resistencia al poder”.
Desarrollada en paralelo a la presencia de los Reyes de España en Guatemala, esta cumbre ya había sufrido otra sospechosa coincidencia dos semanas atrás, la visita del presidente norteamericano George Bush al templo maya elegido para el encuentro y que ameritó, en consecuencia, una ceremonia de purificación del lugar.
Durante los cinco días la agenda de los representantes de las 25 nacionalidades presentes, entre las cuales se destacaba la delegación boliviana y la presencia de su canciller, comenzaba con ceremonias espirituales a cargo de cada una de las regiones y continuaba con el trabajo en mesas de discusión, donde se priorizaban el debate y la democratización de las conclusiones, sobre temáticas como: tierra y territorio, autonomía, Nación, democracia, globalización, diversidad, plurinacionalidad, niñez y juventud indígena, organización y participación política de las mujeres, y estrategias y alianzas para la toma del poder.

Lemas y dilemas

La consigna de la cumbre, “De la resistencia al poder” abría una pregunta ineludible: ¿qué tipo de poder se está buscando? En la mesa de Globalización y oportunidades económicas, una muchacha ecuatoriana al ver que los panelistas basaban sus ponencias en la creación de mercados populares, la vuelta a la economía ancestral que no usa dinero y la organización de talleres sobre las implicancias del maíz criollo transgénico, dijo indignada: “¿es que de verdad piensa frenar a ese monstruo con esas salidas?, dejémonos de bobadas, queremos la administración de nuestro recursos naturales como en Bolivia. Nosotros debemos pensar en grande, ese también es nuestro derecho”.
Las tensiones entre quienes creen que la salida es la participación política en el juego democrático y quienes apuestan a una estrategia de mayor reclusión, más etnocentrista se notaba a cada paso. En la mesa “democracia, gobierno indígena y Estado Nación” dos hombres discutían: “el sistema que vivimos no es nuestro, otros son nuestro códigos y mecanismos, ése es nuestro primer problema. Esta democracia es excluyente, en Bolivia se ha conseguido el poder atentando contra los mecanismos de la democracia, no respetándolos”, decía uno; “el concepto de democracia esta más allá de esta formalidad que vivimos, es también social, educativa. Tenemos que pensar que vivimos en países donde también hay ladinos, no hay que ser esencialitas. Evo Morales llegó definitivamente por mecanismo democráticos”, respondía otro.
Estas discusiones se entienden dentro del marco de oportunidades que implicó para el movimiento indígena latinoamericano el ejemplo boliviano y que sin duda, marcó todo el desarrollo de la cumbre y de las conclusiones. “La toma de las decisiones no está en las movilizaciones, está en los Estados. Se avizora que hay que construir un poder diferente, alternativo frente a la crisis de nuestros países. La articulación con sindicatos, movimientos sociales, maestros, estudiantes, la Iglesia , va a permitir que construyamos un movimiento político que incluya a todos”, comentaba a Página 12 Miguel Quispe, miembro de la recién creada Coordinadora Continental de las Naciones y Pueblos Indígenas de Abya Yala por el Perú y conductor del evento. “Hay que participar en política, ser autoridades. El pueblo tiene que ser gobierno y actuar bien, no solamente los indígenas sufrimos, también las clases pobres de las ciudades, con ellos debemos unirnos en contra del aparato militar, político y económico de los yanquis, y de las transnacionales”, aclaraba Juana Quispe, diputada boliviana por el Movimiento al Socialismo (MAS).
En las conclusiones, sin embargo, este debate prácticamente no quedó plasmado y la postura participativa fue sin duda la ganadora; lo que se expresó en la “Declaración de Iximche`”, leída frente al Palacio de Gobierno en la capital del país tras la marcha del cierre de la cumbre a la que asistieron alrededor de tres mil personas. Se observa allí que, además de ratificar el derecho ancestral al territorio, la necesidad de avanzar en el derecho a la autonomía, la libre determinación y la soberanía alimentaria, se asegura como imprescindible afianzar las alianzas de los pueblos indígenas con los movimientos sociales para enfrentar a las políticas neoliberales, y consolidar los procesos impulsados para fortalecer la refundación de los Estados-nación a través de asambleas constituyentes, al mismo tiempo que rechazan los tratados de libre comercio, la política del gobierno de Estados Unidos por la construcción del muro en la frontera con México, el neoliberalismo, las transnacionales y las políticas asistencialitas del BID y el Banco Mundial.


Para Página 12, 1 de abril de 2007

“Los indígenas estamos construyendo alternativas propias”

Entrevista a Blanca Chancoso, dirigenta de la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador (CONAIE) y miembro de la Coordinadora Continental de las Naciones y Pueblos Indígenas de Abya Yala.

¿Cuál es el balance que usted hace de la Cumbre ?

Los casi 2000 hermanos y hermanas que de toda América vinieron al sitio sagrado de Iximche`, demuestra un avance en la convocatoria que nos permite visibilizar, reafirmarnos y unirnos en torno a temas puntuales. Un ejemplo de ello es el impulso que se nos dio a las mujeres al convocar, en el marco del próximo encuentro, a la primera Cumbre Continental de Mujeres Indígenas de Abya Yala.

Después de una semana de debate, ¿cuáles considera que son los principales puntos en la agenda política de los movimientos indígenas?

Por un lado que nos reconozcan como nacionalidades indígenas y que se termine con el racismo para que se vaya creando la consciencia. Luego, la reivindicación respecto de los territorios indígenas. Sobre este punto, hay que entender que no estamos hablando de crear nuevos Estados, sino de la necesidad del reconocimiento de nuestro derecho legítimo a existir como las Naciones que fuimos. Es por eso que luchamos por que los Estados se declaren plurinacionales.

El lema madre de la cumbre fue “De la resistencia al poder”. ¿Cómo piensan los movimientos indígenas, en este caso el ecuatoriano, llevarlo a la práctica?

No se trata de usurparle el poder a nadie, sino de construir el verdadero poder ejerciendo nuestros derechos desde los diferentes espacios. Hay que demostrar que no sólo resistimos y rechazamos, nosotros también avanzamos. Estamos construyendo alternativas propias, pero desde un poder verdadero.

¿Cómo es la relación hoy de la CONAIE con el gobierno de Rafael Correa?

Nosotros nos declaramos vigilantes e independientes del gobierno. Sin embargo, existe una gran coincidencia en puntos como la instalación de la Asamblea Constituyente para refundar al país, la no firma del Tratado de Libre Comercio con EEUU y la oposición a la militarización de la frontera con Colombia. Son todos temas de agenda que hacen que tengamos que apoyarlo y avanzar juntos.


Para Página 12, 1 de abril de 2007

Con pasaporte propio

Joe Kennedy nació en Estados Unidos, pero no se siente parte. Él se reconoce a si mismo como indígena y forma parte del Consejo Nacional de los Western Shoshone. Fue en ese carácter que participó la cumbre.
Como Shoshone, se siente agredido y dominado por su Estado que “no está Unido, sino Jodido”, bromea. Kennedy entiende que una de las principales batallas del movimiento indígena continental es la lucha por el reconocimiento de las Naciones en el ámbito local e internacional. Es por eso que desde el 2000 viaja por el mundo con el pasaporte de su pueblo y no con el estadounidense.
Así fue como ingresó a Guatemala marcando un hito histórico para el movimiento indígena ya que ésta fue la primera ocasión en que un país del continente americano acepta a una Nación no reconocida oficialmente por la Organización de las Naciones Unidas.
La primera vez que Kennedy logró utilizar el pasaporte fue en 2003 para ingresar a Ginebra, Suiza, a donde viajó para denunciar a Washington en las sesiones del Grupo de Trabajo sobre poblaciones Indígenas de la ONU. “EEUU tiene que frenar sus agresiones contra los Western Shoshone, y es por eso que fui a Ginebra a luchar por nuestros derechos”, asegura.


Para Página 12, 1 de abril de 2007

“Las revoluciones no se repiten”

Un peculiar retorno ocurre en Nicaragua. El Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), ese heroico partido que supo ser guerrilla, conquistó Managua en 1979, movilizó Centroamérica e inquietó al duro de Ronald Reagan, volvió al poder con el liderazgo repetido de Daniel Ortega. Sin embargo, un sombrío pragmatismo aprendido en los 16 años de oposición y las tres elecciones presidenciales perdidas hacen que hoy, después de haber triunfado con el 38 por ciento de los votos, esta vuelta no sea la misma.
“En los ochenta se partió de una toma armada para terminar con la dictadura. Nuestro gobierno estaba marcado por el modelo leninista, el respaldo militar de la URSS y la confrontación permanente con los Estados Unidos. Había además una estructura política organizada en vistas de determinados principios y con una mística revolucionaria. En la actualidad no es posible reproducir aquel modelo, todas las circunstancias variaron; las revoluciones no se repiten. Hoy sólo existe un proyecto de poder personal de Ortega, su esposa y sus hijos. Y lo que era un partido si no único, hegemónico, con una estructura vertical, pero muy grande, ha quedado reducido al poder de una familia. Así, el partido, la cúpula y la estructura que llevó adelante la revolución es hoy una casa desierta. Ese es el cambio más dramático”, aseguraba Sergio Ramírez, integrante de la Junta de Gobierno de Reconstrucción Nacional luego del derrocamiento de Anastasio Somoza y vicepresidente electo de Ortega en 1984.
Las dudas en torno al perfil ideológico de este nuevo gobierno son muchas en este país en el que el 80 por ciento de la población subsiste con menos de dos dólares diarios. Por un lado, el recuerdo de la última revolución socialista en América Latina, los años de guerra y “la arraigada tradición antiimperialista” entremezclado con el slogan de campaña “en reconciliación somos paz y progreso”. Por el otro, medidas aparentemente incompatibles como el ingreso de Nicaragua a la Alianza Bolivariana para las Américas (ALBA) y la firma de un Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos. ”La situación de Ortega sería más comprometida si no estuviera Chávez de por medio porque la esperanza de llevar a cabo programas sociales como Hambre cero, son cosas muy simples, pero muy difíciles en este país. Para cubrir de medicamentos los hospitales, pagar bien a los maestros, reparar las escuelas no hay dinero, y la llegada del Frente no crea mágicamente recursos para la agenda social. Entonces tiene que moverse en un espacio donde de un lado tiene la pared de Estados Unidos, y del otro lado la de Chávez, y no puede renunciar a ninguna. Tal vez el quisiera, estoy hablando de sentimientos no de realidades, estar con Chávez y que no haya TLC ni FMI. Es la nostalgia, pero eso no es posible”, analizaba Ramírez quien, desencantado de la “cultura verticalista” del actual FSLN, abandonó el partido en 1995 y fundó el Movimiento de Renovación Sandinista. Pero fracasó en las presidenciales de 1996 y desde entonces se retiró definitivamente de la vida política para volver a la intelectualidad. “Yo no diría que este gobierno es anticapitalista, y no lo digo con nostalgia ni con deseo de que lo sea porque creo que es un valor retórico ya que expropiar no está dentro de las perspectivas. Yo no quito que su deseo (el del FSLN) sea el de favorecer a las clases más desfavorecidas, pero la pureza de los ideales está deformada”.


Para Caras y Caretas, mayo 2007

“Respetamos al mercado y la empresa privada, pero no olvidamos lo social”

Nadie esperaba su nombramiento como Ministra de Trabajo de Nicaragua, sobre todo después de su alejamiento del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) en los 90. Aun así, lo cierto es que hoy Jeannette Chávez no sólo volvió al ruedo político sino que representa, aunque prefiera no reconocerlo abiertamente, al ala izquierda de su partido que volvió al poder el pasado 10 de enero de la mano de su histórico líder, Daniel Ortega. En esta entrevista Chávez asegura que su cartera ya no será pro-empleador, apuesta a que el Tratado de Libre Comercio (TLC) con EEUU sea de bajo perfil, confía en el Alternativa Bolivariana para las Ameritas (ALBA) y explica que si bien se conserva el enfoque social de los ochenta, este nuevo sandinismo respetará el libre mercado y la empresa privada.

¿Cuáles son las diferencias entre el modelo político y social que busca este nuevo gobierno sandinista y el de la revolución de 1979?

En aquella época había un claro enfoque en posturas socialistas, el Estado intervenía directa y claramente en la economía al centralizar, por ejemplo, el manejo de la banca y de los seguros. Ese modelo estaba definido en gran parte por la férrea oposición de los EEUU a nuestro proyecto.
Hoy se rescatan todos los principios del sandinismo de los ochenta pero desde una perspectiva totalmente distinta porque se parte de lo que se encontró. Hoy se rescatan todos los principios del sandinismo de los ochenta pero desde una perspectiva totalmente distinta porque se parte de lo que se encontró, el libre mercado y el respeto a la empresa privada. Aun así, conservamos el enfoque en lo social, que es lo que los gobiernos neoliberales han descuidado por su matriz de pensamiento y por los condicionamientos de los organismos financieros internacionales.

¿En qué se basará la política social de este nuevo gobierno?

Una redistribución de la riqueza cuando no la tenés es una redistribución de la miseria. Hoy como gobierno no tenemos una economía lo suficientemente fuerte como para hacer todo lo que queremos. La redistribución de la riqueza sí se podrá ver a través de los programas sociales de acceso gratuito a salud y educación, dirigidos claramente a los sectores populares, los trabajadores y los campesinos; y en la medida en que los sectores privados vayan tomando confianza en el gobierno. Porque no se trata de afectarlos de ninguna manera, ni de crearles situaciones como las confiscaciones, ni de arrebatarle lo que ellos tienen. Se trata de que con responsabilidad social inviertan y compartan.

¿Desde el Ministerio de Trabajo cual será la política que llevarán adelante?

Antes el Ministerio era pro-empleador. Nosotros hoy decimos que buscamos que la ley se aplique sin identificar como un adversario al empleador porque entendemos que es parte de la economía. Para que haya empleo tiene que haber inversiones y el Estado en su actual situación crítica no lo puede crear.

¿Cómo piensa que afectará el TLC con Estados Unidos a los derechos de los trabajadores?

El TLC está negociado y se va a respetar, pero creo que va a ser de bajo perfil. No veo la posibilidad de que vayan a venir masivamente las empresas norteamericanas; lo van a pensar. Lógicamente, el que quiera venir va a encontrar reglas en base a lo firmado, pero se va a encontrar también con que vamos a luchar por el respeto de nuestros trabajadores. Porque si bien el FSLN votó por la aprobación del tratado en la Asamblea, fue el que más preocupado estuvo para que en la negociación se garantizaran los derechos de los trabajadores. En este sentido es que el ALBA puede ser un contrapeso, una alternativa distinta. Allí hay un sentido de solidaridad más que de lucro.

Para el diario argentino Pagina 12, 31 de Marzo de 2007

Dólares y barriles desde Caracas

De dónde sacará Ortega los recursos para llevar adelante la agenda social prometida parece ser la pregunta que más inquieta. Entre las respuestas se encuentra un denominador común: la ayuda venezolana. En los primeros días de gobierno sandinista, el presidente Hugo Chávez ha anunciado un magnánimo paquete de colaboración en materia energética. Este incluye un envío de diesel y bunker del 30 por ciento del consumo nacional a precios de mercado, pero a intereses y plazos concesionales, y tres megaproyectos: un oleoducto, un gasoducto y una refinería de 1500 millones de dólares de inversión y una capacidad para procesar 150 barriles diarios en dos o tres años.
Si a esto se le suma la promesa del envío de varias plantas generadoras de electricidad y la construcción de una carretera de 500 km para unir el Atlántico con el Pacífico –tocando así dos problemas fundamentales en Nicaragua, la crisis energética y la falta de infraestructura–, el perdón de la deuda de Managua con Caracas (unos 33 millones de dólares), la colaboración con la construcción de 200 mil viviendas populares en los cinco años de mandato y el recurso financiero de 20 millones de dólares en créditos a bajos intereses para los productores rurales, este apoyo toma verdaderas dimensiones.
En el contexto de una profunda crisis económica y social del país, la importancia de estas inversiones, concesiones y colaboraciones es indiscutiblemente positiva. Aun así, como señalaba el sociólogo y docente de la Universidad Centroamericana Manuel Ortega Hegg, existe un potencial factor contraproducente: “La ayuda venezolana puede tener un efecto perverso. Lo bueno es que el país requiere solidaridad de donde venga y si es petróleo mejor, porque este país tiene una estructura económica extraordinariamente sensible a los cambios internacionales y a los fenómenos naturales. Pero, por la alianza de Ortega con los poderosos sectores económicos nacionales, puede que exista la tentación de no hacer los cambios fundamentales en la distribución de riqueza interna, que los programas sociales se monten sobre la base de cooperación internacional y no sobre los cambios urgentes que se necesitan como por ejemplo la reforma tributaria”.
Este mecanismo de redistribución sin afectar intereses significaría para Ortega una buena gestión de cara al 80 por ciento de la población que sobrevive con menos de dos dólares diarios, ya que haría hincapié en sus necesidades en salud y educación, al mismo tiempo que se mantendría el statu quo de los grandes grupos económicos, sandinistas y no.
Aun así, hay quienes creen que el apoyo venezolano no permitirá evadir las tensiones de sus dos aliados y el modelo de pactar con “dios y con el diablo” entrará en colapso: “Hay una apuesta a que el subsidio económico masivo de Chávez le daría los recursos extraordinarios para desarrollar programas de asistencia social en salud, educación, hambre 0, sin hacer reformas de fondo y sin afectar al gran capital. Pero, ¿puede esa asistencia suplantar el hacer otra clase de reformas estructurales? Yo creo que no, tenés que tocar intereses aunque no quieras hacerlo, todos los economistas coinciden en eso”, explica Chamorro.
Más allá de esto, queda pendiente la pregunta acerca de las exigencias de Chávez como contrapartida. Todos los especialistas coinciden en que la presión será en materia de política exterior, área donde Ortega ha mostrado amplias cualidades en la década del ’80. Pero hoy la situación es otra y el discurso de reconciliación y de paz le habla también a Estados Unidos. Y es por eso que el ingreso de Nicaragua al ALBA va acompañado de un Tratado de Libre Comercio con EE.UU. de “bajo perfil”, como señalan los funcionarios del ala izquierda del gobierno. No hay que olvidar que las remesas provenientes del país del Norte son una fuente fundamental de ingresos.


Para el diario argentino Página 12, 3 de Marzo de 2007

“Ortega es neoliberal”

Eduardo Montealegre, ex candidato a presidente de la Alianza Liberal Nicaragüense que enfrentó a Ortega en la últimas elecciones, no avizora la unidad de la derecha en el futuro inmediato.
–¿Por qué le parece que volvió el sandinismo al poder?
–Por culpa de Arnoldo Alemán, que es sandinista. Porque permitió disminuir el porcentaje para no ir a una segunda vuelta, del 45 al 35 por ciento. El 62 por ciento de la población no quiere a Ortega. No es un fenómeno, no hay entusiasmo, todo lo contrario.
–¿Su triunfo se debe al fracaso del modelo neoliberal?
–Yo me remito a los hechos. Si usted ve la propuesta del presupuesto nacional que se está discutiendo hoy en la Asamblea, se ve que no existe ninguna reorientación, que se está manteniendo el modelo. Ortega también es neoliberal.
–¿Qué modelo cree que tiene este Frente y cuál es el que propone ALN?
–Así como en la década del ochenta trataban de copiar al régimen de Castro, hoy están tratando de hacer lo mismo con Venezuela. Nosotros queremos aplicar un modelo liberal abocado a la libertad del individuo.
–¿Qué le parece la gratuidad en salud y educación que está llevando a cabo el Frente Sandinista?
–Me parece que es un populismo barato, que lo único que hace es que en vez de subir a alguien, bajemos todos al mismo nivel. Yo entiendo que es un problema muy serio, que hay un déficit enorme, pero así no se soluciona.
–¿Piensa en la unificación con Alemán y el Partido Liberal Constitucionalista?
–La unidad no pasa por Alemán, jamás me sentaré a hablar con él. La unidad se hace en base a criterios, valores.

El sandinismo del siglo XXI

Managua es una ciudad desolada, sin centro, transeúntes ni direcciones, pero con terrenos baldíos y una eterna brisa. En una de sus plazas, la de la Revolución, se levanta heroico el monumento de un combatiente que lleva un pico en su mano derecha y un fusil en la izquierda. “Sólo los obreros y los campesinos irán hasta el fin”, dice su placa firmada por el sandinista Frente Nacional de los Trabajadores. Exactamente enfrente, otro cartel rosado, celeste y amarillo, actualiza el debate: “En reconciliación somos paz y progreso. Con Daniel, Nicaragua triunfa”.
Es que el histórico comandante Daniel Ortega, el mismo que protagonizó la mítica revolución contra la dictadura de la dinastía Somoza en 1979, hoy es nuevamente el presidente de Nicaragua, pero en circunstancias muy distintas. “En los ’80, el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) era un partido con un liderazgo colectivo y una visión transformadora. Actualmente es un instrumento de transmisión no deliberativo, un partido tradicional con una cuota de poder, con una retórica populista y un liderazgo caudillista basado en Ortega y su esposa, Rosario Murillo, que desde el nuevo y controvertido Consejo de Comunicación y Ciudadanía es percibida como copresidenta del país”, explicaba el ex sandinista Carlos Chamorro, hijo de Violeta Chamorro, quien en las elecciones de 1990 venció, con el apoyo de EE.UU. y la promesa de terminar con la guerra de ocho años, al FSLN.
Por la concentración de poder y el profundo silencio que en este mes y medio se mantuvo desde el Ejecutivo, el modelo económico-social de este nuevo gobierno es todavía confuso. Hasta ahora, la estrategia ha sido ubicar la izquierda del FSLN en el gabinete social y el sector agropecuario y a los empresarios del partido en las áreas de administración económica. Así, esta primera división ministerial en donde conviven empresarios, sindicalistas, intelectuales, activistas sociales y ex militares, no permite ninguna consistencia ideológica. “Lo que todos tienen en común es que son hombres de absoluta confianza de Ortega”, sostuvo el ex vicepresidente en 1985, Sergio Ramírez.
Y esto se explica porque el modelo político que fue expuesto se basa en una concentración del poder en manos de Ortega y Murillo. Como señalaba el jefe de bancada del opositor Movimiento de Renovación Sandinista (MRS), Victor Hugo Tinoco: “En el FSLN actual o danielismo, como nosotros lo llamamos, hay una concepción instrumental de la democracia; no hay un compromiso con la libertad de prensa como categoría política positiva, de democracia interna del partido. Además de que ha desaparecido la ética por el enriquecimiento personal de sus dirigentes y las alianzas con la derecha más corrupta.”
Tinoco se refiere al voto del Frente en octubre de 2006 a favor de la penalización del aborto terapéutico a cambio del apoyo de la cúpula clerical y a la elección de Jaime Morales Carazo, uno de los negociadores de la contra, como vicepresidente y al pacto con el ex presidente Arnoldo Alemán, quien fue condenado a prisión por corrupción en su gobierno. En términos concretos, este famoso pacto de 1999 implicó el reparto entre el FSLN y el Partido Liberal Constitucionalista (PLC) de varios espacios institucionales y una reforma a la Constitución que permite el triunfo en primera vuelta con el 35 por ciento de los votos y no con el antiguo requisito del 45 por ciento. Así fue cómo Ortega con su voto duro del 38 por ciento se alzó con la victoria, después de haber perdido en las últimas tres contiendas electorales.
Pero, sobre todo, este pacto significó la ruptura del Partido Liberal, lo que para muchos es el primer elemento a destacar como explicación de la victoria. Hoy, el renacer político de Alemán impulsado desde el Ejecutivo es un obstáculo en la unificación, ya que el líder de la Alianza Liberal Nicaragüense (ALN), Eduardo Montealegre, apoyado según el vocero del PLC Leonel Teler por EE.UU., se niega rotundamente a cualquier tipo de acercamiento (ver recuadro).
Para la mayoría de las bases sandinistas, sin embargo, estas alianzas son sólo la manera que se encontró para acceder al poder y retomar el programa político de los ochenta. “Todo eso de las alianzas y el pacto es la estrategia. Nosotros, como sandinistas, nunca te vamos a decir lo que pensamos realmente. Este es nuestro voto de confianza”, señalaba César Urbina o Julio, su nombre de guerra, ex combatiente de la ciudad de Granada.
Pero no todos opinan lo mismo. “El sandinismo no puede dar lo que dio en esa época y parece que las tres derrotas lo obligaron a cambiar. Pero el FSLN es la mejor opción comparado con la derecha, porque son más conscientes de la necesidad del pueblo pobre”, dice Pablo Centeno, presidente de la Asociación La Garnacha, una comunidad fundada sobre los restos de una cooperativa en los ’80.
Esta expectativa se explica por los resultados del abandono de 16 años de gobierno neoliberal (que tiene como consecuencia un 79,9 por ciento de la población que vive con menos de dos dólares diarios, un 45 por ciento en condición de pobreza extrema y un promedio de desigualdad que, según los índices de Gini, está por encima del promedio latinoamericano, cuando este continente es el más desigual del mundo) en comparación con el recuerdo del gobierno sandinista de las campañas de alfabetización (que se calcula que bajó del 50 al 12 por ciento el analfabetismo) y de la gratuidad en salud y medicamentos. “Probablemente va a haber un cambio en la agenda social, sobre todo en las áreas de educación y salud y en la redistribución de la riqueza. Eso y honestidad ya garantiza una buena gestión en este país”, señala el periodista William Grisby.
Esa expectativa genera en muchos, como Grisby, un halo de optimismo. “El Frente no es un paraíso, pero todo el movimiento popular está ahí, en el resto no hay nada. Por afuera fracasamos. Estamos ante una oportunidad histórica, si no la aprovechamos ¿Qué nos queda?”.